Prospectiva 2020: las diez áreas que más van a cambiar en nuestras bibliotecas en los próximos años

Coordinación:
Blanca San José y Carmen Morales
Vocalía de Publicaciones de SEDIC

Con la incertidumbre que produce la crisis económica y el cambio de época, el futuro de las bibliotecas parece inestable, por esa razón el Consejo de Cooperación Bibliotecaria, creó el Grupo estratégico para el estudio de la prospectiva sobre la biblioteca en el nuevo entorno informacional y social. El objetivo del grupo era realizar un informe que integrara todas las diferentes tipologías bibliotecarias que componen el Consejo. El informe fue publicado en Diciembre del 2013 con el título «Prospectiva 2020. Las diez áreas que más van a cambiar en nuestras bibliotecas en los próximos años». Este informe refrenda el modelo y las reflexiones realizadas por la IFLA en su Informe de Tendencias (durante sesión plenaria del IFLA World Library and Information Congress en Singapur 2013).

Algunos de los expertos participantes en este informe, que disponen de un gran conocimiento del medio y que han realizado un profundo y reflexivo análisis, han tenido la amabilidad de colaborar en este debate, que hemos basado en las diez áreas que establecen de mejora.

1. La gestión de las bibliotecas deberá flexibilizarse y sus actuaciones deberán integrarse más en las finalidades de las instituciones a las que sirven.

¿Cuáles consideras que son los pasos fundamentales que tiene que dar la biblioteca para mostrar su valor como espacio de aprendizaje, cultura, ciencia y comunicación… en la consecución de los objetivos de la institución, y que estos no se diluyan en otros Departamentos/Servicios?

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Jefe del Área de Biblioteca, Archivo y Documentación, Museo Nacional del Prado            

Las bibliotecas deben ofrecer todo su potencial a las instituciones de las que dependen y asumir funciones que con frecuencia aparecen dispersas y mal definidas en el seno de las mismas. Básicamente deben ser las gestoras de la información de todo tipo que manejan las instituciones y responsabilizarse de su comunicación hacia el exterior. La preparación de sus profesionales, la existencia de estándares consolidados o la abundancia de redes nacionales e internacionales son factores que ayudan a posicionarse a las bibliotecas como elementos indispensables dentro de cualquier institución.

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Hilario Hernández
Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Director de Análisis y Estudios

Es imprescindible romper el aislamiento voluntario al que nos hemos sometido los profesionales dentro de nuestras propias instituciones. Nuestros servicios pueden formar parte muy importante de estrategias y proyectos de nuestras instituciones. Incluso situarse con capacidad de liderazgo en áreas como el desarrollo local, la inserción social, el aprendizaje a lo largo de toda la vida y la alfabetización informacional… Y tenemos que ser capaces de interiorizar los objetivos y estrategias de las instituciones a las que pertenecemos (ayuntamiento, centro educativo…) y alinear nuestros servicios junto a otros departamentos y al conjunto de la institución.

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Isabel Bordes
Área de Biblioteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Lo fundamental creo que sería volver al corazón de nuestra razón de ser: el usuario. Sólo conociendo nuestras comunidades de usuarios, sus necesidades, así como sus hábitos de consumo de información, a qué plataformas y/o herramientas acuden para la gestión de la información y el conocimiento, sólo así sabremos qué servicios poner en marcha. Una vez tenemos claro cómo podemos hacer frente a sus necesidades, e implantamos la solución que creemos adecuada, entonces hay que pensar en un plan para su comunicación. Dicho plan sólo tendrá éxito si se utilizan todas las vías y medios de comunicación que tenemos a nuestro alcance (redes sociales, webs institucionales, foros profesionales, actividades de formación, colaboración con instituciones para reforzar el mensaje, convocatoria de medios, blogs…).

Es fundamental tener en cuenta que aunque en esencia el mensaje que queramos transmitir pueda ser el mismo (ej: apertura de un nuevo servicio), éste debe de adoptar distintas formas según el público objetivo y el medio utilizado para su transmisión. Y sobre todo, nunca dar por hecho que se nos conoce y que se sabe de sobra qué hacemos y lo útiles que somos. Cada oportunidad para comunicar nuestro valor implica hacer un ejercicio de tabula rasa, y un tratar de recordar cómo era todo cuando no sabíamos el trabajo que se escondía detrás de una biblioteca, y/o un centro de documentación. Y por supuesto, siempre evaluar qué ha pasado después de cada comunicación, e intentar ver por qué no hemos conseguido hacer llegar un determinado mensaje.

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José Pablo Gallo
Técnico de Apoyo, Biblioteca de Educación, Universidad de Alicante

El potencial de las bibliotecas para la formación y como gestoras de la información y el conocimiento resulta evidente para un profesional de las mismas, pero no tanto para el resto. Por ello, creo que resulta fundamental tomar la iniciativa y realizar propuestas que resulten de utilidad para la institución, cubriendo las necesidades de la misma. Los ejemplos son múltiples: podemos ser los community manager, entrar en la explotación de los big data, crear una editorial electrónica, etc. Hay que anticiparse a la demanda o, por lo menos, ofrecer las soluciones antes de que se busquen fuera o en otros servicios. Esto generará una dinámica positiva que haga que cuenten con nosotros para futuros proyectos.

Además, en la pregunta se sugiere un punto de gran interés, como es la visibilidad de nuestra participación. Debemos vendernos, pero además buscar alianzas con otros departamentos (sobre todo informáticos), que resultan necesarias y beneficiosas, sin temer que otros se lleven el mérito.

