Profesionales de la información: Is Spain different?

Fátima García LópezVirginia Ortiz-RepisoVirginia Ortiz-Repiso Jimenez
y Fátima García López

En diciembre, en la Jornada Actualízate 2017, Blanca nos propuso coordinar un debate sobre la percepción, visión y cambio en la forma de ver la profesión de los especialistas en información que han realizado estancias de trabajo o que trabajan actualmente fuera de España. El debate nos pareció que podría ser una buena manera de volver a hablar sobre las diferencias que puedan existir entre España y otros países desarrollados.

Desde el comienzo quisimos contar tanto con profesionales (practioners) como con docentes e investigadores (researchers). Para ello, nos pusimos en contacto con compañeros de los que teníamos constancia de que habían realizado diferentes experiencias en centros europeos o americanos. En la medida de lo posible, hemos intentado contar con profesionales de diferentes ámbitos: bibliotecas, universidades, organismos oficiales e incluso un estudiante que ejerce la profesión. Y con diferente formación para que, de esta manera, hubiera variedad de puntos de vista.

Queremos hacer una pequeña presentación de cada uno de ellos con el fin de contextualizar sus intervenciones. Debemos subrayar que, desde el primer contacto, todos manifestaron su interés en participar en este debate de la SEDIC. Desde aquí damos las gracias a todos por sus interesantes reflexiones que nos hacen revisitar una vez más un debate, ya clásico, entre nosotros.

Ramón Abad
Licenciado en Historia y Máster en Biblioteconomía y Ciencia de la Información por la Universidad de Long Island (Nueva York). Ha pasado por todos los escalones del funcionariado, comenzando su andadura profesional como auxiliar de bibliotecas en la Universidad de Zaragoza hasta convertirse, actualmente, en director de la misma. En 1993, llega a Nueva York para ocuparse de la biblioteca del Instituto Cervantes en dicha ciudad, posteriormente, en 2003, se traslada, también como jefe de biblioteca, al Instituto Cervantes de Londres.
Agustí Canals
Licenciatura y Máster en Ciencias Físicas, MBA y Doctor en Management Sciences por ESADE (Universitat Ramon Llull). Ha realizado también estudios de postgrado en las universidades norteamericanas de Penn State y Syracuse. Actualmente, es profesor agregado de los Estudios de Economía y Empresa en la Universitat Oberta de Catalunya, donde dirige el máster de Gestión Estratégica de la Información y el Conocimiento en las Organizaciones.  Ha sido profesor visitante en diferentes universidades de USA y UK: Universidad de Warwick, Universidad de Pennsylvania y en la Universidad de Oxford.
Tony Hernández
Licenciado y Doctor en Ciencias de la Información. Profesor titular del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid desde sus inicios en el curso 1989-1990. Ha realizado diferentes estancias de investigación en las universidades de Drexel (Filadelfia), UCLA, Princeton, Puerto Rico y Nova de Lisboa.
Daniel Montes
Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla y en Documentación por la UOC desde 2007. Actualmente, es alumno del Máster en Bibliotecas y Servicios de Información Digital de la UC3M. Trabaja en la unidad de Research Services de University College Dublin, y más concretamente en UCD Digital Library. Anteriormente, trabajó en el Irish Virtual Research Library and Archive (IVRLA) y en el proyecto Fuentes de la Autonomía de Andalucía del Centro de Estudios Andaluces.
María Jesús del Olmo
Como a ella le gusta definirse, es una bibliotecaria convencida y activa en redes sociales. Desde 2013, es la responsable de comunicación digital y del programa de centros de difusión cultural de la Embajada de EE.UU. en Madrid. Entre 1996 y 2013 dirigió el Centro de Recursos Informativos de la Embajada. Antes trabajó en SENER, Ingeniería y Sistemas como archivera y bibliotecaria; en la Frick Art Reference Library de Nueva York, en un proyecto de investigación; en la Real Calcografía, en la Biblioteca Nacional y en el Archivo Histórico Nacional catalogando estampas, mapas y dibujos. Ha sido miembro de la junta directiva de SEDIC y actualmente es socia de APEI.
Cristóbal Urbano
Doctor, Licenciado en Geografía e Historia y Diplomado en Biblioteconomía y Documentación. Profesor, desde 1992, de la l’Escola Universitària Jordi Rubió i Balaguer, actualmente de la Facultat de Biblioteconomia i Documentació de la UB.  Ha realizado estancias en la Kent State University (Ohio).

Como podemos observar todos se han formado en áreas muy diversas.

El debate está estructurado en tres apartados que hacen referencia, por un lado, al reconocimiento social y profesional, por otro, a la formación e investigación y, por último, al mercado laboral. A continuación, vamos a sintetizar los aspectos y opiniones más relevantes de los temas analizados. Al final del documento se pueden leer las respuestas originales de cada uno de los participantes.

1. Reconocimiento social y profesional

Para recabar opiniones sobre este aspecto, se les formuló la siguiente pregunta:

En tu experiencia, ¿has notado que existan diferencias entre el reconocimiento social y profesional entre España y otros países que conozcas? Por ejemplo, estereotipos, visibilidad.

La opinión generalizada es que en todos los países existe un insuficiente reconocimiento social y profesional. También, los mismos estereotipos en todos ellos. Pero… en diferentes grados. La mayoría coincide en que esta falta de visibilidad es mucho más acusada en España que en los países anglosajones y escandinavos. Por ejemplo, Cristobal Urbano, pone de manifiesto que, en un debate sobre estereotipos y visibilidad profesional, la revista Forbes incluyó en junio de 2012 “los Masters en Library and Information Science (MLIS) entre los peores en términos del remuneración y carrera profesional a largo plazo, en un artículo titulado “The Best And Worst Master’s Degrees For Jobs”, en el que entre otras cosas se decía: “…the low pay rank and estimated growth rank make library and information science the worst master’s degree for jobs right now.” En cierto sentido, la imagen idealizada que tenemos sobre la valoración de la profesión en países como Estados Unidos, cuando se contrasta con la realidad, no se mantiene. No obstante, no todas las percepciones son iguales, Agustí Canals y Mª Jesús del Olmo subrayan que sigue existiendo una gran visibilidad de las bibliotecas y sus profesionales.  En lo que la mayoría coinciden es que el movimiento asociativo en España es prácticamente inexistente, frente a las asociaciones tan poderosas como pueden ser la ALA, ASIS&T, etc., principalmente, en USA.

Se subraya, también, la importancia de la función social de las bibliotecas, lo que demuestra que la cultura bibliotecaria es mucho mayor en estos países. Solo tenemos que pensar, como señala Urbano, en el movimiento Free Public Libraries del siglo XIX en América, que coincide con la percepción de María Jesús del Olmo, remarcando que lo consideran, muchas veces, como el “único servicio plenamente público que existe en la nación”. Ahora bien, en nuestros días, esta situación, creemos, que está cambiando y las bibliotecas están luchando por no perder su importancia y reconocimiento, esto ocurre en países con una gran cultura bibliotecaria como son EE.UU. y Reino Unido. Programas como “Wash and Learn”  son una buena prueba de ello.

