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Juan José Prieto GutiérrezJuan José Prieto Gutiérrez
Universidad Complutense de Madrid

La difusión de la ciencia

Desde hace siglos, la comunicación y transmisión del conocimiento se ha convertido en un acto primordial para todos aquellos que poseen una hipótesis o descubren un avance, con el fin de someterlo a debate entre los compañeros de profesión o actividad.

Ya en la Edad Media, se empleaba el libro para comunicar estos resultados de las investigaciones, pero la proliferación de las publicaciones periódicas sustituyó a los libros como medio más ágil y rápido en el siglo XIX, y con mayor fuerza cuando se especializaron en las diversas disciplinas científicas a principios del XX.

Hoy en día, este vehículo continúa siendo el más adecuado para transmitir nuevos conocimientos. El correcto desarrollo de la actividad científica implica la constante formación y para ello es necesario la consulta y conocimiento de diversas fuentes documentales, como las revistas científicas.

Por tanto, las revistas científicas o académicas no solo ofrecen la transmisión del conocimiento, sino que permiten dejar una huella o rastro de lo que ya se ha investigado, de lo que ya se ha publicado y de lo que quedaría por hacer.

El número de publicaciones no ha parado de crecer a lo largo de los años y, con ello la consulta y las suscripciones de las mismas. Hasta 1990, aproximadamente, el crecimiento se debió exclusivamente a aquellas en formato papel, pero desde esa fecha comienzan a aparecer las primeras publicaciones periódicas en formato electrónico. El cambio fue muy significativo. Las editoriales transformaban parte de los procesos editoriales y dinámicas de trabajo, abaratando los costes de producción y sobre todo agilizando la consulta de la revista. Las primeras versiones ofrecían el disquete o disco flexible como soporte de almacenamiento de datos y posteriormente el disco compacto o CD.

Con el paso de los años y, gracias a la proliferación de internet en instituciones y hogares, las editoriales comenzaron a publicar en línea. La consulta de las revistas podría ser gratuita o de pago.

Durante todos estos años las revistas académicas y científicas se han caracterizado por tener la capacidad de evaluar o valorar aquello que desean publicar. Para esta tarea se sitúan el equipo editorial en primer lugar, asesores científicos, los revisores, especialmente, en dos fases bien diferenciadas:

  1. En primer lugar, la revista comprueba si se siguen las políticas de la publicación y las líneas de investigación sugeridas, realiza una inspección del contenido (para ver si se ajusta o no) y revisa el cumplimiento de las normas editoriales. Este proceso suele ser ágil y puede descartar rápidamente un alto porcentaje de los artículos recibidos o solicitar una revisión y modificación de alguna de las fases comentadas.
  2. Una vez superado este proceso, el artículo seleccionado debe ser analizado y evaluado por uno o varios revisores externos a la revista, los cuales sugerirán o no la publicación del artículo tal y como está o después de resolver las sugerencias o recomendaciones ofrecidas a los autores.

En definitiva, los diferentes procesos de las revistas científicas, con independencia de la tipología de acceso, buscan ofrecer la mejor calidad de los documentos que publican.

La necesidad de publicar, “casi” donde sea

Nos encontramos en un panorama académico muy competitivo, en donde los científicos e investigadores necesitan publicar sus trabajos por dos motivos bien marcados. Por un lado, deben justificar ante la Administración o agencias financiadoras sus avances o trabajos a través de comunicaciones, generalmente mediante una publicación y por otro lado, los programas de acreditación del personal investigador evalúan sus actividades y, por tanto, las publicaciones, entre otras tareas.

Esta necesidad de publicar ha originado, entre otras cuestiones, que el número de artículos crezca a ritmos nunca conocidos. En el año 2000 existían 17.000 revistas, en el 2010, 25.000 y se estima que en la actualidad se superan las cuarenta mil.

Durante los últimos años, este panorama ha favorecido el surgimiento de falsas revistas científicas cuyo foco de negocio es lucrarse lo más rápidamente posible (amparadas por el anonimato de las tecnologías de la información), gracias a la inocencia de investigadores y científicos, que en la mayoría de los casos bien carecen de experiencia.