2. Se incrementará la cooperación: una mayor cooperación y colaboración ampliará el papel de la Biblioteca dentro y fuera de la Institución.

¿Cuáles crees que pueden ser los campos potencialmente desarrollables en el mundo bibliotecario a través de la cooperación y colaboración? ¿En cuanto a la colección e infraestructura cooperativa, cuales consideras sus limitaciones?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

Las bibliotecas cuentan con una larga tradición de cooperación y desde hace mucho tiempo saben que no pueden funcionar aisladas. Por ello sin descuidar las áreas tradicionales (elaboración de estándares, préstamos, adquisiciones compartidas, servicios comunes a los lectores…) las bibliotecas deben explorar las nuevas vías que el mundo digital ha ido abriendo. Así desde la adquisición consorciada de recursos electrónicos a los recientes «discoveries» que permiten un acceso común a todos los recursos de una red, las bibliotecas funcionarán cada vez más como los eslabones de una cadena o, mejor aún, como los nodos de una red.

El concepto de «colección» lleva ya años disolviéndose en la teoría y en la práctica bibliotecaria. A medida que avanza la cooperación importan más los servicios que la biblioteca puede dar a sus lectores que la colección de que dispone. Las únicas limitaciones a la cooperación pueden venir desde instancias políticas o a causa de problemas presupuestarios.

Hilario Hernández (Fundación Germán Sánchez Ruipérez)

El primer ámbito de cooperación es el propio ámbito bibliotecario, algo que ya resulta inexcusable. En estos momentos, hay excelentes ejemplos de redes, consorcios… de bibliotecas que gracias a la cooperación consiguen resultados que de manera aislada serían impensables. Pero nuestro sistema bibliotecario sigue adoleciendo de un exceso de atomización, a veces dentro incluso de una misma ciudad… y eso es, tarde o temprano, un camino al fracaso.

Ahora bien, como nuestras infraestructuras y colecciones no se justifican en sí mismas, sino en el servicio que prestan o en el uso de ellas hacen los ciudadanos, ahí está el ámbito prioritario de cooperación: trabajar y compartir proyectos y servicios con otros departamentos institucionales, con las entidades del tercer sector, con centros de educación primaria o superior, con instituciones de la memoria…

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

Si hablamos de potencialidad, yo diría todos, y eso es algo que a distintos niveles la profesión bibliotecaria lleva demostrando desde hace mucho tiempo, y lo seguirá haciendo (catalogación compartida, adquisición consorciada, préstamo interbibliotecario, agregadores de metadatos, datos enlazados…). ¿El mayor rival para hacer que la cooperación funcione a todos los niveles? La burocracia, y la rigidez de estructuras y procedimientos a las que instituciones públicas deben atenerse, especialmente si hablamos de instituciones con competencias distintas y pertenecientes a distintos niveles de la Administración.

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

La cooperación tradicional (catalogación compartida, préstamo interbibliotecario…) debe seguir potenciándose en un entorno de escasez de recursos y gestión eficiente, pero no nos podemos quedar ahí. Debemos entrar en otros aspectos, como el desarrollo de nuevos servicios y herramientas. Por ejemplo, cabe preguntarse hasta qué punto tiene sentido que todas las bibliotecas universitarias hayan hecho el esfuerzo de implementación de un repositorio por separado. Pero además debemos abrirnos más a la cooperación con otras unidades de nuestra institución, como sugerimos más arriba, con mente abierta. Esto incrementa nuestra competitividad, no la disminuye.

Más delicado es el tema de la colaboración con entidades privadas y empresas. Creo que se le puede sacar un gran provecho si se orilla la tradicional relación proveedor/cliente, transformándola en una colaboración entre socios. Se establece un intercambio con beneficio mutuo, un quid pro quo en el que ambos sacamos algún beneficio.

En cuanto a la segunda pregunta, la cooperación sobre las colecciones está presente y en desarrollo en lo que respecta a la negociación de precios y adquisición consorciada. La idea de compartir colecciones podría ser muy positiva, pero la formulación de las licencias de los productos electrónicos nos plantea graves limitaciones, más allá del préstamo interbibliotecario. Por otra parte, la crisis nos ha llevado a que todos compremos prácticamente los mismos títulos fundamentales, perjudicando la posibilidad de acuerdos de reparto de títulos con un interés más segmentado o reducido. Sí está ahí la posibilidad de compartir infraestructuras (informáticas, depósitos externos…), al alcance de un convenio si se llega a un acuerdo de financiación.

3. Los recursos públicos serán escasos y las bibliotecas deberán encontrar nuevas estrategias de ahorro y de financiación.

En este punto recomendáis «la creación de una mesa de buenas prácticas y de soluciones innovadoras en la financiación y provisión de servicios bibliotecarios». ¿Cuáles consideras que pueden ser estas soluciones colaborativas e innovadoras de financiación y provisión de servicios en cuanto a modelos de negocio?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

Ésta mesa debería actuar como un «lobby» defensor de los intereses de las bibliotecas, instando a las autoridades públicas a combinar una financiación adecuada de las mismas con el desarrollo de una legislación sobre mecenazgo que fomente la participación del capital privado en su desarrollo.