2. Formación e investigación

En este apartado se recogen las opiniones sobre tres aspectos básicos: la formación, los perfiles profesionales y la investigación.

Qué diferencias has notado, si has notado alguna, entre la formación que reciben los profesionales de la información: planes de estudio universitarios, formación continua, número de alumnos en las aulas, titulaciones predominantes (grados o másteres), etc.

La mayor versatilidad y apertura de los planes de estudio es un componente diferenciador con los países anglosajones. Esta es la opinión mayoritaria (Abad, Canals, Hernández, Urbano y Olmo). Además, algunos señalan que es más adecuado que exista una formación de máster que una de grado ya que la profesión se enriquece con perfiles de distintas áreas temáticas. Para Tony Hernández y María Jesús del Olmo, los planes de estudio están menos marcados por la tradición y, como señala Ramón Abad, muchas veces dirigidos a los propios programas de oposiciones con sesgos más tradicionales: “los temarios de oposiciones marcaron los contenidos de muchos programas docentes cuyas titulaciones se ajustaban a las exigencias de los diferentes cuerpos de funcionarios (ayudantes y facultativos)”.

Hernández, precisa que “En el resto de los países europeos, Canadá, EEUU o Australia, los planes de estudio siempre han sido mucho más abiertos y los alumnos tenían una mayor libertad de configurarse su propio perfil”. Señalando, también, “que la homogeneidad de los estudios no fue favorable. Hoy cree que, poco a poco, cada escuela o facultad va buscando un perfil propio que la diferencia de las demás”.

Nuestros perfiles profesionales están en constante evolución y cambio, ¿crees que España se adapta bien a los aspectos más novedosos de la profesión? Por ejemplo, acceso abierto, datos de investigación, información digital, servicios digitales. ¿Los servicios que ofrecen las bibliotecas españolas (entendidas en su sentido amplio), son similares a los que se ofertan en otros países?

Todos los participantes coinciden en señalar que, a pesar de las grandes diferencias económicas, los servicios de las bibliotecas españolas son similares a los de otros países, especialmente en las bibliotecas universitarias. Ramón Abad apunta una idea muy interesante: “las tecnologías han igualado a las bibliotecas, a pesar de las enormes desigualdades económicas”. Lo mismo piensan del nivel de conocimientos de los profesionales españoles que todos consideran equiparable a los profesionales internacionales. Algunos participantes, como Agustí Canals, sostiene que hay que intensificar aspectos más “de frontera” como la gestión del conocimiento, la inteligencia competitiva, la economía de la información o los sistemas de información. En este sentido, Tony Hernández apunta que la burocracia española hace que cambiar los planes de estudio se ralentice. Mientras que Daniel Montes opina que en España se “peca de complejo de inferioridad”

España ocupa uno de los primeros puestos en Europa, en cuanto a artículos científicos en el área de Information & Library Science, en el JCR. ¿Crees que la financiación pública y privada para realizar proyectos de investigación es distinta a la de otros países? ¿Cuáles son las diferencias?

Este hecho es considerado como “un milagro” (Canals y Hernández) o como “El ingenio se agudiza ante la adversidad” (Hernández). Todos coinciden en destacar el gran esfuerzo de nuestros profesionales y la falta de inversión tanto pública como privada. En otros países, especialmente EE.UU., aunque se hayan producido recortes presupuestarios, la situación es bien distinta y la inversión en investigación es mucho mayor que en el nuestro. No se olvidan tampoco de señalar el apremio por publish or perish al que los investigadores españoles se ven sometidos.

3. Mercado laboral

¿Crees que existen muchas diferencias con otros países respecto de: salarios (equiparación con otras categorías profesionales similares), sistemas de acceso al mercado laboral, grado de empleabilidad, acreditaciones profesionales por asociaciones de reconocido prestigio (ALA, por ejemplo) que requieren los empleadores, movilidad…

Este apartado es el que arroja las mayores diferencias entre nuestra realidad y otros países, especialmente los anglosajones. La mayoritaria vinculación del mercado laboral en España con el sector público sería la diferencia marca diferencias más notable. El sistema de oposiciones es una particularidad muy española. En muchas ocasiones, no se requieren unos estudios mínimos y, es más, muchas veces no se requiere formación en el área. La precariedad laboral sería también una seña de identidad. Como señala Daniel Montes, la figura del eterno becario hace, en este caso, que “Spain is different”.  Por no hablar, como señala Ramón Abad, de que en EE.UU. “los candidatos se presentaban a las plazas que correspondían con su cualificaciones y expectativas profesionales, algo muy diferente de la necesidad de opositar o presentarse a cualquier puesto inferior y de encontrarse a doctores candidatos a plazas de conserje; o la búsqueda de duros a tres pesetas que practican muchas empresas españolas del ramo”.

Cristóbal Urbano y M. Jesús del Olmo subrayan, con acierto, que uno de los principales motivos es la falta de asociacionismo profesional tanto en nuestro país como en Europa. No tenemos nada similar a la ALA y la gran implicación de los profesionales americanos no existe entre nosotros. Estos mismos organismos profesionales son los que aseguran unas pautas de sistemas de acceso a la profesión reconocidos por los empleadores.

El mercado laboral, especialmente en EE.UU. y Australia, permite gran movilidad. Es dinámico, competitivo y ofrece más posibilidades. También, como señala Daniel Montes, refiriéndose a Irlanda, “muchas veces lo importante no es tener un título o certificado, sino demostrar que se es capaz de hacer el trabajo. Tiene mucha importancia la carta de motivación y la entrevista”. El CV es el que permite el acceso al mercado laboral y eso crea mayor movilidad (Olmo).

En EE. UU., los salarios son más elevados que aquí, apunta M. Jesús.

En el apartado de comentarios adicionales, M. Jesús del Olmo ha querido resaltar, el compromiso social, activismo, resistencia y protesta contra la autoridad que mantiene el colectivo bibliotecario en EE.UU. que no encuentra parangón en nuestro país. La falta de espíritu asociativo, también se ve reflejada en este caso.

4. Llega la hora de concluir

Esta conversación exigiría, para su enriquecimiento, más y más palabras de ida y vuelta, pero es una buena representación de lo que pensamos y percibimos muchos.

No podemos concluir de otra forma que dando respuesta a la pregunta inicial: Is Spain different? No es una pregunta que se pueda contestar con un SÍ o un NO claro y rotundo, debemos matizar.

