Categoría: Clip nº 67

Biblioteca Islámica «Félix Mª Pareja» (AECID-MAEC)

· 1. Antecedentes y evolución histórica

El origen de la actual Biblioteca Islámica «Félix Mª Pareja» se halla estrechamente vinculado a la creación, en los años 50 del siglo pasado, del Instituto Hispano-Árabe de Cultura (IHAC), adscrito al Ministerio de Asuntos Exteriores. Su primer director, el conocido arabista Emilio García Gómez, y el Secretario General, Francisco Utray, tomaron la decisión de organizar una biblioteca con unas señas de identidad muy precisas, que pudiera ofrecer apoyo bibliográfico a los arabistas españoles y extranjeros dedicados a la investigación en el campo araboislámico. La organización de dicha biblioteca recayó en el jesuita Félix Mª Pareja, islamólogo con un amplio conocimiento de ese ámbito. Se puede considerar 1954 como año de fundación de la biblioteca, pues de esa fecha son las primeras entradas del libro de registro que es testimonio de los documentos ingresados. Compartimos, como dato curioso, que esas primeras entradas corresponden al 31 de diciembre de 1954 y suman un total de 85 documentos.

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En 1974 el IHAC se convirtió en organismo autónomo del Ministerio de Asuntos Exteriores. Este hecho benefició a la biblioteca, puesto que consiguió un presupuesto propio, para poder llevar a cabo una política de adquisiciones más sólida. Por aquel entonces tanto el depósito de libros, como el personal y la atención a los usuarios, muchos de ellos extranjeros, se ubicaban en la planta sótano de la Escuela Diplomática (Paseo de Juan XXIII, 5 – Madrid). Lo solicitado se consultaban en la sala de lectura de la biblioteca de la Escuela Diplomática, localizada en la primera planta con un horario de apertura limitado de 9 a 13:30 horas.

A finales de 1988 el IHAC fue reemplazado por el Instituto de Cooperación con el Mundo Árabe (ICMA), cambio muy beneficioso, ya que en 1992 se produjo el traslado a las dependencias e integración en el organigrama de la entonces AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional), institución que cambia de nombre a AECID (Real Decreto 3424/2000, del 15 de diciembre) y que, precisamente en 2013, celebra su 25º aniversario.

Aunque al incorporarse a la AECID la biblioteca pasó a compartir las instalaciones con la Biblioteca Hispánica, comenzó a disponer de más espacio para los documentos y el personal (actualmente somos 5 personas de plantilla, 1 más externalizada y compartimos funciones de varias), una verdadera zona de atención al usuario y una amplia sala de lectura de libre acceso. Antes de entrar a la sala de libre acceso se encuentran la mesa de referencia e información bibliográfica y el mostrador de préstamo, con ordenadores y una fotocopiadora, así como los catálogos manuales antiguos.

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Las salas habilitadas para la consulta o estudio cuentan con conexión wi-fi y se sitúan en dos plantas: la baja (obras de referencia) y la primera (selección representativa de revistas) de un edificio exento del principal de la AECID. El valor de la luz natural en todas las estancias le confiere grandiosidad y comodidad frente a los depósitos internos que acogen el resto de la colección.

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Ciberrealismo. Más allá de la euforia digital. La libertad real en internet

Coordinación:
Blanca San José y Carmen Morales
Vocalía de Publicaciones de SEDIC

La evolución de Internet y su elevada penetración en la sociedad han sacado a luz numerosas cuestiones que ponen en entredicho tanto el respeto a la privacidad de los usuarios como la libertad de expresión en la Red. Para debatir sobre este asunto y analizar el verdadero imparto de Internet hemos invitado a Miguel-Anxo Murado (escritor y comentarista político) y a David García Aristegui (Asociación Cultura Libre y del Sindicato Solidaridad Obrera).

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1. Como consideras que evoluciona Internet ¿en función de los usuarios y de las necesidades sociales? ¿al contrario? O que existe una brecha entre el mundo en la red y el analógico.

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Miguel-Anxo Murado, escritor y comentarista político:

La fascinación por Internet, en cierto modo comprensible, nos ciega para entender su significado, su verdadero impacto y por tanto su posible evolución. Internet requiere de una cura de humildad. Hay que recordar que no es más que una expansión de las posibilidades de la línea telefónica que nació hace más de siglo y medio, y que realiza de una manera mucho más eficiente algo, enviar mensajes instantáneos alrededor del mundo, que ya se podía hacer desde que existe el telégrafo, en torno a 1840. Si existe un «ciberespacio», éste nació en torno a 1860, con los cables transoceánicos. Decir esto no es una provocación, sino que resulta indispensable para responder a las preguntas que plantea Internet, porque son preguntas que tienen casi dos siglos de respuestas prácticas. Desgraciadamente, son respuestas un tanto aburridas. Del telégrafo se esperaba que trajese la paz mundial, como ahora se dice de Internet; del coche, que aboliese las fronteras y la xenofobia.