 

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

No tengo «la» respuesta, de ahí que sea necesario la reflexión y puesta en común que se propone. Como se dice en el reciente estudio del grupo DosDoce (1) «nadie tiene hoy en día una hoja de ruta con un esquema claro sobre cuáles son los modelos de negocio que perdurarán, cuáles son puro marketing, cuáles son los más sostenibles, etc.» Lo que queda claro es que «no será uno solo, sino muchos, los modelos que cohabitarán entre sí» (crowdfunding, micromecenazgo, fundraising, crowdsourcing…).

También es cierto que a día de hoy las instituciones públicas, y en especial aquellas que salvaguardan el patrimonio, han de ser muy cautelosas a la hora de presentar estos modelos, y aprender siempre en base al «ensayo-error» y, por supuesto, no perder la esencia de su razón de ser: la función al público y la gratuidad de sus servicios (al menos algunos tan esenciales como es el acceso al conocimiento). Además, la estructura de muchas de estas instituciones es tan rígida que en más de una ocasión se deberá optar por soluciones que no impliquen la gestión de beneficios económicos directos, pero sí beneficios que redunden en una mejora del servicio al usuario (geolocalización de materiales gracias a la participación ciudadana como ya ha hecho la British Library, transcripción colectiva de manuscritos como los planteados por la Biblioteca Nacional de Catalunya…)

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

Como casi siempre, los puntos y las respuestas se relacionan entre sí. Debemos cooperar para compartir recursos, pero también ideas sobre cómo financiarnos. Necesitamos adquirir habilidades de negociación y de búsqueda de recursos, algo que también se puede realizar de forma cooperativa, pero mientras tanto se pueden compartir propuestas exitosas. Además hay que potenciar al máximo la búsqueda de convocatorias de financiación públicas, especialmente de la UE, para lo que el trabajo cooperativo también puede ayudar.

Aunque todos luchemos por un trozo del pastel del mecenazgo, podemos realizar acciones comunes con entidades de nuestro entorno o con otros servicios de la institución. Cuanto más potente resulte la propuesta, mayores posibilidades de éxito tendremos.

¿Cuál crees que es el papel de biblioteca en la Responsabilidad Social Corporativa de la institución?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

El papel de la biblioteca en este tema ha de ser activo. Debe informar a la institución de las ventajas, procedimientos y resultados de contar con un buen programa de RSC y debe evaluar periódicamente su cumplimiento.

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

La biblioteca de una institución debe servir de canal a través del cual la institución conozca la realidad, y/o contacte con ella. Sólo conociendo el contexto político, sociocultural y/o económico de una institución se tomarán las decisiones adecuadas en materia de RSC; y precisamente en esa labor de análisis la biblioteca puede jugar un papel crucial. Una vez conocido el contexto, pensados los objetivos, las líneas estratégicas y las acciones a poner en práctica, la biblioteca puede ser un elemento dinamizador básico de las tareas de RSC (talleres, debates, formación presencial y/o en línea…).

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

La RSC nació dentro del sector público y a él ha retornado tras desarrollarse en el privado. En esto, las bibliotecas, por su propio espíritu de servicio a las comunidades, tienen ganado mucho como generadoras de propuestas de actividades que vayan más allá de los objetivos y responsabilidades de la institución. Pueden ser el motor que arrastre la RSC de la entidad donde se ubica. Una vez más, deberá hacerse en la mayoría de los casos como una actividad compartida y coordinada con otros servicios de la misma.

Y por último en esta pregunta ¿cuáles consideras las alianzas estratégicas de mayor valor para captar fondos (fundraising)?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

Con las limitaciones impuestas precisamente por la Responsabilidad Social Corporativa es necesario que las bibliotecas capten fondos de la iniciativa privada, bien a escala individual (el creciente crowfunding) bien a escala empresarial. No obstante no debe perderse nunca el carácter predominantemente público de la financiación de la biblioteca, única manera de garantizar su neutralidad e independencia a la hora de prestar servicios a los ciudadanos.

Hilario Hernández (Fundación Germán Sánchez Ruipérez)

Tradicionalmente, los profesionales de las bibliotecas no sabíamos ni entendíamos de temas económicos, de financiación…, en fin del ‘vil metal’. Aún hoy día es frecuente encontrarse con profesionales que desconocen el coste de su servicio y cómo se financia. Ante un escenario de recortes presupuestarios, que pueden durar más allá de periodo ‘oficial’ de crisis, resulta cada vez más urgente un riguroso control presupuestario que nos permita, además, poner en valor nuestros servicios. Y me refiero a poner en valor económico, en términos monetarios concretos, con los estudios e indicadores que muestran cómo el valor de las bibliotecas para los ciudadanos multiplica el coste de su inversión, supera con mucho la parte de los impuestos que se destinan a las bibliotecas. En definitiva, es necesario mostrar que el mayor o menor presupuesto que se asigna a las bibliotecas se emplea con eficacia y revierte en beneficios tangibles a la sociedad.

Por otra parte, en España, apenas hay tradición de aportaciones privadas a los servicios bibliotecarios. Pero las experiencias de los últimos años permiten vislumbrar un futuro esperanzador, no tanto por aportaciones millonarias de grandes corporaciones empresariales o instituciones de ámbito nacional, sino por pequeñas, pero numerosas, aportaciones en el ámbito local más cercano y creo que ahí se deben centrar nuestras estrategias.

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

Todas aquellas que permitan que la esencia, misión e independencia de las instituciones no se pierda. No se trata «sólo» de captar fondos para cumplir una serie de objetivos, sino de buscar las alianzas adecuadas con socios que reconozcan y se identifiquen con nuestra voz.

