Un antiguo lenguaje se abre paso en los Museos y Bibliotecas

José María de Francisco OlmosJosé María de Francisco Olmos
Profesor Titular de Ciencias y Técnicas Historiográficas. Dpto. de Historia y Antropología de América, Ciencias y Técnicas Historiográficas e Historia Medieval. Facultad de Ciencias de la Documentación

Cuando se visita un Museo, de cualquier tipo, las obras de arte te lanzan un mensaje, a veces de complicidad a veces de rechazo, a veces de belleza o en ocasiones de asombro o incomprensión. Tras esta primera impresión sueles leer la ficha técnica de la obra realizada por los especialistas en un catálogo, o la pequeña cartela que se coloca junto a la obra, o bien usando las nuevas audio guías te dan más información.

En muchas ocasiones la obra de arte está bien identificada y datada gracias a la documentación existente sobre ella, pero en otras ocasiones se habla de “retrato de un caballero” sin más, todos tenemos en mente el “caballero de la mano en el pecho” de el Greco, o bien se dicen unas fechas extremas para la datación sin dar más datos, y eso es en muchas ocasiones frustrante, y qué decir de una mala atribución, adjudicar un nombre a un retratado cuando es una persona totalmente distinta.

Pues bien la emblemática está ayudando a identificar y datar muchas obras de arte y los Museos cada vez están más interesados en personas versadas en estas materias, veamos un par de ejemplos. En febrero de 2013 el Museo del Prado dio a conocer la restauración y los estudios realizados en la obra “La oración del huerto”, una tabla francesa de principios del siglo XV adquirida en 2011 a una familia francesa llegada a España en época de Napoleón, pagando por ella 850.000 euros.

Las pruebas realizadas antes de la restauración demostraron que tenía varios repintes y gruesas capas de barniz, además de que se habían ocultado deliberadamente a dos personajes que aparecían en el extremo inferior izquierdo de la misma. La restauración ha sido todo un éxito, ha devuelto a la tabla sus colores originales, muy vivos, y ha sacado a la luz a los personajes ocultos, una santa (Santa Inés, de la que eran devotos el rey Carlos V de Francia, que nació el día de su festividad, y también los Visconti, y que se identifica por el cordero que aparece a sus pies) y un noble, vestido a la moda del 1400 y con la cabeza descubierta, que ayudarían a su identificación y datación.

Oración en el huerto

En el cuadro restaurado queda claro que la figura masculina que lleva unas ricas vestiduras debe ser el donante y su identificación se ha realizado gracias a los adornos que lleva en las mangas de su hopalanda larga forrada de piel, unas flores de ortiga, una de las divisas usadas por Luis, Duque de Orléans (1372-1407), hijo del rey Carlos V de Francia, regente durante la locura de su hermano Carlos VI y asesinado por los partidarios de su primo, el Duque de Borgoña. Sabemos por las crónicas y testimonios de la época que Luis de Orleans fue el más fiel adalid de la moda, y una de las personas más extremadas en el uso de estas joyas de oro en las mangas, de hecho gastó una ingente suma de dinero en trajes, para él, para los miembros de su casa y también para regalar a su hermano el rey, y a otros personajes destacados del reino, por sus inventarios consta que en 1403 tenía LXV feuilles d’or en façon d’orties, que debió emplear para adorno de las mangas de un traje como el que muestra la tabla de la Oración en el huerto.

El que el Duque de Orléans no vaya acompañado en esta tabla por su mujer -ni por sus hijos-, como sería lo habitual; el tema representado en ella –la oración en el huerto-, y la incorporación del salmo “Miserere” en la filacteria que sostiene en su mano, que suele aparecer en contextos funerarios, y por tanto justificaría que se represente al duque solo, sin su mujer ni sus hijos, lleva a pensar que el comitente de la obra no sería Luis de Orleáns (ya difunto), sino su mujer, Valentina Visconti hija del Duque de Milán Gian Galeazzo Visconti y de Isabel (hija del rey Juan II de Francia), y su hijo mayor Carlos, que también se encargaron de mandar hacer su tumba después de su asesinato y a cuyo servicio se mantuvieron los mismos artistas que trabajaron con él

Volviendo a los inventarios del Duque aparecen pagos realizados a Colart de Laon, su pintor y valet de chambre (y luego de su hijo Carlos hasta 1411), al que es muy probable atribuir la autoría de esta obra, ejemplo del estilo gótico internacional de la región parisina. La identificación del donante por sus divisas, llevó a la datación y a la fijación de una muy posible autoría de la tabla, así como a poder explicar su composición y temática en el contexto social y político de la época, y a elevar considerablemente su valor, dado que apenas existen una docena de tablas similares en el mundo, además, gracias a su magnífica conservación y a haber revelado su historia, ligada a la familia real francesa, pueden llevar su precio de mercado a multiplicar fácilmente por diez el de su adquisición

Qué satisfacción hacer este trabajo, una divisa medieval hace que el cuadro termine contándonos una nueva historia y de paso multiplica su valor de forma exponencial.

Pero no sólo la época medieval, a finales del siglo XVIII y principios del XIX también podemos ver como la emblemática puede ayudarnos, un cuadro del Museo de América tiene un texto en su interior que dice: “Excmo Sr. Matías de Gálvez, Presidente de la Real Audiencia y Capitanía General del Reino de Guatemala, Virrey de Nueva España, Promulgador de la Paz con Inglaterra, Fundador y mantenedor de la Academia de las Bellas Artes de la ciudad de México, Año 1783, Ramón Torres pinxi”, y nadie puso en duda su autenticidad, hasta que unos investigadores vieron como la heráldica y los datos emblemáticos del cuadro llevaban en otra dirección.