  • Reconocimiento social/profesional, estereotipos y visibilidad: hay ciertos grados de diferencia, por la tradición cultural, pero podemos decir que Spain is not different or not so much different.
  • Formación: estamos a la altura en contenido, aunque seamos más lentos burocráticamente. Los másteres, poco a poco, se van imponiendo y son los que se mantienen mejor en número de alumnos. Spain is not different.
  • Adecuación de perfiles profesionales y servicios: en las bibliotecas universitarias somos totalmente equiparables, por lo menos en el ámbito de las bibliotecas universitarias. La situación de las públicas difiere algo más y de las escolares… mejor no hablamos. Spain is not different.
  • Investigación y financiación pública/privada: hacemos milagros. Definitivamente, en este caso, Spain is different.
  • Mercado laboral: ¡ay!, este es el aspecto más doloroso, y acorde con el país. Aquí, sí que Spain is different.

Si utilizamos un símil deportivo, pues el resultado es 3-2. Luego España es medianamente diferente, esperemos que estas diferencias puedan, subsanarse. La causa no son los profesionales (dan lo mejor de sí y de su imaginación), las causas vienen de la tradición cultural, de la sociedad actual y de las políticas que se llevan a cabo.

Spain is slightly different

RAMÓN ABAD

1. Reconocimiento social y profesional

En tu experiencia, ¿has notado que existan diferencias entre el reconocimiento social y profesional entre España y otros países que conozcas? Por ejemplo, estereotipos, visibilidad.

Soy de los que piensan que a veces tu profesión dice más de ti que tu pasaporte. Aunque a veces las apariencias digan lo contrario, en un grupo de bibliotecarios de diferentes países se crea enseguida entendimiento y consenso. Y como en ningún país trabajamos en las bibliotecas para amasar fortunas, siempre hay una cierta sensación de falta de reconocimiento laboral, pero más en nuestros entornos laborales (instituciones y empresas) que en la sociedad, donde somos conscientes de nuestra buena imagen en general. La diferencia principal que observo entre los profesionales de España y de los Estados Unidos no son los conocimientos o los métodos de trabajo, sino la actitud: hay por lo general una mayor proactividad en los estadounidenses, que se crecen más frente a la adversidad y se buscan la vida; son menos “quejicas” que en España, donde es abundante el lamento de “la universidad debería…”, “alguien debería…”, esperando que otros tomen la iniciativa y nos señalen el camino.

2. Formación e investigación

Qué diferencias has notado, si has notado alguna, entre la formación que reciben los profesionales de la información: planes de estudio universitarios, formación continua, número de alumnos en las aulas, titulaciones predominantes (grados o másteres), etc.

Sin ánimo de encender polémicas que quedaron zanjadas en España hace más de 30 años, siempre me pareció más adecuado el sistema de estudios de Biblioteconomía de los Estados Unidos, que apuesta por el posgrado (máster) en lugar del grado como titulación exigida para acceder a puestos profesionales. Siempre he pensado que la profesión bibliotecaria y los estudios correspondientes ha estado marcada por las oposiciones y por la ausencia de buenas bibliotecas escolares. Los temarios de oposiciones marcaron los contenidos de muchos programas docentes, cuyas titulaciones (diplomado y licenciado), hasta la adopción del sistema de grados, se ajustaban a las exigencias de los diferentes cuerpos de funcionarios (ayudantes y facultativos). La escasez de una buena red de bibliotecas escolares, con atención profesional y con todo lo que ello implica en el apoyo a las enseñanzas primaria y media, es el motivo de que muchos estudiantes entren en la universidad sin una mínima experiencia como usuarios de lo que es una biblioteca. Y eso marca a los estudiantes y futuros profesores, que durante muchos años han reproducido el mismo sistema. Los programas de formación e competencias informacionales y digitales, de carácter transversal, emprendidos desde la puesta en marcha del Plan Bolonia por las bibliotecas universitarias están siendo decisivos en cambiar esta situación.

Creo que hay un gran futuro en los másteres, pues, en mi opinión, los estudios bibliotecarios son esencialmente aplicados y están fuertemente vinculados a la práctica profesional; asimismo, son muy abiertos y conectan muy bien con muchas otras disciplinas (informática, educación, sociología, historia, etc.). Por ello, siempre me pareció que una formación sólida en una disciplina (científica, humanística, social, jurídica…) y una buena formación como usuario de la información en esa disciplina son bases ideales para complementar con un posgrado en Biblioteconomía capaz de producir profesionales o expertos de la información especializados y de enriquecer las fronteras de la profesión. Hacerlo al revés es también posible, pero creo que es más difícil.

Nuestros perfiles profesionales están en constante evolución y cambio, ¿crees que España se adapta bien a los aspectos más novedosos de la profesión? Por ejemplo, acceso abierto, datos de investigación, información digital, servicios digitales. ¿Los servicios que ofrecen las bibliotecas españolas (entendidas en su sentido amplio), son similares a los que se ofertan en otros países?

Si en algo nos caracterizamos los bibliotecarios es que seguimos los mismos estándares y que siempre hemos sido una profesión que ha evolucionado unida, a pesar de las enormes diferencias económicas, políticas y culturales de los países del mundo. Ya con la biblioteca basada en el libro impreso todos aplicábamos las mismas normas de catalogación y seguíamos –y respetábamos- los estándares de la IFLA sobre espacios, servicios, etc. Con la biblioteca híbrida, la biblioteca digital y el horizonte del acceso abierto la situación no ha cambiado. Si atendemos al contexto de la biblioteca universitaria vemos que los desafíos, las tecnologías, las empresas suministradoras, etc. son prácticamente los mismos y que la necesidad de cooperación –esa gran cualidad tan nuestra- es mayor que nunca. Las tecnologías han igualado a las bibliotecas, a pesar de las enormes desigualdades económicas. También la legislación y los tratados internacionales son más decisivos que nunca. Los profesionales de la información, a través de sus organizaciones, deben trabajar más unidos que nunca para hacer presión en la Unión Europea, en la OMPI y en cualquier foro internacional de decisión sobre los nuevos caballos de batalla de la información que son los datos y el acceso público a la información en cualquier formato y soporte. En este sentido, no me cabe la menor duda de que los profesionales españoles están al nivel de conocimientos y procuran siempre estar presentes en los foros internacionales.

España ocupa uno de los primeros puestos en Europa, en cuanto a artículos científicos en el área de Information & Library Science, en el JCR. ¿Crees que la financiación pública y privada para realizar proyectos de investigación es distinta a la de otros países? ¿Cuáles son las diferencias?

Es muy alentador el éxito de la investigación española en Biblioteconomía y Documentación a pesar de los problemas de financiación que ha padecido la investigación en los últimos años. No cabe duda de que la valía de los investigadores y la solidez de los proyectos han sido decisivos.