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

Como indicaba antes, todos peleamos por una financiación pública y privada limitada, entrando en directa competencia con otras entidades del sector y otros servicios semejantes. Sin embargo, la presentación de propuestas conjuntas hará que éstas resulten más atractivas y completas. Por otra parte, se debe profundizar en la asociación con el sector privado para la búsqueda de financiación externa (por ejemplo presentando proyectos comunes a convocatorias de ayudas); para que financien desarrollos que luego ellos puedan comercializar; y para completar sus parcelas de mecenazgo y de responsabilidad social.

4. Los profesionales deberán tener perfiles flexibles y cambiantes y las bibliotecas necesitarán personal con conocimientos diversos; la formación dejará de tener un carácter unitario.

En este punto proponéis «reforzar la participación de los profesionales en la asociaciones, colegios y federaciones profesionales, incrementando su representatividad y eficacia en la defensa de los intereses corporativos» ¿Cómo crees que debe realizarse ese refuerzo de participación? Y ¿Hasta dónde consideras que debe llegar su representatividad?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

Este punto es más un deseo que una propuesta concreta. Sería muy deseable que aumentase el nivel de participación de los bibliotecarios en las asociaciones profesionales. De nuevo la «mesa de buenas prácticas» podría proponer mejoras para la financiación de estas entidades para que éstas pudieran ejercer con mayor eficacia su misión en defensa de la biblioteca y los bibliotecarios. Su representatividad dependerá lógicamente del grado de participación de los profesionales y debería ser similar a los de otros agentes sociales como los sindicatos.

Hilario Hernández (Fundación Germán Sánchez Ruipérez)

Si queremos que nuestros servicios de información y que nuestra profesión mejoren su posicionamiento, hay que reforzar nuestra presencia institucional y eso solo se puede hacer a través de nuestras asociaciones y federaciones profesionales. Eso significa participar, unirse, adquirir y asumir capacidades de comunicación ante los responsables públicos. Entender que, además de ciertas habilidades técnicas, nuestra profesión precisa de perfiles de gestión, flexibles y abiertos a la sociedad, dispuestos a una permanente interlocución con otros sectores y con los responsables de las políticas públicas.

Hay que reforzar la capacidad de interlocución pública como sector y, para ello, habrá que reforzar los niveles de asociacionismo. No olvidemos que existen Comunidades, que en lo que se refiere al asociacionismo, son un verdadero erial.

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

Asegurando la presencia de nuestros profesionales en los principales foros, plataformas que existan en cada momento. En cualquier caso se debe ir más allá del contexto profesional, llegando a los usuarios para que no pierdan nunca de vista el valor de nuestras instituciones. Una buena representación se ha conseguido cuando preguntando al azar en la calle se sabe responder a la pregunta «perdona, ¿sabes dónde está la biblioteca?». Y, ojo, la respuesta no debería ser únicamente aquella que tira de Google maps, sino la que además propone un sitio web, un blog, un artículo en prensa, un evento…

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

La participación y asociacionismo debe reforzarse tanto a nivel personal como institucional. Bibliotecarios y bibliotecas debemos incrementar nuestra presencia y aportación en las mismas, de las que a menudo nos alejamos por el desinterés o la desilusión. Debemos tener claro que no basta con pertenecer, hay que aportar cada uno su esfuerzo para que estas asociaciones funcionen y sean fuertes.

Aún con éxitos parciales, como la presencia de FESABID dentro del Consejo de Cooperación Bibliotecaria, las asociaciones ganarán presencia y peso con su unión y una mayor participación del colectivo, para lo que hay que recuperarlo e ilusionarlo a través de acciones claras. Deben funcionar como lobby, intentando tener una voz lo más común posible. En todo esto la fragmentación no ayuda lo más mínimo. Esta unidad de acción y funcionamiento como grupo de presión se reforzaría incrementando la internacionalización de las asociaciones, sobre todo dentro del ámbito de la UE, en el que nos jugamos mucho a nivel de directivas europeas.

5. Las bibliotecas deben reforzar su función de crear comunidades, dotarlas de cohesión social y garantizar la igualdad de oportunidades de los ciudadanos en el acceso a la información.

¿Qué mecanismos consideras puede incrementar el nivel de decisión de los usuarios en la vida de las bibliotecas?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

Los usuarios de las bibliotecas deben ser considerados como «clientes» de las mismas; es decir sus deseos y necesidades deben ser esenciales a la hora de determinar todos los sus aspectos: ubicación, fondos, servicios, etc. Los mecanismos pueden ser muy variados y todos pasan por una mayor apertura de los profesionales hacia sus demandas, desde las simples desideratas o los mensajes del «buzón de sugerencias» a la intervención en los catálogos a través de etiquetado social. Pueden también intentarse participaciones más institucionales, desde las asociaciones de amigos de la biblioteca, en bibliotecas más grandes, hasta los consejos de biblioteca en las universidades o nuevas fórmulas que se ensayen en bibliotecas públicas. Es también fundamental el papel de las redes sociales, especialmente para los lectores más jóvenes.

 

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

Hay un mecanismo fundamental y es «saber escuchar». No sólo preguntando directamente a los usuarios a través de buzones de sugerencias, encuestas…; sino analizando las trazas estadísticas que nuestros usuarios dejan en nuestras bibliotecas digitales. Muchas veces el simple análisis del comportamiento de nuestros usuarios a través de logs, o cuentas de google analytics nos permite darles más voz y voto, sin ellos siquiera sospecharlo; ni, por supuesto, abusar del voluntarismo que tan fácil cae en la depreciación de una labor que deben llevar a cabo fundamentalmente los profesionales de la materia.