Las revistas depredadoras

Con este término se denomina a aquellas publicaciones (supuestamente científicas), sin reputación, que publican artículos sin ningún proceso de control o evaluación (aunque lo sugieran desde la editorial) y cobrando por ello habitualmente; alimentando la cultura de “pagar por publicar”[ref]Ioannidis, J. P. (2018). Meta-research: Why research on research matters. PLoS biology, 16(3), e2005468.[/ref][ref]McLeod, A., Savage, A., & Simkin, M. G. (2016). The ethics of predatory journals. Journal of Business Ethics. https://doi.org/10.1007/ s10551-016-3419-9
Beall, J. (2016). Essential information about predatory publishers and journals. International Higher Education, (86), 2-3.[/ref]. Este escenario posibilita que muchos autores sean conscientes del envío. Hay quien se arriesga, sin tapujos a definirlo como “pagar por publicar basura”[ref]Gadagkar, R. (2016). The ‘pay-to-publish’model should be abolished. Notes and Records: the Royal Society Journal of the History of Science, 70(4), 403-404.[/ref].

Se tiene constancia de la existencia de las revistas depredadoras desde el año 2000 y en la actualidad se estima que hay más de 10.000 revistas (incluso algunas voces hablan de doce mil, como es el caso de la base de datos CabellsScholarlyAnalytics, que colectivamente, podrían publicar más de 500.000 artículos anualmente). Este número es absolutamente orientativo, porque aparecen y desaparecen con facilidad desde cualquier parte del mundo. Pero lo que es una evidencia es que el crecimiento de estos datos aumenta año tras año.

A grandes rasgos, con una web que se asemeje a la de una revista académica, un dominio atractivo, un título en inglés y fácil de recordar que incluya las palabras “journal”, “international”, “science” o “global”, un falso consejo editorial y una sencilla pasarela de pago y con pocas restricciones de seguridad, se pondría en marcha un rentable negocio difícil de rastrear.

El movimiento de Open Access (OA) ha modificado los flujos económicos de las editoriales y los cambios más destacados, como se ha comentado anteriormente, son la gratuidad por acceder a la información y el pagar por publicar (aunque no siempre). Siendo en esta etapa cuando las revistas depredadoras abordan a los autores.

¿Cómo detectar las revistas depredadoras?

Se dispone de muchos mecanismos para detectar a las revistas depredadoras y a sus editoriales falsas. Las particularidades más destacables que presentan son:

  • Malas páginas web. En donde no se han mostrado un interés en el montaje y se aprecian errores gramaticales y se aportan imágenes de baja calidad.
  • Muchas veces imitan webs de revistas prestigiosas.
  • La información que se ofrece en la web de la revista puede ser falsa. “Venden” que la revista tiene impacto y que está indexada en una u otra base de datos. Que poseen un impacto determinado y un índice “h” totalmente inventado.
  • Captan a los futuros autores de artículos mediante frases atractivas, generalmente a través de correo electrónico y desde la propia web.
  • Presumen de obviedades. Por ejemplo, de tener un ISSN o de situarse en bases de datos o repositorios gratuitos como Google Scholar.
  • Suele mezclar frecuente áreas de conocimiento, careciendo por tanto de especialización en las diferentes disciplinas científicas.
  • Siempre son revistas en acceso abierto y online, nunca papel.
  • Aceptan envíos de artículos por email a través de cuentas de correo gratuitas como @gmail.com, @yahoo.com, @hotmail.com, etc.)
  • El consejo editorial está formado por falsos académicos o por académicos que desconocen estar en esa posición.
  • Reclutamiento activo. Invitan constantemente a investigadores y académicos para formar parte del consejo académico y editorial y del grupo de revisores.
  • Publican artículos sin revisión, no promueven la revisión por pares de expertos externos, el conocido como peer review.
  • Publican en tiempo record (porque el proceso de revisión y gestión es nulo).
  • Suelen cobrar por publicar o por servicios engañosos. No se debe olvidar que el principal objetivo es obtener una ganancia financiera. Los cobros suelen ser bajos y accesibles (sobre los 150 euros) en comparación con los desorbitados costes que manejan algunas revistas como PLoS ONE, Science, Nature o PhysicalReviewLetters (que pueden llegar hasta los 3.000 euros).Si nos encontramos en la necesidad de publicar nuestras investigaciones o avances y además tenemos “prisa” porque los resultados de la investigación deben conocerse rápido o nuestra agencia evaluadora o proyecto de investigación nos solicita más resultados, debemos revisar con detenimiento la revista que hemos elegido. En primer lugar, deberíamos reducir el ego científico o investigador y no lanzar el texto redactado a la primera publicación que encontremos. Una vez superada esta actitud, se ofrecen unos importantes pasos que se deben conocer y seguir antes de determinar cualquier decisión:

DULCINEA 2018. DULCINEA - www.accesoabierto.net

Soluciones para detener el avance de las revistas depredadoras

  • Evaluar la reputación de la revista. Por ejemplo, se debe comprobar si la revista es publicada por editoriales prestigiosas, como: Elsevier, SpringerNature, Wiley-Blackwell, Sage, Cambridge UniversityPress, Taylor & Francis, Oxford UniversityPress, etc. En la misma línea, se debería verificar que en la web de la editorial se sitúa la revista analizada. Existen casos de revistas depredadoras que aportan el logo de una conocida editorial, sin pertenecer a la misma.
  • Impacto. La mayor parte de los autores deciden la revista exclusivamente por el cuartil o índice en el que sitúa la publicación. Esta inclinación la conocen los que gestionan las revistas depredadoras y por ello anuncian y ofrecen visiblemente impactos no verdaderos. El impacto de la revista se debería constatar en bases de datos como Scopus o Web of Science.
  • Credibilidad. Tanto los que desean publicar como los profesionales que deben detectar el origen de las revistas (Comisiones o acreditaciones, por ejemplo) tienen que evitar el engaño y para ello verificar las revistas en repertorios y bases de datos internacionales (Scopus, Wos, Dialnet, Latindex, DOAJ) y nacionales (Dulcinea o MIAR
  • Calidad científica. Es necesario revisar los artículos publicados en donde no se detecten errores ortográficos. Al ser revistas en acceso abierto, es posible comparar los artículos ya publicados, los cuales deben seguir el mismo criterio de normas de publicación y cuidar el estilo y formatos requeridos. Este paso es vital porque existen varios casos, demostrados y publicados en revistas “serias”, de autores que han escrito artículos triviales y con errores metodológicos o gramaticales, que han sido publicados en revistas depredadoras sin ningún tipo de control[ref]Oermann, M. H., Nicoll, L. H., Chinn, P. L., Ashton, K. S., Conklin, J. L., Edie, A. H., … & Williams, B. L. (2018). Quality of articles published in predatory nursing journals. Nursing Outlook, 66(1), 4-10.[/ref][ref]Cobey, K. D., Lalu, M. M., Skidmore, B., Ahmadzai, N., Grudniewicz, A., & Moher, D. (2018). What is a predatory journal? A scoping review. F1000Research, 7.[/ref][ref]Eriksson, S., & Helgesson, G. (2018). Time to stop talking about ‘predatory journals’. Learned Publishing, 31(2).[/ref]. En algunas situaciones se ha publicado el mismo texto en diferentes revistas. Una vez publicado, este contenido defectuoso puede reaparecer en otros artículos, citados como referencias incluso en un artículo en una revista científica legítima.
  • Investigadores jóvenes y ego científico. La falta de experiencia en el proceso de publicación puede generar el elegir, por error, una revista depredadora. Los continuos rechazos de reconocidas y demandadas revistas pueden hacer dudar al autor, de la calidad de su propio trabajo, orientándoles inconscientemente a la elección de una revista depredadora. El ego científico de reconocidos y experimentados investigadores provoca la elección por error de una revista depredadora en el proceso de divulgación de la investigación en curso.
  • Pérdida de información. En líneas generales, las editoriales “serias” se comprometen a garantizar el contenido de las revistas. Pero en las revistas depredadoras no existe ninguna confianza de esta certificación. Esta situación debe valorarse por los autores y ser conscientes de este problema y revisar las revistas de acceso abierto que almacenan sus artículos aceptados y publicados en repositorios públicos.
  • Pasarela de fakenews. Como se ha comentado varias veces, el nulo control científico y estructural que mantienen las revistas depredadoras puede generar la publicación de noticias falsas, resultados de investigación inexactos, teniendo efectos muy negativos sobre la salud, el medio ambiente o cualquier otro sector industrial o social.
  • La formación relativa a esta tipología de revistas es baja o nula. Por tanto, es necesario formar a investigadores sobre los procedimientos elementales para seleccionar y enviar un documento a una revista científica. Es preciso saber donde buscar o detectar las revistas legítimas y por ende conocer las depredadoras. Y para ello se dispone de diversas iniciativas que intentan aglutinar a las supuestas revistas fraudulentas. Destacando: “List of PredatoryJournals” y la desactualizada “Beall´s List”, nombre acuñado por el bibliotecario JeffreyBeall.