La verdad es que yo no he hecho investigación ni en España ni fuera de ella, con lo que no puedo contrastar con mi experiencia. Se, por experiencia propia, de los efectos terribles de los recortes presupuestarios en la adquisición de recursos bibliográficos para la investigación, que nos ha obligado a numerosas cancelaciones de revistas y también conozco las quejas de los investigadores por los recortes a la investigación y por la falta de ejecución de partidas presupuestarias teóricamente dedicadas a investigación en España (lo leíamos recientemente en la prensa).

3. Mercado laboral

¿Crees que existen muchas diferencias con otros países respecto de: salarios (equiparación con otras categorías profesionales similares), sistemas de acceso al mercado laboral, grado de empleabilidad, acreditaciones profesionales por asociaciones de reconocido prestigio (ALA, por ejemplo) que requieren los empleadores, movilidad…

En los Estados Unidos participé en procesos de selección de personal, tanto a un lado como al otro de la mesa y me llamaron la atención algunos detalles que me resultaban chocantes viniendo de España: los candidatos se presentaban a las plazas que correspondían a su cualificación y expectativas profesionales, algo muy diferente de la necesidad de opositar o presentarse a cualquier puesto inferior y de encontrarse a doctores candidatos a plazas de conserje; o la búsqueda de “duros a tres pesetas” que practican muchas empresas españolas del ramo. La sobrecualificación no es bien recibida, se desconfía de la movilidad excesiva, pero se aprecia positivamente la actitud y las ambiciones profesionales de los candidatos, que cuando lleguen a su techo, probablemente buscarán nuevas oportunidades dentro o fuera de la organización. Es una sociedad donde se espera que las personas busquen nuevas metas y techos profesionales. Conocí a personas que a sus 50 años iniciaban sus estudios para obtener el MLIS (Master in Library and Information Science) a fin de dar un giro a sus vidas a través de la profesión bibliotecaria, después de haber pasado gran parte de su vida laboral en un ámbito muy diferente. Es un mercado de trabajo muy dinámico y competitivo y puede ser también muy duro, pues al igual que se financian con generosidad los proyectos con futuro, también se cierran las bibliotecas si no lo tienen. Los dos ámbitos profesionales, el técnico y el de la gestión están más diferenciados, en el sentido de que muchos profesionales deciden no optar por puestos que implican responsabilidades de gestión de personal, a pesar del mejor salario. En el mundo funcionarial español, sin embargo, las direcciones de bibliotecas suelen llegar como premio a un currículum labrado sobre todo a base de conocimientos técnicos y años de servicio. Los sueldos, en las universidades no me parecieron en su momento tan diferentes comparativamente de los españoles y, desde luego, en materia de condiciones laborales y beneficios sociales los bibliotecarios funcionarios españoles están muy por delante de los norteamericanos.

AGUSTÍ CANALS

1. Reconocimiento social y profesional

En tu experiencia, ¿has notado que existan diferencias entre el reconocimiento social y profesional entre España y otros países que conozcas? Por ejemplo, estereotipos, visibilidad.

Por mi experiencia internacional yo puedo hablar sobre todo del caso de los Estados Unidos y, aunque en menor medida, del Reino Unido. Creo que el reconocimiento de los profesionales de LIS en ambos países es bastante más elevado que en España.

Una de las cosas que más me llamó la atención las primeras veces que entré en contacto con profesionales de la información y académicos en universidades americanas fue el gran respeto que se tiene a las bibliotecas como institución. En una sociedad tan competitiva como esa, las bibliotecas se consideran un pilar fundamental para garantizar la igualdad de oportunidades ya que a través de ellas cualquier persona puede acceder a la información que necesite para desarrollar su proyecto profesional, en especial la generada por la administración. Aunque actualmente esa función puede llevarse a cabo perfectamente a través de Internet, el respeto hacia la institución bibliotecaria se ha mantenido. Y además han sido los profesionales de la información los que han jugado un papel fundamental en asegurar que la información sea accesible en línea.

Los tradicionales estereotipos de los bibliotecarios que todos conocemos (o, mejor dicho, de las bibliotecarias, pues suelen ser femeninos) creo que se encuentran de manera parecida en los países anglosajones. Sin embargo, creo que allí incorporan un elemento de admiración profesional que no se encuentra tanto en nuestras latitudes mediterráneas. Las bibliotecarias pueden tener una imagen tópica (serias, discretas, poco carismáticas, etc.), pero nadie duda de la importancia de su función social y de su profesionalidad como colectivo.

En las instituciones académicas en las que he tenido la oportunidad de estar durante algún tiempo, la biblioteca ha sido siempre un elemento relevante, que formaba parte indiscutiblemente del primer “tour” de iniciación para los estudiantes o investigadores recién llegados. No se entiende que un académico pueda realizar su trabajo sin contar con el apoyo de las bibliotecas. Esa gran visibilidad de las bibliotecas y sus profesionales se da mucho menos en las universidades de nuestro entorno. Una anécdota que creo que ejemplifica lo dicho es que en la Universidad de Oxford aún hay mucha gente que se refiere a la tarjeta identificativa que toda persona debe tener en la institución como la “Bod Card”. El nombre viene del antiguo carnet de la Bodleian Library, la gran biblioteca de la universidad, que fue el primer elemento que se utilizó para identificar a los alumnos y profesores de Oxford.

2. Formación e investigación

Qué diferencias has notado, si has notado alguna, entre la formación que reciben los profesionales de la información: planes de estudio universitarios, formación continua, número de alumnos en las aulas, titulaciones predominantes (grados o másteres), etc.

Cuando conocí por primera vez el sistema universitario norteamericano en el ámbito de LIS, a finales del siglo pasado, la diferencia me pareció a mi abismal. Los planes de estudio ofrecían allí contenidos mucho más avanzados, la enseñanza era mucho más participativa y había una oferta de programas de máster y doctorado de gran calidad. Además, se veía el profesional de la información como alguien mucho más polifacético y con gran capacidad de poder hacer aportaciones relevantes en el mundo de la empresa. Una formación de profesional de la información no sólo debía capacitar para ser bibliotecario o archivista, sino también para muchas otras funciones que tienen como foco la información.

Desde entonces creo que la distancia entre nuestras universidades y las norteamericanas se ha reducido considerablemente, gracias al esfuerzo de muchos profesores y profesionales de la información. No obstante, creo que aún deberíamos avanzar más en la línea de apertura y capacidad de adaptación de la figura del profesional de la información. Sólo así se podrá conseguir jugar un papel protagonista en la economía actual, en plano de igualdad con profesionales de otros ámbitos como la gestión empresarial o la informática.

Nuestros perfiles profesionales están en constante evolución y cambio, ¿crees que España se adapta bien a los aspectos más novedosos de la profesión? Por ejemplo, acceso abierto, datos de investigación, información digital, servicios digitales. ¿Los servicios que ofrecen las bibliotecas españolas (entendidas en su sentido amplio), son similares a los que se ofertan en otros países?