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

En estos aspectos tenemos mucho que aprender de bibliotecas escandinavas y anglosajonas. Es cierto que en España no tenemos la tradición democrática y participativa de estos países, en los que el ciudadano se interesa más por el bien común, pero tampoco allí lo tienen fácil. No sólo hay que contar con los usuarios, asociaciones (de vecinos, de estudiantes…) o los miembros de tu institución. Se debe llegar a los no-usuarios teniendo presencia en actividades extra bibliotecarias y usando las redes sociales como herramientas de difusión. Así podemos alcanzar y recabar la opinión de un sector más amplio de la comunidad.

Y ¿su participación sin caer en el abuso del voluntarismo?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

El voluntariado es un tema delicado en una situación como la española con un nivel de desempleo tan elevado. En los países del norte de Europa y en Estados Unidos se trata de un instrumento de desarrollo de los centros y de implicación de la sociedad en los mismos. Habría que arbitrar vías para alcanzar un mayor desarrollo de esta figura en España sin interferir en el normal desarrollo de las plantillas de profesionales.

Hilario Hernández (Fundación Germán Sánchez Ruipérez)

Todo lo que se avance en la participación de los usuarios será reforzar el servicio bibliotecario. La alta valoración que las bibliotecas y sus profesionales obtienen en las encuestas de opinión hace de los usuarios el principal aliado de las bibliotecas. Y las estrategias de futuro no se gestarán en mesas profesionales cerradas, sino en la dialéctica abierta con los ciudadanos, usuarios o no de las bibliotecas. Los nuevos principios de gobernanza en los servicios públicos exigirán un esfuerzo para asumir que el usuario no será ya mero consumidor o receptor de nuestra oferta, sino agente activo en la conformación y ‘producción’ de los servicios. No será fácil encontrar un equilibrio en cada momento, pero el potencial del voluntariado en las bibliotecas puede ser enorme, si sabemos superar susceptibilidades de intrusismo entre los profesionales y capear ocasionales derivas oportunistas de algunas instituciones.

 

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

La idea que debemos tener clara es que nos pueden aportar cosas que nosotros no estamos capacitados o sabemos hacer. No debemos permitir que realicen tareas bibliotecarias, pero nos pueden proporcionar sus conocimientos y habilidades: prestando asesoramiento sobre temas que desconocemos, impartiendo cursos, llevando clubes de lectura, etc. Pero ¿por qué no nos va a ayudar un carpintero o un pintor en la decoración de la biblioteca infantil? Imaginemos que además, al tiempo, se realiza con la participación de los niños. En otro plano, ¿y si el Trabajo de Fin de Grado de un informático es el desarrollo de una aplicación móvil para la biblioteca? Las posibilidades son casi infinitas.

6. Bibliotecas ágora o bibliotecas como tercer lugar.

¿Cómo va a afectar la entrada en vigor del Decreto 624/2014, de 1 de Agosto del 2014, sobre el Derecho de remuneración a los autores por los préstamos de sus obras realizados en determinados establecimientos accesibles al público?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

Obviamente de manera negativa. Al contar con menos dinero para la compra de libros y otros materiales todos van a salir perjudicados: lectores, libreros, autores, etc. Tan sólo saldrán beneficiadas los receptores del dinero: las entidades de gestión. El colectivo bibliotecario español lleva muchos años luchando contra este canon y ahora ha perdido la batalla, aunque no la guerra. Pero me parece que donde hay que pelear fundamentalmente es en Bruselas. Hay que recordar que este Decreto es una trasposición de la Directiva 2006/115/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, y que el Gobierno estaba obligado a cumplirla. La vía más útil para derogar esta medida claramente injusta es la unión de las bibliotecas europeas, y en este sentido debe ser fundamental el papel de EBLIDA (European Bureau of Library, Information and Documentation Associations) a la hora de ejercer de lobby en la capital europea.

 

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

Desde luego negativamente. Personalmente creo que un decreto de este tipo es no haber comprendido la labor que las bibliotecas llevan haciendo desde hace siglos, instituciones que siempre han estado, y estarán del lado de los autores, pero también del derecho de los ciudadanos al acceso a la información.

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

Parece evidente que no va afectar de forma positiva, sobre todo en el contexto actual de restricciones presupuestarias. Sabemos que esto procede de la obligatoria trasposición de una Directiva de la UE, la 2006/115/CE. Pero también sabemos la escasa repercusión, e incluso baja aplicación, que tuvo su primer desarrollo normativo dentro de la Ley 10/2007 del libro y las bibliotecas. Ante esto se abren varios escenarios, quizás complementarios. Con la realidad bibliotecaria española, no parece de nuevo sencilla su aplicación efectiva e inmediata. Si ésta se lleva a cabo sin mejoras presupuestarias equivalentes (algo utópico en estos momentos), indudablemente afectaría de forma importante al funcionamiento de las bibliotecas (recordemos que esta carga no saldría del presupuesto de inversión, sino del dedicado a gastos o transferencias corrientes). Esto puede llevar a una situación de cierto bloqueo a corto plazo. Mientras tanto, parece necesaria la realización de presión directa, lobby, sobre las instituciones europeas por medio de entidades como EBLIDA o LIBER. En esto, volvemos al punto 2, sobre la necesidad de tener asociaciones verdaderamente fuertes, capaces de influir sobre legisladores y gobernantes.