Para valorar lo que puede lograr Internet, basta con evaluar lo que ha logrado el telégrafo para el pacifismo o el coche para el cosmopolitismo. Internet está evolucionando exactamente igual que esas tecnologías previas, de las que no es más que un paso evolutivo (no una «revolución», como tantas veces se dice). Contrariamente a las apariencias, evoluciona muy lentamente, como le pasó a la televisión, porque ofrece muchas posibilidades pero para la mayoría de ellas no existe demanda. Lo que evoluciona muy rápido (y de ahí la confusión) es la intensidad y la expansión de su uso, la variedad del software que incorpora y, lo que me parece lo más importante, evoluciona rápidamente en nuestro imaginario. Prácticamente no hay nada en el Internet de esta década que no estuviese ya en la anterior. Sin embargo, su importancia simbólica no deja de crecer. Simplemente, Internet se toma cada vez más en serio (a veces, ridículamente en serio), a medida que no sólo mayor número de personas, sino también mayor número de grupos sociales (políticos, periodistas, opinadores) se van haciendo adictos a su uso.

David García Aristegui, Asociación Cultura Libre y del Sindicato Solidaridad Obrera:

El uso de Internet está tan extendido que cualquier tipo de consideración genérica es siempre muy peliaguda. El origen de Internet fue netamente académico, no militar, a pesar de que es un mito que se ha ido sedimentando y ya casi es imposible de revertir (1) En Internet hay muchos intereses contrapuestos, por ejemplo para Morovoz «Internet más que una tecnología es un mito», con el agravante que, como denuncia SivaVaidhyanathan, ya es nuestra ventana al mundo, por desgracia vía Google. En el momento que nos dejamos de ofuscar por el mito de Internet, el aterrizaje a la realidad es duro: hay estimaciones -difíciles de verificar, pero plausibles- que hablan de un 50% de las personas a nivel mundial nunca han hecho o recibido una llamada telefónica o, lo que es peor, el dato más fácil de contratas de unas 800 millones de personas en el mundo sin acceso a agua potable. El hablar de Sociedad del Conocimiento a mí me parece un insulto eurocéntrico para millones de personas.

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2. ¿Crees que esta evolución esta supervisada? ¿Por quién?

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Miguel-Anxo Murado, escritor y comentarista político:

En el mundo hay muchos supervisores, muchos son contradictorios y todos son ineficaces a menudo. No existe un «sistema» sino muchos sistemas en conflicto, y esto sucede con Internet. Los usuarios son posiblemente los que más efecto tienen en su evolución, porque las empresas, que serían el segundo gran supervisor, tratan de contentarles. Los gobiernos, que serían el tercero, tendrían una gran capacidad para limitar, controlar y perfilar Internet, pero no muestran demasiado interés en hacerlo; salvo en casos excepcionales, como China, no sienten esa necesidad porque internet no es inquietante política ni socialmente, y creo que, aparte de las paranoias del régimen, tampoco lo es en China. Episodios como Wikileaks son anécdotas embarazosas para los gobiernos, pero no hay que exagerar su impacto. En consecuencia, los gobiernos dejan hacer y aplican a internet la filosofía del liberalismo económico.

David García Aristegui, Asociación Cultura Libre y del Sindicato Solidaridad Obrera:

Autores como Polanyi denunciaron en su momento algo totalmente vigente, que es como la ideología liberal se basa en realidad en una gran utopía: la de los mercados autorregulados. Internet parece la respuesta a todas las plegarias del neoliberalismo: autores como César Rendueles denuncian los discursos de ese supuesto un espacio neutro -sospechosamente parecido al mercado- de «individuos autónomos sin otra relación que sus intereses comunes». Curiosamente, periódicamente surgen desde las instituciones intentos de regulación de ese espacio que (no) se auto-regula, muchas veces extremadamente torpes, como la llamada Ley Sinde. Los espacios autorregulados nunca son tales, e Internet es (otro) ejemplo muy ilustrativo al respecto. Y es que en la red operan intereses nacionales y corporativos fortísimos, quien no lo quiera ver simplemente se está autoengañando, en mi modesta opinión. Soy un aguafiestas, lo sé.

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Notas

Notas
1 Contracultura y ciberactivismo. Derrumbando los mitos del fetichismo digital: http://info.nodo50.org/Contracultura-y-ciberactivismo.html.