Los estudios universitarios en Información y Documentación en España

Coordinación:
Jesús Robledano Arillo
Vocalía de Publicaciones de SEDIC

Los profesionales del área de Documentación e Información somos conscientes del profundo cambio a que se está viendo abocada nuestra profesión en prácticamente todos los contextos de trabajo. Las transformaciones profesionales deben ir de la mano con cambios en los modelos formativos. Hemos luchado durante muchos años por dotar a nuestra profesión de títulos universitarios específicos, lo que ha cristalizado en la amplia oferta universitaria de que disponemos en la actualidad. Pero, ¿se está adaptando esta oferta a lo que realmente demanda el mercado profesional?. Para debatir sobre este asunto hemos invitado a Virginia Ortiz-Repiso (Directora del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid.), Ernest Abadal (Decano de la Facultat de Biblioteconomia y Documentació de la Universitat de Barcelona), Juan Carlos Fernández Molina (Profesor catedrático de la Facultad de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Granada) y Josep Cobarsí Morales (Director del Grado de Información y Documentación de la UOC).

1.- Los perfiles de trabajo tradicionales del profesional de la Documentación e Información (archivero, documentalista, bibliotecario) se están desdibujando. ¿Qué tipo de profesional se demanda hoy día y cómo se están adaptando los estudios oficiales a esta demanda? ¿Es todavía válida esta distinción en el sector público y privado?.

Virginia Ortiz-Repiso (Universidad Carlos III de Madrid):

«Los perfiles tradicionales», en nuestra profesión, como en otras que van de la mano de la evolución tecnológica, siempre se están desdibujando. No es nada nuevo. Sólo tenemos que volver la vista atrás para recordar que la palabra que constantemente se repite en publicaciones, congresos e informes es: «el cambio». El papel que representan las bibliotecas, archivos y museos está constantemente evaluándose y redefiniéndose. Los desarrollos tecnológicos y económicos son la clave: siempre han tenido un gran impacto en nuestra área, somos compañeros de viaje. Lo que ocurre hoy en día es que estos cambios se desarrollan a una gran velocidad, reduciendo vertiginosamente el tiempo que transcurre entre las olas tecnológicas.

Los profesionales, en cualquier tipo de servicio de información de hoy en día, tienen una gran oportunidad para redefinirse ya que la innovación digital propicia una extensión de sus funciones. Yo no hablaría tanto de desdibujarse como de la necesidad de renovarse. Los conocimientos que en la actualidad se demandan a los profesionales van ligados por una parte, a la gestión, tratamiento y recuperación de la información digital en todas sus vertientes: revistas y libros digitales, repositorios digitales (investigación científica y objetos educativos), acceso en abierto, discovery tools, servidores web, linked data… Y, por otra, al uso de la vías de comunicación que imperan entre los usuarios: la web social, los dispositivos móviles… Uno de los objetivos fundamentales debe ser acercarnos a la forma en que los usuarios utilizan la información y cómo se comunican. Debemos estar donde ellos están. De otra forma, Google habrá ganado la partida.

En cuanto a la distinción entre el sector público y el privado, quizás siga existiendo en ciertos tipos de bibliotecas y de archivos, pero, por lo general, en mi opinión, las diferencias son cada vez menores: todos están inmersos en las mismas tareas.

Ernest Abadal (Universitat de Barcelona):

Hemos realizado un estudio sobre las casi mil ofertas laborales que ha distribuido el Servicio de Información de Ofertas de Trabajo (SIOF, en sus siglas en catalán) de nuestra Facultad durante los cursos 2009-10 y 2011-12, que nos ha permitido ver la evolución durante estos dos cursos en cuanto a tipo de centro, perfiles solicitados, titulación requerida, etc. Entre otras cosas, se constata un descenso de la demanda de los sectores tradicionales (archivos, bibliotecas y centros de documentación) y un aumento muy notable de peticiones relacionadas con tareas en portales web (SEO, community managers, etc.) un ámbito por el cual también pugnan los profesionales de la comunicación.