El caso español

En España, al igual que en el resto de los países, el crecimiento del empleo de las revistas depredadoras o seudocientíficas es una realidad. Todavía no se han detectado casos de revistas gestionadas en el país, pero sí ha habido episodios de investigadores que han publicado en ellas. Cabe destacar que el epicentro de estas revistas se sitúa en India. El fraude se focaliza en países asiáticos fundamentalmente.

En España la utilización de las revistas es debida, principalmente, a la presión que soporta el colectivo para obtener plazas laborales, ascensos y justificarse ante las agencias financiadoras de proyectos de investigación. Esto hace que sea necesario tener que publicar, “donde sea y al precio que sea” como han hecho algunos académicos e investigadores para hinchar el curriculum o demostrar la actividad investigadora.

A continuación, se ofrece el panorama actual de las revistas científicas y académicas en España. Se estima que en nuestro país se dispone de cerca de 2.000 revistas científicas. No todas ellas están situadas en los mejores rankings internacionales, ni son las más destacadas de sus respectivas áreas de conocimiento, pero son valoradas por el interés y la calidad de los que las gestionan.

La base de datos Dulcinea recoge, a fecha de noviembre de 2019, el panorama nacional de revistas científicas, contabilizando 1926. Los criterios de inclusión en el directorio no buscan una calidad máxima ni extrema, sino cumplir ciertos criterios de calidad tanto del proceso como del contenido, como son una temática académica o científica, que los textos a publicar se revisen por pares y disponer de información sobre la revista de cara a los interesados.

Según el documento “Revistas científicas, situación actual y retos de futuro”[ref]Abadal, E. (2017). Revistas científicas. Situación actual y retos de futuro (Vol. 108). Edicions Universitat Barcelona.[/ref],hoy día, más del 75% de las revistas españolas son de acceso gratuito inmediato (online), permitiendo mayoritariamente depositar los textos en repositorios de acceso abierto. Más del 80% de las revistas permite el autoarchivo después de la publicación. Las instituciones que gestionan el mayor porcentaje de estas revistas son las universidades e instituciones públicas. Con respecto al idioma, un 5% de las mismas publica en inglés y un 40% combina español e inglés.

En líneas generales, se ha consolidado la filosofía del acceso abierto y con tendencia a la reutilización de la información.

En cuanto a la dimensión económica de las revistas científicas la información disponible es muy limitada, al contrario de lo que ocurre con el libro académico en donde los Gremios de Editores de España y el Grupo de Investigación ÍLIA (Investigación sobre el Libro Académico), del CSIC muestran información específica en varios de sus informes.

Con relación a las revistas académicas se desconoce la facturación del sector, si bien se estima que, en términos globales, es reducida al situarse la mayor parte de ellas en acceso abierto gratuito para el lector. Por el contrario, cada vez es más frecuente que el autor pague diversos servicios: desde publicar, a la traducción o la impresión bajo demanda en detrimento de las suscripciones, aumentando paulatinamente los ingresos en especie. (Esta estrategia del modelo de negocio es aprovechada por las revistas depredadoras para cobrar a los incautos investigadores).

Contabilizar los costes totales es difícil porque un alto porcentaje de las revistas dependen de organismos públicos (generalmente procedentes de editoriales universitarias y de centros de investigación) con probables recibimientos de subvenciones y ayudas y son gestionadas por profesionales adscritos o vinculados a dichos centros.