Uno de los retos específicos que planteáis es «concienciar a las autoridades sobre el uso de las bibliotecas como espacios abiertos y libres» ¿Qué líneas de actuación recomendarías?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

Una sola: las bibliotecas deben estar en manos de los profesionales y de los lectores y deben mantener su independencia respecto a los poderes políticos. Aunque lógicamente en una sociedad democrática son los representantes del pueblo los que deciden las grandes líneas de actuación, la gestión de las bibliotecas (selección de personal, adquisiciones, servicios, etc) debe estar plenamente profesionalizada.

Hilario Hernández (Fundación Germán Sánchez Ruipérez)

La tensión entre regulación y rentabilización económica de la comunicación digital por una parte, y los servicios públicos de información, educación y cultura, y el acceso abierto a la información y el conocimiento (que propugnan, entre otros, IFLA y Unesco), creo que es una batalla que tiene y tendrá múltiples episodios. Es de esperar que el Decreto en cuestión pueda ser modificado en el sentido que propugnan nuestras asociaciones profesionales (Fesabid, el COBDC…) y que las bibliotecas puedan seguir desarrollándose como «espacios abiertos y libres». Esa es, además, la prioridad de los profesionales: debemos defender ante todo los derechos del ciudadano como lector, como usuario de información, en unos servicios que tienen en su base garantizar la igualdad de oportunidades para todos los miembros de la sociedad.

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

Básicamente estar presente en los debates que se producen en los órganos de decisión y legislación correspondientes. Procurando tener una voz común en los foros en los se gestan legislaciones, regulaciones y/o normativas que acabarán por tener una consecuencia directa ó indirecta sobre los derechos/obligaciones tanto de las bibliotecas, como de sus usuarios.

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

Posiblemente lo mejor que podemos hacer es actuar directamente como tales. Realizar actividades abiertas a toda la sociedad y difundirlas lo mejor posible. La generación de una opinión pública en este sentido repercutirá directamente en el parecer de los políticos y gestores. Y en esto nos debemos aliar con la prensa y utilizar masivamente las herramientas de comunicación disponibles actualmente. La primera nos servirá para llegar a estas autoridades: si se les ofrece repercusión mediática, se les está dando un auténtico tesoro y los tendremos ganados. Las segundas nos servirán para llegar a una proporción mayor del público. En todo ello deberá estar de forma implícita y también explícita (con eslóganes, introduciéndolos en las notas y explicaciones…) esta idea de la biblioteca.

7. Los espacios de las bibliotecas aún permanecerán como tales, pero serán flexibles acogedores y sociales.

Los espacios de biblioteca convertidos en área multifunción, con espacios virtuales y físicos de interactuación ¿Cuáles consideras las vías adecuadas para poder llevar a cabo esa reutilización de forma sostenible?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

Son varias las vías a tener en cuenta. En primer lugar en el diseño de nuevos espacios (sean nuevos edificios o remodelaciones de los existentes) debe tenerse siempre en cuenta la opinión del profesional bibliotecario, único conocedor de las necesidades de los usuarios. En segundo lugar estos nuevos espacios han de ser diáfanos y flexibles para permitir cambios de uso con el tiempo. En tercer lugar las bibliotecas deben fijarse (algunas ya lo están haciendo) en otros espacios públicos como librerías o centros culturales que proporcionan claves importantes sobre cuáles son las demandas de los lectores en la segunda década del siglo XXI.

Hilario Hernández (Fundación Germán Sánchez Ruipérez)

Supongo que habrá que ser especialmente imaginativos y abiertos para transformar los espacios físicos de las bibliotecas sin precisar grandes inversiones. Incluso con el espacio, con el mobiliario o el equipamiento, tendremos que atrevernos a experimentar. Porque no creo que podamos definir nuevos modelos que permanezcan invariables durante largos periodos y tendremos que ser capaces de plantear y poner en práctica modificaciones que tal vez no sean radicales, pero sí eficaces en la actualidad. A veces puede conseguirse a partir de lo que ya se tiene, incluso cambiando tan solo los criterios de utilización de los espacios, facilitando que los ciudadanos los sientan como propios.

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

Más que vías, hablaría de ingredientes: creatividad, pasión, ingenio y sencillez… Pueden parecer básicos, pocos y al mismo tiempo utópicos, pero sólo la imaginación del que ama su trabajo da con soluciones prácticas y sencillas. Y lo bueno es que no siempre se trata de las soluciones más caras.

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

Al plantear la pregunta se tocan varios temas. El espacio dejado por la colección en papel puede ser reutilizado para que, junto con el resto de las zonas, creemos nuevos entornos. Hay que jugar con luz, colores y separaciones. Algún tipo de compartimentación será indispensable debido a las diferentes necesidades acústicas y lumínicas de cada zona. Debemos contar con muebles que sean eso: fáciles de trasladar; y cargar los espacios con tecnología, sabiendo que ésta es cambiante y eso nos supone un coste continuado. Se ofrecerá un espacio al que apetezca ir, agradable, cómodo y atractivo, que oferte cosas (incluida esa tecnología) que no tenemos en casa.

Para ello se construirán bibliotecas, pero sobre todo se reutilizarán y transformarán las existentes, además de aprovechar otros espacios, públicos y privados, que hayan caído en desuso. Esto es en sí una acción sostenible, pero las transformaciones deben ser aprovechadas para mejorar la sostenibilidad de la propia infraestructura, además de aplicar conceptos vinculados en la misma en la obra: materiales reutilizados, de larga duración, de proximidad….