Los estudios de información y documentación, en general, creo que se están adaptando a estos cambios ya que, además del grado -que ofrece una formación de carácter generalista-, se dispone de un variado programa de másters y cursos de postgrado que se ajustan aún más a estas necesidades cambiantes.

Juan Carlos Fernández Molina (Universidad de Granada): 

No creo que se demande un único tipo de profesional, ya que depende del entorno en el que se vaya a desarrollar el trabajo. Ahora bien, todos ellos deben conocer cómo se maneja y difunde la información para contribuir a la satisfacción de las necesidades de sus usuarios o clientes. Además, en un mercado de trabajo tan competitivo como el actual, también deben ser muy dinámicos y con gran capacidad de adaptación a un entorno laboral y tecnológico que cambia a gran velocidad. En cuanto a los estudios oficiales, sin duda intentan adaptarse a los cambios del entorno, lo que no significa que deban cambiarse los planes de estudio cada poco tiempo. En cualquier caso, las titulaciones universitarias solo pueden proporcionar la formación básica, por lo que el adecuado desempeño de un trabajo no depende únicamente de la formación recibida en la universidad, sino también de la capacidad del trabajador para adaptarse a las necesidades de los puestos de trabajo concretos que vaya a ocupar y de su predisposición para mantener actualizada dicha formación.

La distinción entre los diferentes perfiles profesionales sigue estando presente en el sector público, aunque en menor medida que hace algunos años. Por el contrario, en el sector privado esta distinción nunca ha tenido gran peso, dado que las empresas no siguen en la categorización de sus trabajadores los rígidos esquemas de las instituciones públicas.

Josep Cobarsí (UOC):

Hace tiempo que la nomenclatura de perfiles profesionales está en cuestión, así como su papel. En este sentido, recuerdo una encuesta a los asociados de SEDIC que consultamos a la hora de diseñar nuestro grado durante el curso 2007-2008. Había quien se identificaba como ‘archivero’, ‘documentalista’, ‘bibliotecario’, otros como ‘gestor de información’. Y el grupo mayoritario era formado por quienes se identificaban con otras denominaciones muy variadas. Intentando responder a estas transformaciones, sobre la base de un perfil generalista en información y documentación que en la UOC comprende las tres cuartas partes de la trayectoria del grado, hemos propuesto cinco itinerarios de optatividad: ‘biblioteconomía y documentación’, ‘gestión de información: gestión documental’, ‘gestión de información: análisis de información’, ‘gestión de información: arquitectura de la información’, ‘gestión de sistemas de información’. Estos itinerarios tienen algunas asignaturas compartidas entre ellos, por lo que no se trata de compartimentos estancos.

Por otra parte, cada vez hay una mayor convergencia entre el sector público y el sector privado, en cuanto a los elementos de gestión necesarios. Aspectos como iniciativa emprendedora, protección de datos personales, responsabilidad social, etc. son importantes sea cual sea la organización.

2.- ¿Hasta qué punto se están adaptando los programas de estudio a las habilidades y conocimientos más demandados en esta área en la actualidad? ¿Los cambios en los planes de estudio son suficientemente ágiles como para acompasarse con la evolución del mercado laboral en estos momentos?

Virginia Ortiz-Repiso (Universidad Carlos III de Madrid):

Los estudios oficiales se adaptaron hace cinco años al entorno europeo de educación superior. Se elaboró un libro blanco que en mayor o menor medida todas las universidades han adoptado. En mi opinión, quizás los cambios aunque fueron muchos no fueran suficientes. En la Universidad Carlos III, y me consta que también en otras, somos muchos los profesores que nos replanteamos un cambio. Pero las cosas no son tan sencillas en nuestro sistema educativo: cualquier reforma en los planes de estudio lleva mucho tiempo desde que se propone a la ANECA hasta qué se verifica y se puede implantar. Lo que hacemos es ir remodelado los contenidos de las asignaturas para ir adaptándolas constantemente al entorno. Por otra parte, hay que señalar que la oferta formativa en la actualidad es mucho más completa y diversa que antes: másteres oficiales, títulos propios, títulos de expertos, etc. que abarcan todos los aspectos de la profesión.