Por otro lado, las cabeceras de las revistas mejor situadas en los índices de impacto se han vendido a editoriales extranjeras complicando más aún la posibilidad de obtener información relacionada con la transacción comercial.

En conclusión el panorama español de la revista científica está cambiando inevitablemente, favoreciendo el uso de revistas depredadoras, fundamentalmente debido a las fuentes de ingresos (ya que cada vez con más frecuencia es el autor el que paga por publicar) y al incremento del acceso abierto de los contenidos (característica, esta, de las revistas depredadoras). En cambio, el limitado uso del inglés en revistas y artículos contiene la proliferación del empleo de las revistas pseudocientíficas.

Conclusiones y perspectivas.

Las cifras de crecimiento de los artículos que se publican en revistas cuestionables reflejan lo poco o nada que estamos haciendo desde las universidades o los centros de investigación. De seguir en esta línea, las revistas depredadoras seguirán perjudicando a la comunidad científica y en definitiva a la sociedad. Las bases de datos se podrían llenar de publicaciones de calidad dudosa, las cuales se consultan a diario por miles de personas, generando incertidumbres, falsedad en las muestras e información que emplean en sus propias o futuras publicaciones.

Las tecnologías de la información y el acceso abierto proporcionan una oportunidad para el acceso y aceptación de la ciencia en la sociedad, pero la proliferación de las revistas depredadoras, indudablemente, representan una amenaza para la comunidad.

Es necesario aportar soluciones al problema de las revistas depredadoras. Las correcciones deben ser urgentes. Se piensa que los únicos perjudicados son los investigadores de países en vías de desarrollo, pero nada de eso es verdad ya que la situación afecta de una forma global a la comunidad científica. Se han detectado publicaciones en revistas depredadoras de investigadores de Harvard o Cambridge.

En España, cada vez con más frecuencia se publican artículos en revistas depredadoras con el único objetivo de inflar el curriculum o mostrar resultados inexactos. Las ofertas públicas de empleo de las universidades españolas presentan una fuerte competencia, en especial en las plazas de Profesor Asociado y Profesor Ayudante Doctor. Esta situación obliga a las Comisiones a dedicar horas para baremar y evaluar a los aspirantes. El escaso tiempo y la necesidad de cubrir el puesto puede generar confusiones en cuanto a la veracidad de los trabajos, dando por buena una publicación en una revista depredadora.

Ante esta realidad, la Administración posee un papel muy importante. En su mano está disminuir el uso de las revistas depredadoras a través de varias acciones: mediante la detención de la financiación o ayuda monetaria si se descubre la inercia del uso de estas plataformas, penalizando a aquellos que buscan inflar su curriculum para las ofertas públicas de empleo, con el fin de no fomentar la proliferación de esta tipología de revistas y para no perjudicar a investigadores o académicos que realizan bien su trabajo.

Otra medida podría ser la aportación de una declaración en la que están libres de publicaciones depredadoras por parte de los grupos de investigación que buscan financiación o los propios investigadores que desean promocionar.

Actualmente, los investigadores reciben muy poca formación y apoyo, desde sus centros de pertenencia. Este hecho sugiere realizar campañas y actividades en universidades y centros de investigación para reducir e, incluso, eliminar el uso de las revistas depredadoras.

Se dispone de alguna iniciativa internacional interesante: la inclusión de las revistas engañosas en el Directorio de revistas de acceso abierto (DOAJ) o en los Informes de citas de revistas (fundamentalmente de la base Scopus y WoS). Esta acción permitiría a los investigadores comparar e identificar revistas en las que pueden confiar y así reducir los envíos de documentos a las revistas depredadoras.

En este texto no se ha tratado el crecimiento de falsas conferencias y congresos, muchas veces planificadas por los responsables de las revistas depredadoras como negocio paralelo, en donde se solicita la participación, previo pago de inscripción, en un evento inexistente. Estos fraudulentos simposios pueden ser conocidos por los científicos para enriquecer el curriculum. Estos sucesos obligan a tomar medidas a los dos principales colectivos: investigadores y autoridades.

En definitiva, es necesario detener el avance de las revistas depredadoras (y negocios paralelos) antes de que el mundo de la investigación necesite demostrar la credibilidad de sus trabajos.