Como he dicho antes, creo que en las últimas dos décadas se ha hecho un gran esfuerzo de adaptación a los aspectos novedosos mencionados como el acceso abierto, los datos de investigación, etc. Pero continúa tratándose de aspectos nucleares del sector. Hay que ser un poco más ambiciosos e intensificar aspectos más “de frontera” como la gestión del conocimiento, la inteligencia competitiva, la economía de la información o los sistemas de información.

Creo que los servicios de las principales bibliotecas españolas en líneas generales son bastante homologables a nivel internacional. Tengo más dudas sobre las bibliotecas más pequeñas o las especializadas. Un ámbito en el que creo que hay aún mucho camino que recorrer es en el de la formación y reconocimiento de los bibliotecarios especializados, y en particular los especializados en investigación.

España ocupa uno de los primeros puestos en Europa, en cuanto a artículos científicos en el área de Information & Library Science, en el JCR. ¿Crees que la financiación pública y privada para realizar proyectos de investigación es distinta a la de otros países? ¿Cuáles son las diferencias?

Muy distinta. A mi modo de ver, es casi un milagro que con el nivel de financiación existente se obtengan esos resultados. Es una situación que no se produce solamente en el área de Information & Library Science, sino también en muchos otros ámbitos de nuestra investigación científica. Y me parece claro que ese puesto de honor no será sostenible en el futuro. A diferencia de lo que está ocurriendo en otros países de nuestro entorno, que entienden la importancia del sistema de I+D como fundamental para generar innovación, los recursos públicos dedicados a la investigación científica una vez superada la crisis no aumentan, sino todo lo contrario. Y tampoco ayudan mucho los recursos privados, que continúan siendo mucho más reducidos que en otros países.

3. Mercado laboral

¿Crees que existen muchas diferencias con otros países respecto de: salarios (equiparación con otras categorías profesionales similares), sistemas de acceso al mercado laboral, grado de empleabilidad, acreditaciones profesionales por asociaciones de reconocido prestigio (ALA, por ejemplo) que requieren los empleadores, movilidad…

No poseo el conocimiento suficiente sobre los mercados laborales para dar una respuesta suficientemente fundamentada a esta cuestión. A nivel de impresión, me parece que, como en otros muchos ámbitos de nuestra economía, y especialmente para los más jóvenes, el nivel de precariedad es mucho más elevado en nuestro país.

TONY HERNÁNDEZ

1. Reconocimiento social y profesional

En tu experiencia, ¿has notado que existan diferencias entre el reconocimiento social y profesional entre España y otros países que conozcas? Por ejemplo, estereotipos, visibilidad.

En mi opinión, vayas a los países que vayas, da la impresión de que los estereotipos son los mismos y de que los profesionales de archivos y bibliotecas sienten que no se les reconoce suficientemente su labor. Creo que todos perciben una especie de problema de invisibilidad, entre los políticos, los investigadores y los usuarios en general.

Sin embargo, siendo la misma percepción del problema, el reconocimiento social en los países anglosajones y escandinavos, principalmente, suele ser mucho mayor que en los países más latinos como España. Las causas habría que buscarlas en la distinta concepción del papel de las bibliotecas en cada uno de los países. En los países anglosajones, con funciones más educativas y sociales e involucradas en la comunidad. En el nuestro, más centrado en la conservación y más vinculada a lo cultural.

2. Formación e investigación

Qué diferencias has notado, si has notado alguna, entre la formación que reciben los profesionales de la información: planes de estudio universitarios, formación continua, número de alumnos en las aulas, titulaciones predominantes (grados o másteres), etc.

En España durante muchos años hemos mantenido unos planes de formación demasiado homogéneos entre todas las universidades, mismas asignaturas troncales y obligatorias para los estudiantes, con eso se suponía que se favorecía una mayor movilidad que nunca se llegó a producir. Quizás fuese un modelo válido para los años 90. Hoy creo que, poco a poco, cada escuela o facultad va buscando un perfil propio que lo diferencia de los demás. En el resto de los países europeos, Canadá, EEUU o Australia, los planes de estudio siempre han sido mucho más abiertos y los alumnos tenían una mayor libertad de configurarse su propio perfil.

En mi opinión, la diferente estructura de financiación de las universidades condiciona las apuestas por las titulaciones predominantes. En nuestro país, el número de alumnos es un factor fundamental para la financiación y, por tanto, todas las universidades buscan atraer al mayor número de estudiantes posibles. Eso significa: más titulaciones de grado de las deseables, número de estudiantes por encima de lo que el “mercado” y el sector público puede asimilar, etc. Y ahora, con la falta de estudiantes en el grado, se produce una enorme inflación del número de máster.

Nuestros perfiles profesionales están en constante evolución y cambio, ¿crees que España se adapta bien a los aspectos más novedosos de la profesión? Por ejemplo, acceso abierto, datos de investigación, información digital, servicios digitales. ¿Los servicios que ofrecen las bibliotecas españolas (entendidas en su sentido amplio), son similares a los que se ofertan en otros países?

Como siempre, la situación es diversa. No se puede hablar lo mismo de la adaptación de perfiles en bibliotecas públicas que el de bibliotecas escolares (en nuestro país yo diría que prácticamente no existen) o con bibliotecas de investigación. La burocracia para cambiar planes de estudio es larga, compleja y tediosa y los cambios no se acometen a la velocidad que debiera. Así y todo, no creo que las diferencias de perfiles sean exageradas.

En general, diría que las bibliotecas intentan ofrecer servicios más o menos similares a los de otros países. Resulta muy difícil comparar cuando tanto las diferencias en cuanto el personal como a los presupuestos anuales son tan estratosféricamente diferentes entre nuestro país y los países de nuestro entorno.

España ocupa uno de los primeros puestos en Europa, en cuanto a artículos científicos en el área de Information & Library Science, en el JCR. ¿Crees que la financiación pública y privada para realizar proyectos de investigación es distinta a la de otros países? ¿Cuáles son las diferencias?

¡Ja! En nuestro país la cultura de la financiación privada es muy baja, por no decir inexistente. Muy vinculada al negocio bien en salud, energía o en actividades socio-culturales que otorguen “visibilidad”. La financiación privada para investigación en nuestro campo se debe considerar, cuando menos, muy baja. La situación es muy diferente a los países anglosajones, en donde las empresas se acercan a la universidad para financiar proyectos en los que puedan trabajar estudiantes que luego pueden ser contratados y en donde tienen una visión a largo plazo, algo de lo que carece la empresa privada en España.