Ernest Abadal (Universitat de Barcelona):

Como es sabido los programas universitarios se basan en la adquisición de competencias, es decir, de los conocimientos y las habilidades que son necesarios para desempeñar la actividad en un entorno profesional determinado. En nuestra Facultad, desde sus orígenes hace casi cien años, tenemos una relación muy directa con la profesión (prácticas, convenios, presencia de profesionales en las aulas, etc.) lo que nos permite conocer rápidamente cómo van evolucionando las necesidades del mercado laboral.

Estos cambios se van introduciendo en los planes docentes de las asignaturas y, si son tan radicales que suponen la introducción de nuevas asignaturas, se pueden incluir éstas en el programa de estudios del grado o máster con mucha facilidad ya que no es necesario pasar por el BOE como antaño. El proceso de variación de los planes de estudio es mucho más ágil en estos momentos.

Juan Carlos Fernández Molina (Universidad de Granada): 

Los planes de estudio han sido modificados recientemente, dado que todas las universidades han tenido que adaptarse al EEES y elaborar los correspondientes planes de estudio de los nuevos grados en Información y Documentación. Mediante el Libro Blanco de Aneca (2005) todas las universidades que impartían estos estudios se pusieron de acuerdo respecto a las cuestiones básicas del nuevo título: perfil profesional, conocimientos y competencias requeridas, contenidos comunes obligatorios, etc. A partir de ahí cada universidad elaboró y puso en marcha su propio plan de estudios, en el que se incluía la parte común consensuada con el resto de universidades y la parte de «libre disposición» para adaptarlo a su perfil propio, teniendo en cuenta las características del entorno y de los recursos humanos de cada una de ellas.

De esta forma, todas las universidades han tenido la oportunidad de aprovechar el cambio hacia el EEES para actualizar sus planes de estudio y adaptarlos a las necesidades actuales.

Los planes de estudio de un título de grado deben incluir los conocimientos básicos para desenvolverse en una determinada profesión o ámbito de conocimiento, por lo que deben tener vocación de estabilidad y permanencia en el tiempo, no se puede -ni se debe- estar cambiando constantemente los planes de estudio. Si los planes de estudio están bien diseñados y los profesores están pendientes de los cambios que se producen en el entorno y en el mercado laboral, pueden ir actualizando y adaptando los contenidos de las asignaturas sin necesidad de cambiar el plan de estudios. Ha habido demasiados cambios en los planes de estudios universitarios en los últimos años, lo que no ha ido precisamente en beneficio de la calidad de la enseñanza.

Josep Cobarsí (UOC):

Recordemos que la normativa española para el diseño de las titulaciones del Espacio Europeo de Educación Superior establece la obligatoriedad de consultar con el entorno (asociaciones profesionales, empleadores, empresas, administraciones, etc.). En este sentido, muchas universidades, entre ellas la UOC, fueron mucho más allá de los mínimos exigidos a la hora de establecer un diálogo con la sociedad al diseñar los nuevos grados. Y ese diálogo se mantiene regularmente para ir actualizando. Ahora bien, también creemos que debemos ser coherentes con el enfoque y estructura general de la titulación una vez establecida, y por tanto hay que evitar bandazos a remolque de ciertas tendencias que pueden resultar efímeras y coyunturales. Una titulación como el grado debe proporcionar una visión amplia, combinada con una selección de aspectos prácticos concretos, todo ello orientado conseguir que nuestros titulados adquieran la capacidad de actualizarse ante los cambios, y de contribuir ellos mismos a los cambios organizativos y sociales. En este sentido, en nuestra universidad hemos incorporado en el tronco común materias como iniciativa emprendedora, redes sociales, gestión del conocimiento e ingeniería del programario. Asimismo el repertorio de optatividad que ofrecemos permite margen de maniobra para acabar de configurar cada estudiante su perfil de forma personalizada y adaptada al mercado laboral.