8. La educación, el aprendizaje y las habilidades serán la clave de la misión de las Bibliotecas.

La Alfabetización informacional de la biblioteca es el servicio que contribuye a demostrar la rentabilidad social de la biblioteca, ¿cuales consideras sus indicadores?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

Comenzaré con una opinión estrictamente personal: detesto el término «Alfabetización Informacional». No sólo es un desastre gramatical sino que supone una presunción ridícula por parte de los bibliotecarios: nuestros lectores no son «analfabetos informacionales» y muchos de ellos podrían darnos incluso algunas lecciones… Dicho lo cual considero muy útil la «formación de usuarios» (esa estupenda expresión que cayó en desuso…): nuestros lectores necesitan conocer nuestros recursos y aprender a utilizarlos. Los indicadores de retorno son evidentes: cuanto más se usen estos recursos mayor habrá sido el éxito obtenido y esta utilización de los recursos será el dato básico a la hora de evaluar y certificar estas actividades.

Hilario Hernández (Fundación Germán Sánchez Ruipérez)

La verdad es que en la definición y aplicación de indicadores que permitan evaluar y mostrar el enorme potencial de las bibliotecas en el mundo del aprendizaje (y no solamente en la alfabetización informacional) estamos todavía en pañales. Y también creo que estamos en los primeros pasos de redefinición de las bibliotecas como servicios formativos.

En las bibliotecas universitarias se han dado pasos muy importantes en los últimos años, también en algunas redes de bibliotecas públicas. Pero tenemos mucho que trabajar, en una doble perspectiva: la evaluación concreta orientada a los objetivos de cada programa o servicio; y los indicadores más generales que muestren el impacto positivo en los rendimientos académicos y en las competencias y destrezas informativas de los ciudadanos en los distintos ámbitos de la vida.

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

Enumerarlos suena más a sueños, que a indicadores; pero para ser sueños son fácilmente cuantificables:

  • un incremento en los usuarios (presenciales y no presenciales) de los servicios de nuestras bibliotecas;
  • una mayor y mejor valoración de nuestra labor por parte de la Sociedad y de nuestros dirigentes;
  • y una rectificación en la política de recortes presupuestarios en sectores como la cultura, la educación y/o la sanidad, áreas en las que la rentabilidad debe entenderse de manera matizable a como lo hace hoy día un agente de bolsa.

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

Resulta difícil realizar mediciones concretas y directas. Podemos valorar incrementos de uso en algunos productos electrónicos, a veces muy evidentes tras presentaciones y formaciones específicas. Sin embargo, más bien se tendrían que realizar estudios que midiesen la mejora de la capacidad de los formados en el uso de las herramientas de información. Además, debería valorarse su influencia sobre el aprendizaje y las habilidades para la búsqueda de información valiosa. Frente a esto, resulta más viable la evaluación directa de los usuarios que han realizado los cursos sobre los contenidos de los mismos, entendiendo que estos están correctamente diseñados para la consecución de los objetivos que persigue la ALFIN y la formación en CI2.

En todo esto, creo importante que REBIUN llegue a un modelo de certificado homogéneo, que normalice contenidos y que cuente con el aval claro de la CRUE, al estilo de lo conseguido para los idiomas con ACLES. Esta iniciativa puede servir de ejemplo para acciones semejantes en bibliotecas escolares y públicas, aunque ahí su implantación resulte mucho más compleja por obvias razones administrativas y de posibilidades de las propias bibliotecas.

9. Servicios que se adaptan a una realidad digital.

En este punto se plantean como reto específico el «guardar un equilibrio entre privacidad personal y seguridad, al mismo tiempo que se ofrecen nuevos servicios digitales adaptados a las necesidades de los usuarios» ¿consideras que para el logro de este punto no debe estar el bibliotecario y el personal de biblioteca en continua formación que le lleve a liderar los conocimientos en las materias y las herramientas?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

La formación continua de los profesionales debe estar activa en este y en otros muchos terrenos. Los temas de privacidad y seguridad son muy delicados y yo tengo la impresión de que ambos conceptos se están utilizando en ocasiones para obstaculizar la libre difusión de la información. Por ello soy partidario de que las bibliotecas se ajusten escrupulosamente a la legalidad vigente pero no creo que deban ir más allá.

Hilario Hernández (Fundación Germán Sánchez Ruipérez)

El reto de configurar los servicios de las bibliotecas, en el actual entorno digital, como ‘espacios seguros’ para las personas va más allá de la formación de los bibliotecarios. Con frecuencia se dice que la única salvaguarda de la privacidad en el entorno digital es desconectarse. Pues bien, las bibliotecas tenemos la posibilidad (y la obligación) de decirle a nuestros usuarios que usando las bibliotecas están ‘conectados’ y a la vez se respeta totalmente su privacidad. Y eso, a la vez que aprovechamos una relación privilegiada de confianza entre la biblioteca y el usuario, para establecer perfiles, personalizar servicios, rentabilizar, sin criterios comerciales sino sociales, la amplia información que las bibliotecas reúnen sobre sus usuarios.
Además, se trata de un reto que no estoy seguro de que lo estemos con suficiente rigor. Por ejemplo, en el préstamo de libros electrónicos, es preciso despejar las dudas de que la biblioteca se convierta en un intermediario que transfiere datos del uso y del usuario a empresas comerciales.