En el sector público la situación es parecida, no hay más que mirar las diferencias de presupuestos entre los países. España se encuentra a la cola en cuanto a inversión en investigación desde hace ya algunos años. Mirar proyectos como el JISC en Inglaterra o las concesiones del IMLS en Estados Unidos solo producen envidia. La situación en cuanto a artículos publicados en JCR, propiciado por la presión para publicar (cantidad en vez de calidad) de los sexenios, en nuestro campo y en otras áreas científicas, solo se puede calificar de “milagro”. El ingenio, que se agudiza ante la adversidad.

3. Mercado laboral

¿Crees que existen muchas diferencias con otros países respecto de: salarios (equiparación con otras categorías profesionales similares), sistemas de acceso al mercado laboral, grado de empleabilidad, acreditaciones profesionales por asociaciones de reconocido prestigio (ALA, por ejemplo) que requieren los empleadores, movilidad…

El mercado laboral en el sector está muy vinculado al sector público, eso implica unos sistemas de acceso, basado fundamentalmente en oposiciones, que muchas veces cumplen requisitos formales, pero no de competencia de los profesionales. Por no hablar del problema de convocatorias realizadas por ayuntamientos y otras entidades públicas en donde ni siquiera se requieren unos estudios mínimos, así que, de acreditaciones, del prestigio de las universidades o del puesto del candidato en su promoción como factor a considerar por los empleadores públicos, ni hablamos. El problema de los salarios y la movilidad no es algo distintivo del sector. Hay diferencias salariales evidentes entre un bibliotecario francés y uno español, pero también entre un profesor o un médico francés y otro español. Sí, Spain is different, para lo bueno y para lo malo.

DANIEL MONTES

1. Reconocimiento social y profesional

Lo de los estereotipos creo que es algo universal. El típico comentario de “trabajando en una biblioteca, estarás todo el día leyendo”, o “no sabía que había que hacer una carrera para trabajar en una biblioteca”, lo he escuchado tanto en España como en Irlanda.

En mi experiencia, en Irlanda, los profesionales de LIS están más reconocidos social y profesionalmente. Creo que una razón puede ser el que existe menos confusión terminológica, ya que se suele usar el término “librarian” que es menos ambiguo que el de documentalista.

Dicho esto, las bibliotecas universitarias son mucho más visibles en Europa continental, ya que están abiertas al público general, mientras que en Irlanda y UK, solo puede acceder la comunidad universitaria.

2. Formación e investigación

Aunque sea injusto generalizar, en las universidades españolas creo que todavía es muy habitual encontrar profesores que le dan mucha importancia a memorizar. En Irlanda y otros países se valora más que el alumno sea capaz de producir “essays” (o ensayos) citando adecuadamente, etc.

En Irlanda, solo hay una universidad que ofrece titulaciones en LIS. Hace un par de años, el departamento cambió el nombre de School of Information and Library Studies a School of Information and Communication Studies. Tan solo ofrece una asignatura para estudiantes de grado, el resto son diplomas o másters de posgrado.

Los irlandeses que quieren sacarse una titulación a distancia, recurren a universidades británicas. En los últimos años, al igual que en España, se nota un aumento de estudiantes extranjeros, muchos de ellos provenientes de China. Hasta el punto de que mi universidad ha abierto un campus en China y algunos colegas de la biblioteca han ido alli a dar talleres sobre el uso de recursos bibliotecarios.

En cuanto a la formación contínua, en Irlanda suelen haber muchos eventos presenciales en forma de talleres o conferencias. La principal diferencia con respecto a España es que estas formaciones suelen ser en horario de trabajo, raramente por las tardes o fines de semana. Muchos de estos talleres son en el Reino Unido y no es raro viajar a Londres para una formación y volver el mismo dia. Los bibliotecarios universitarios suelen tener una asignación anual para asistir a congresos, etc. En mi universidad, además, si llevas trabajando más de tres años, pedes hacer gratuitamente cualquier curso impartido en la universidad que guarde alguna relación con tu trabajo.

No existe muchas organizaciones que impartan cursos a distancia de la calidad de los ofrecidos por asociaciones como SEDIC.

No veo una gran diferencia en cuanto a servicios ofrecidos por las bibliotecas, al menos las universitarias que son las que mejor conozco. En mi universidad, recientemente se ha empezado a promocionar el espacio físico de la biblioteca y algunos servicios que están teniendo mucho éxito son el Writing Support Centre y el Maths Support Centre, que son servicios que ofrece la biblioteca en colaboración con otros departamento de la universidad, pero con gestores que no son bibliotecarios.

Contrariamente a lo que que se suele decir, mi percepción es que en España, las bibliotecas universitarias son bastante productivas, disponen de menos recursos, pero ofrecen servicios muy similares a los que se ofrecen en otros países.

Creo que en España, se presta más atención a los nuevos perfiles profesionales. He escuchado hablar más de “community manager” o “content curator” en España que en Irlanda.

No creo que los estudiantes irlandeses de LIS salgan de la universidad mejor preparados que los españoles. A veces, creo que en España se peca de complejo de inferioridad. Los conocimientos técnicos, por ejemplo, creo que donde de verdad se adquieren es con la experiencia que da la práctica diaria y remunerada.

Si hay algo por lo que “Spain is different” es por la figura del eterno becario, que es una de las cosas que mas ganas dan de llorar cuando se echa un vistazo a las ofertas de trabajo que aparecen en las listas de correo españolas para profesionales de nuestro sector.
 

3. Mercado laboral

Las condiciones laborales en Irlanda son mejores, sin embargo la crisis económica también se ha notado muchísimo. Irlanda, al igual que España, forma parte de lo que despectivamente se ha venido llamando el grupo de los PIGS y también ha sufrido enormemente las políticas de austeridad y recortes del gasto público.

Al igual que en España, los trabajos más interesantes en nuestro sector son públicos, y aunque últimamente la situación empieza a mejorar y a haber más oferta, quien entra ahora en el sector público, lo hace en unas condiciones mucho peores: salarios más bajos, menos días de vacaciones, temporalidad, etc.

En Irlanda, lo importante no es tener un título o certificado, sino demostrar que se es capaz de hacer el trabajo. Tiene mucha importancia la carta de motivación y la entrevista. No existen oposiciones como en España, y tan solo para trabajar en bibliotecas públicas hay que hacer unos tests psicotécnicos y pasar un exámen de irlandés.

En mi experiencia, no existe mucha relación entre la biblioteca universitaria y el departamento de LIS. Se nota una división importante entre “researchers” y “practicioners”.

En ambos países, los trabajos más interesantes son públicos, pero la oferta es escasa y en el caso de España, el sistema de acceso es burocrático y poco eficaz, solo hay que echar un vistazo al temario de las oposiciones en España.

Una diferencia, es el poder de las “Research Offices” universitarias (equivalente a las OTRI), cuyos recursos han crecido mucho en los últimos años. En este sentido, hay muchos servicios duplicados y tensiones entre estas y las bibliotecas universitarias por ver quien se lleva financiación para ofrecer un servicio u otro.