En el cuadro aparece un escudo de armas bajo corona condal, Gálvez no fue conde, y las armas de su interior no eran las de su familia; el modelo de la banda de la orden de Carlos III era el de 1792 cuando Gálvez murió en 1784, y así podríamos continuar detallando otros datos que impedían la identificación tradicional, y por todos ellos se consiguió averiguar que el retratado era el Conde de Colomera, siendo el retrato de los años iniciales del reinado de Fernando VII, y tras las oportunas radiografía se demostró que el texto que aparecía en el cuadro era un repinte posterior, como el de las cejas del retratado, realizado con el fin de cambiar su identificación y datación.

Estos dos ejemplos deben servir para que los historiadores del arte, los galeristas y en general todo el mundo relacionado con las obras de arte se dé cuenta de que el conocimiento de un antiguo lenguaje como el de la emblemática (heráldica, falerística, etc…) es muy útil para la realización de su labor ya sea en el ámbito de lo público como en la empresa privada

Y quién enseña estas cosas tan raras?, pues lamentablemente nadie, en los planes de estudio universitarios no existen asignaturas relativas a estos temas, aunque cada vez se demandan más y poco a poco algún título propio de universidades públicas o bien diversas instituciones privadas intentan darlos a conocer. Mi experiencia en este campo fue accidental. Me licencié en Historia Medieval en la Universidad Complutense y para hacer la tesis obtuve una beca en el Departamento de Ciencias y Técnicas Historiográficas, donde me especialicé en el estudio de las monedas, la numismática, otro mundo minoritario en la universidad, pero probablemente las piezas más coleccionadas en todo el mundo y que tienen importantes casas de subastas especializadas.

Cuando estudiaba las monedas veían en ellas numerosos emblemas, desde las primeras de la antigua Grecia, donde cada Polis decidía qué poner en sus tipos y cómo los cambiaba por circunstancias concretas, así Egina colocó una tortuga marina por su gran poder naval, y al ser derrotada por Atenas la cambió por una tortuga terrestre, que mostraba sus nuevos intereses, Y esto ocurre en todos los períodos históricos, en Roma, el Islam y la época medieval donde domina la heráldica, que sigue presente hasta nuestros días, y por ello tuve que ir buscando y especializándome en estos temas, imprescindibles para mis investigaciones.

Pero a partir de estos inicios y de mis publicaciones universitarias donde trataba el tema de forma científica, distintos organismos públicos y privados me pidieron asesoramiento sobre sus colecciones. Sin citar de forma específica los casos intervine en dos prestigiosas subastas que atribuían a Felipe II una importante pieza de oro calificándole como rey de Escocia, al hacer mal la lectura de una leyenda; o bien muy recientemente Patrimonio Nacional se pensó seriamente adquirir una preciosa taza del siglo XVI identificada como española por llevar unos emblemas propios de nuestro país, que estaban totalmente mal identificados y eran de unas familias francesas

Pero donde ahora estamos trabajando más en las departamentos de procedencias de varias importantes Bibliotecas públicas y privadas. Antiguamente los libros no se vendían encuadernados, los compradores buscaban darles una cubierta digna de ellos, incluso cuando los compraban a un anterior propietario solían cambiar la encuadernación, porque era una marca de propiedad y de prestigio, y por ello ponían su escudo de armas, divisas, iniciales, etc… y ahora debemos “leer” esos emblemas para intentar identificar a esos propietarios, muchas veces olvidados. Una lectura correcta de estos emblemas no sólo a identificado correctamente a los propietarios, sino que gracias a la aparición o no de ornamentos exteriores en el escudo, en especial insignias de órdenes, se ha podido datar en un intervalo de meses la realización de varias encuadernaciones de mediados del siglo XVIII que se encontraban en una importante Biblioteca pública.

Con el paso del tiempo se decidió mantener las encuadernaciones y las nuevas marcas de propiedad eran los exlibris de papel, que se pegaban en el interior de los tapas, y de nuevo lo más frecuente era colocar en ellos un escudo de armas lo más completo posible del nuevo propietario. Y de nuevo tenemos que interpretar, y a veces da muchos problemas, porque en un linaje las armas se comparten, a veces se modifican por matrimonio y son escudos conjuntos, o bien por herencia, donde las leyes de mayorazgo obligan al propietario a cambiar de nombres y armas, y por ello a poner un nuevo exlibris, en fin una casuística muy complicada.

Por último en muchos manuscritos hay ilustraciones en su interior que son la única pista de su propietario, hace unos días gracias a identificar un escudo matrimonial de finales del siglo XV se ha podido adjudicar un Libro de Horas castellano a su verdadera propietaria, dando así nombre y “voz” a la mujer que lo encargó.

En fin, así podríamos seguir, en los Archivos tenemos los sellos validativos de reyes, nobles, obispos, ciudades y personajes de toda índole y condición, muchos de ellos sin identificar, pero todos con un emblema, hay mucho trabajo por hacer

Qué he querido transmitir en estas líneas, que existe un campo de estudio muy concreto de saberes antiguos que está por explorar. Que los documentalistas, bibliotecarios y archiveros pueden acceder a él, ya que gracias a la multitud de bases de datos y repositorios de estas materias pueden proporcionar los datos necesarios a los conservadores de museos o a los facultativos de archivos y bibliotecas que se dedican a la identificación y datación de sus fondos para que puedan realizar su trabajo de forma lo más correcta posible, y en el campo de la empresa privada podríamos decir lo mismo, una correcta identificación y datación da a todos los actores de este mercado una seguridad en sus transacciones que debe ser uno de sus máximos objetivos.

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