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

Obviamente. No en vano nuestra cuarta recomendación habla de «perfiles flexibles y cambiantes», «conocimientos diversos», «formación de carácter unitario». Esto es algo que no es patrimonio del bibliotecario, sino que ha pasado a ser una exigencia en muchísimos campos profesionales; quizá es uno de los aspectos más positivos y constructivos de toda crisis. Todo cambia y, o nos adaptamos y reaccionamos al cambio, o nos iremos quedando paulatinamente atrás en un panorama en el que lo primero que cambia son nuestros usuario y sus necesidades. O cambiamos con él, ó será imposible convencerle del valor que tenemos. Eso sí, en esa adaptación no debemos perder el rumbo y ser capaces de volver a educar continuamente al usuario; el pasado, el conocimiento del que somos depositarios (especialmente las instituciones patrimoniales) no debe concebirse como algo «inmovilista, anticuado, pasado de moda» sino también como la fuente, el origen de lo que somos hoy, o que nos recuerda lo que pudimos ser, y gracias a dios no fuimos.

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

Uno de los puntos sobre el que más se insiste en el estudio es sobre la formación que necesitamos los profesionales, cada vez más diversa y compleja. Se puede decir que esto es compartido por buena parte de las profesiones, pero los bibliotecarios tenemos el añadido de que debemos poseer la capacidad de ayudar a esos otros profesionales, o ciudadanos, en su evolución continua. Sin una formación permanentemente actualizada y adaptada a las necesidades, nuestra profesión sí puede devenir superflua. Con ella, podemos seguir siendo herramienta indispensable.

10. Estrategias innovadoras para gestionar fuentes y colecciones híbridas

En este punto como propuesta de avance proponéis la resurrección de la BECYT (Biblioteca Electrónica de Ciencia y Tecnología) que facilite las compras consorciada y la promoción del Open Access ¿Qué posibilidades ves en esta recuperación?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

La BECYT fue una propuesta de la FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) del año 2006 que lamentablemente no se llevó a cabo. Su papel lo asumió de alguna manera Web of Science que, sin embargo, se limita a dar servicio a organismos públicos de investigación, entendidos estos desde una óptica bastante restrictiva. Por ello la resurrección de la BECYT podría permitir un auténtico acceso abierto de la información técnica y científica para todos los ciudadanos.

 

 

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

Se lleva tiempo trabajando, con el liderazgo de REBIUN/CRUE y la FECYT, en la recuperación de un modelo de licencias nacionales. Sería deseable tal vez llegar más allá, con modelos como el portugués b-On o incluso el británico de Jisc, creado desde la propia necesidad y convicción de cooperación de las bibliotecas universitarias, y que aporta valor añadido. No obstante, cualquier paso en este sentido es interesante. Resulta paradójico como la crisis presupuestaria puso en dificultades este tipo de proyectos (incluyendo a los propios consorcios), en vez de reforzarlos, pero es un camino por el que necesariamente debemos caminar.

¿Y en la de la creación de un Plan Nacional de digitalización y preservación?

Javier Docampo (Museo Nacional del Prado)

En este tema el papel de la Biblioteca Nacional debe ser esencial. Asumiendo sus funciones como cabecera del sistema español de bibliotecas debe ser la BN la que coordine y lidere todos los esfuerzos que sobre este tema se hagan en España. Creo que es mejor que sea un órgano profesional, poseedor además de los mayores repositorios analógicos y digitales del país, quien asuma por encima de otras instituciones públicas este asunto.

Hilario Hernández (Fundación Germán Sánchez Ruipérez)

Se trata de propuestas que pueden tener una gran repercusión en el mundo académico y de investigación. Por lo demás, la reciente Declaración de Lyon, promovida por IFLA, pone en primer término la estrecha relación entre el acceso a la información y el desarrollo; se trata de una declaración que se pretende sea asumida por la ONU, pero que es también un marco idóneo para promover el acceso abierto y democrático a la información en las leyes y políticas de ámbito nacional.

Isabel Bordes (Biblioteca Nacional de España)

Las posibilidades de mejora en materia de cooperación en uno u otro sentido están siempre ahí; se necesita un motor que ayude a impulsar y materializar estos planes. Eso sí, no basta con atribuir roles y nuevas misiones que pudieran desprenderse de manera lógica de los nombres de nuestras instituciones. Los retos que se plantean en estos campos son muchos, y para poder hacer frente a ellos se debe dotar a los responsables de una capacidad de actuación, unas infraestructuras y unos recursos que permitan poner en marcha la maquinaria. Quizá incluso debieran crearse organismos nuevos que coordinen labores tan fundamentales, pero que cuenten con una infraestructura y fuerza propias, y no que se «desvistan santos, para disfrazar a otros».

José Pablo Gallo (Universidad de Alicante)

En España se ha trabajado mucho y bien sobre la digitalización, en un punto en el que quiero destacar especialmente la normalización que han supuesto las convocatorias de ayudas lanzadas desde la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria. Junto con el trabajo realizado por la Biblioteca Nacional y otras instituciones como REBIUN, se han puesto las bases para lanzar un gran plan nacional de preservación y digitalización. Debería recoger iniciativas magníficas, a pesar de alguna sombra, como el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico; y coordinar los esfuerzos de las diferentes instituciones de la memoria. Es evidente que la diversidad de entidades y administraciones implicadas dificulta una iniciativa semejante, pero parece viable dado el grado de estandarización existente.

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