Como en otras profesiones, en la nuestra veo muestras de etnocentrismo (por ejemplo, los profesionales anglosajones solo van a congresos y conferencias de habla inglesa) y un cierto complejo de inferioridad por parte de los profesionales hispanohablantes.

Mª JESÚS DEL OLMO

1. Reconocimiento social y profesional

En tu experiencia, ¿has notado que existan diferencias entre el reconocimiento social y profesional entre España y otros países que conozcas? Por ejemplo, estereotipos, visibilidad.

Sí, ¡he notado grandes diferencias! Creo que el prestigio que tienen las bibliotecas y sus profesionales en EE UU es mayor que en España y creo que va unido a la tradición anglosajona de acudir a la biblioteca como recurso habitual para resolver problemas de información. Además no me cabe duda de que el poder de las asociaciones contribuye a ello. Los estadounidenses valoran muy positivamente sus bibliotecas que están imbricadas en la vida de la comunidad local y los ciudadanos conocen perfectamente la cantidad de dinero de sus impuestos que se dedica a la biblioteca pública porque está desglosado en sus nóminas. Además son consultados periódicamente sobre posibles ampliaciones o recortes de fondos para la biblioteca y otros servicios, algo que desde España nos sorprende (cosas que conlleva una larga tradición de democracia directa). En EE UU están orgullosos de sus bibliotecas y muchas veces comentan que es el único servicio plenamente público que existe en la nación.

Creo que aquí vamos avanzando hacia una mayor y mejor consideración de las bibliotecas y en muchas ciudades ya los ciudadanos ponen los servicios bibliotecarios como los mejor valorados; eso es buena señal.

2. Formación e investigación

Qué diferencias has notado, si has notado alguna, entre la formación que reciben los profesionales de la información: planes de estudio universitarios, formación continua, número de alumnos en las aulas, titulaciones predominantes (grados o másteres), etc.

Creo que en EE UU la adaptación de los planes de estudios a la realidad laboral es vertiginosa y está menos marcada por la tradición. Cuando me enteré de que en algunos centros universitarios ya no estudia catalogación me dio un verdadero subidón.

Nuestros perfiles profesionales están en constante evolución y cambio, ¿crees que España se adapta bien a los aspectos más novedosos de la profesión? Por ejemplo, acceso abierto, datos de investigación, información digital, servicios digitales. ¿Los servicios que ofrecen las bibliotecas españolas (entendidas en su sentido amplio), son similares a los que se ofertan en otros países?

Creo que España es más lenta en adaptarse. Solo en algunos centros pequeños tienen más libertad para experimentar.

España ocupa uno de los primeros puestos en Europa, en cuanto a artículos científicos en el área de Information & Library Science, en el JCR. ¿Crees que la financiación pública y privada para realizar proyectos de investigación es distinta a la de otros países? ¿Cuáles son las diferencias?

Creo que en EE UU no hay miedo a aceptar financiación privada; eso tiene su lado positivo y su lado negativo, pero indudablemente es un modelo más flexible y en algunos casos claramente beneficia a las bibliotecas. Otro asunto que siempre nos pasma desde España es la cantidad de fondos que dedican a la investigación en EE UU en general, no solo en nuestro ámbito.

3. Mercado laboral

¿Crees que existen muchas diferencias con otros países respecto de: salarios (equiparación con otras categorías profesionales similares), sistemas de acceso al mercado laboral, grado de empleabilidad, acreditaciones profesionales por asociaciones de reconocido prestigio (ALA, por ejemplo) que requieren los empleadores, movilidad…

Creo que sí hay diferencia, sobre todo porque la profesión bibliotecaria no está formada mayoritariamente por funcionarios con salarios estipulados. Habitualmente los salarios son más elevados en EE UU que aquí. El acceso al mercado laboral es por CV y eso genera muchas más movilidad. Eso se une también a la tradición estadounidense de cambiar mucho más de empleo, de ciudad, de estado y ¡hasta de sector laboral! El sueño de ser funcionario y de tener un trabajo para toda la vida no es habitual en EE UU.

Una vez más el poder de las asociaciones se muestra a la hora de certificar estudios de Library and Information Science  y es habitual en las ofertas de trabajo que pidan titulados por escuelas certificadas por ALA.

Me gustaría terminar comentando un aspecto que verdaderamente admiro del colectivo bibliotecario de EE UU como es su larga tradición de compromiso social, activismo, resistencia y protesta contra la autoridad y que creo que no encuentra parangón en nuestro país. Hay ejemplos conmovedores y valientes sobre la defensa feroz de los derechos de los usuarios de la biblioteca como el de la negativa a entregar datos de lo que investigaban los lectores, o la presión ejercida por el colectivo bibliotecario a grandes grupos editoriales para que sacaran al mercado libros que habían sido retirados de circulación.  Para ello recomiendo ver los ejemplos que se citan en el libro De volcanes llena: biblioteca y compromiso social, Ediciones TREA, 2007

Nota: las opiniones expresadas en esta entrevista son exclusivamente las de la entrevistada.

CRISTOBAL URBANO

1. Reconocimiento social y profesional

He de decir que las respuestas que puedo ofrecer son fruto tanto del breve período de los cuatro meses finales de 2012 durante los que estuve haciendo una estancia en la Kent State University (Ohio), como del hecho que en general tenemos mucha información publicada sobre lo que sucede en las bibliotecas y servicios de información de los Estados Unidos, que para los que nos formamos durante los años ochenta y principios de los noventa han sido un referente clave a todos los niveles.

Esa doble experiencia se manifestó en un debate sobre estereotipos y visibilidad profesional que estaba bastante vivo entre la comunidad bibliotecaria y académica con la que me relacioné durante mi estancia. En junio de 2012 la revista Forbes incluyó los Masters en Library and Information Science (MLIS) entre los peores en términos del remuneración y carrera profesional a largo plazo, en un artículo titulado “The Best And Worst Master’s Degrees For Jobs” , en el que entre otras cosas se decía: “…the low pay rank and estimated growth rank make library and information science the worst master’s degree for jobs right now.” Para mí, que en buena medida tenía una imagen idealizada del reconocimiento profesional de nuestro ámbito en Estados Unidos, el debate me sorprendió y me descolocó; me hizo ver que quizás salvando las distancias, no éramos tan diferentes.

Ahora bien, también me di cuenta que las distancias eran muy grandes, y en cierta medida insalvables a la hora de hacer comparaciones con nuestra situación. Ante unos problemas similares a los nuestros ellos cuentan con un potencial asociativo y una identidad profesional muy grande, que impulsa tanto la función de lobby  profesional, como la defensa de los derechos de los usuarios mediante una palabra que usan mucho y que no acaba de tener una buena traducción –más allá del problema lingüístico– entre nosotros: advocacy. El comunicado de la American Library Association (ALA) como respuesta al artículo de Forbes , así como lo que me decían al respecto los colegas con los que compartía mi estancia, fueron una buena prueba de ese enfoque identitario y asociativo, que se resumen muy bien en la frase con la que el Presidente de la ALA finalizaba su comunicado: “… if you are looking for a rewarding career that will enable you to make a significant difference in the lives of others and contribute to the health and well-being of our communities (while providing a comfortable standard of living), a master’s degree in library and information science is an excellent choice.”

Esto es, hay problemas de estereotipos y visibilidad que pueden tener una raíz común a los que tenemos nosotros aquí, pero los profesionales y las propias unidades de información han alcanzado un alto grado de organización que marca la diferencia. Un asociacionismo muy potente a todos los niveles, desde asociaciones por tipos de unidades de información a asociaciones en los diversos estados, culminando en organizaciones de alcance federal, como la ALA o la Association for Information Science and Technology (ASIST), que disponen de un potencial que no se puede comparar con ninguna otra asociación nacional de cualquier otro país.

Por otra parte, estaría el hecho de que las políticas en materia de bibliotecas públicas están estrechamente allí ligadas a los procesos de decisión y participación ciudadana en el marco de la política y la sociedad civil local, ya los inicios del desarrollo de las bibliotecas públicas impulsado durante el siglo XIX por el filántropo Andrew Carnegie con su programa de las Free Public Libraries. Un movimiento que uno puede observar materialmente cuando visita bibliotecas públicas: gran parte de los edificios son modernos, pero al lado mantienen renovados y reformulados en muchos casos con valor simbólico los edificios originales. En ellos, como muestra de un servicio muy reconocido y bien asentado en el ADN de la comunidad, destaca el simbolismo de la rotulación Free Library esculpida en piedra,  junto a listas de ciudadanos de toda condición y nivel económico que a lo largo de la historia de la biblioteca han contribuido a hacer realidad esa institución.

En cuanto a las bibliotecas universitarias noté otra gran diferencia con nuestra situación. Gran parte del staff bibliotecario tiene consideración de miembro del cuerpo académico. Ello tiene múltiples efectos, pero sin duda uno de los más destacados tiene una naturaleza intangible pero muy importante de cara a la visibilidad y el reconocimiento:  noté una gran consideración de estos profesionales por parte del profesorado. Si se quiere es una cuestión de status, pero que en el día a día de una universidad tiene múltiples manifestaciones, entre las que estaría el hecho de que muchos bibliotecarios para consolidar su posición laboral han de demostrar, mediante publicaciones en revistas profesionales y académicas, que investigan e innovan en el ámbito de su actividad profesional o de los recursos de información del área de conocimiento especializado en la que se desempeñan como mediadores de la información. No en vano, en la mayoría de los casos, para culminar con éxito la consolidación de su puesto de trabajo han de superar un proceso de Tenure Track and Promotion similar al que tiene el profesorado. Así, el primer día que me entrevisté con el director de la biblioteca de la Kent State University para estudiar mi implicación en un estudio sobre el uso de los e-books, comprobé ese estatus en dos datos relevantes: en la puerta de su despacho decía que era Dean of Libaries y a la entrevista acudí con el acuerdo de una bibliotecaria responsable de servicios técnicos que quería publicar conmigo en ese ámbito, estimulada por estar en un periodo de Promotion, que finalmente he sabido ha comportado que en su tarjeta de visita diga: “Collection Management Librarian, Associate Professor”.

2. Formación e investigación

La diferencia más notable es que en Estados Unidos hace ya más de 60 años que apostaron mayoritariamente por la formación de posgrado para la formación de los profesionales de nuestro ámbito: en lugar de habilitar profesionalmente a undergradute students se optó por un perfil más exigente, que en la práctica implica tener una doble titulación (bachelor y master), esto es, desarrollar la formación profesional con graduate students más maduros y con una mayor cultura de base (habitualmente allí los grados son más generalistas y menos profesionalizadores que en nuestro caso). Esto permite que estemos hablando siempre de personas que van a tener ese nivel formativo de segundo ciclo, en el que combinan una formación previa en grado muy variado, pero de naturaleza disciplinar, con su decisión de enfocar el máster como una especialización profesional o investigadora en el campo de las bibliotecas, la información, la documentación, la gestión de contenidos digitales, el mundo editorial, etc. Una formación de posgrado que también puede tener enfoques especializados según cada universidad y que dada la gran movilidad geográfica del alumnado permite perfiles profesionales variados al haber múltiples combinaciones de grado y posgrados a lo largo de todo el país.

En cuanto a la investigación, realmente el progreso que hemos experimentado en España es muy destacable. Ese fenómeno aquí coincide con un cierto estancamiento “bibliométrico” de la producción científica del personal académico de los Estados Unidos en revistas más clásicas de nuestra área, fruto de la gran transformación digital que está experimentando los frentes de investigación. De todas formas, pude comprobar la mayor inclinación que allí tienen los profesionales a comunicar en publicaciones científicas o profesionales de alto nivel su trabajo de innovación y evaluación, en un momento de trasformación digital en el que esto es especialmente necesario. En nuestro caso creo que el gran salto en número y calidad de las publicaciones del sector académico de la LIS en España ha ido acompañado de una progresiva brecha entre los profesionales y la academia, preocupada ésta por el famoso publish or perish. Ese fenómeno me ha interesado mucho últimamente y lo pudimos comprobar en un trabajo que hemos publicado recientemente titulado “The academic–practitioner gap in Spanish library and information science.” Diría que ante los retos que plantea la digitalización y la sociedad red, la respuesta investigadora en los Estados Unidos tiene un componente práctico y de vínculo con la realidad de las unidades de información, que contrasta con un enfoque de lo que publicamos aquí quizás más orientado a temas de “atractivo” académico.

3. Mercado laboral

Como ya he dicho al principio el tema del asociacionismo profesional es la gran diferencia, tanto por la mayor tradición y fortaleza en Estados Unidos, como por la escala territorial: la implicación de los profesionales americanos en la ALA no tiene equivalente con la que tenemos nosotros con organismos que deberían ser equivalentes en Europa como EBLIDA. Eso tiene su reflejo con un mercado laboral de grandes dimensiones y que permite una gran movilidad. Por otra parte, esa diversidad se rige a escala de todo el país de forma bastante armonizada, con flexibilidad normativa desde el punto de vista legal, pero con reconocimiento de las pautas de sistemas de acceso a la profesión que emanan de organismos profesionales, como podría ser la ALA. En nuestro caso, podríamos decir que respecto a este tema el problema no lo tenemos tanto a nivel español como a escala europea. Así pues, en el aspecto laboral toca reconocer que junto a España, también Europe is different.

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