3.- La crisis económica está afectando al mercado laboral. ¿Qué impacto está teniendo en el acceso de los estudiantes a estas titulaciones?

Virginia Ortiz-Repiso (Universidad Carlos III de Madrid):

Es pronto aún para decirlo. Se entremezclan además tres factores: la crisis, la subida de tasas y el desconocimiento, ya endémico, de la sociedad, de lo que hacemos. Este año, la tasa de matrícula en el Grado se ha sostenido, pero no debemos olvidarnos tampoco que nuestros estudios tienen, también, una tasa alta de abandono y que muchas veces se eligen como segunda opción.

Sin embargo, se da un hecho curioso y significativo, los estudios de Másteres académicos más novedosos no han visto decrecer su matrícula. Estos Másteres van dirigidos, fundamental, pero no exclusivamente, a personas que ya tienen formación en el área. En muchas ocasiones están trabajando y acceden principalmente para poner al día sus conocimientos y para tener nuevas oportunidades de empleo (el aprendizaje permanente es consustancial a nuestra profesión). Pero también hay muchos alumnos que provienen de áreas de conocimiento diferentes y que consideran la profesión como una oportunidad de utilizar sus conocimientos en un medio nuevo y atractivo: el arte de reciclarse.

Ernest Abadal (Universitat de Barcelona):

En mi opinión, tendríamos que distinguir entre el grado y los másters. En el primer caso, el público son los estudiantes de secundaria y, en el segundo caso, los graduados y profesionales de la información.

Desde nuestro punto de vista, el descenso en las matriculaciones al grado de Información y Documentación, muy acusado en los últimos años, proviene fundamentalmente de una falta de visibilidad profesional y no tanto de la crisis económica. En este sentido, podríamos hacer referencia a otras profesiones (por ejemplo, la comunicación) donde la crisis ha actuado con mucha crudeza (despidos, cierre de medios, etc.) y, en cambio, esto no se ha traducido en un descenso de las matriculaciones en los grados de comunicación.

En el caso de los másters, no obstante, sí que hemos constatado que la crisis económica está repercutiendo negativamente en las matriculaciones ya que son unos estudios que se costean, en general, los profesionales en activo.

Juan Carlos Fernández Molina (Universidad de Granada): 

Tras la puesta en marcha de los nuevos títulos de Grado en Información y Documentación se ha producido un incremento en el número de estudiantes matriculados, que había sufrido un importante descenso en los años anteriores. Da la impresión de que ese aumento se debe tanto a la implantación de los nuevos grados como a las actuales restricciones en el mercado laboral. La crisis ha provocado la pérdida de muchos puestos de trabajo de baja cualificación, de manera que ahora un mayor número de estudiantes continúan estudiando e incluso se reenganchan algunos que habían dejado sus estudios prematuramente por la gran oferta de trabajo que existía en sectores que no exigían formación universitaria.

Josep Cobarsí (UOC):

Hoy día cuesta encontrar trabajo con cualquier titulación universitaria. Y sin titulación universitaria, por lo general cuesta más. Pero hay titulaciones distintas de las nuestras, que en épocas de bonanza ya tenían un mercado laboral difícil, imaginaros ahora. Y aún hoy, responsables profesionales de nuestro sector nos expresan oficiosamente su preocupación por la dificultad de cubrir ciertos puestos. La cuestión no es tanto el mercado laboral en general o las capacidades objetivas de nuestros titulados para competir, sino la escasa visibilidad de nuestras titulaciones. Por ejemplo, en un departamento de recursos humanos que gestione un proceso de selección de ‘content curator’, ¿piensan en un graduado en Información y Documentación?. Si no piensan en nuestras titulaciones, tenemos un problema. Y si muchos estudiantes potenciales, a quiénes interesan los temas que tratamos en Información y Documentación, no identifican de entrada nuestras titulaciones como referentes de esos temas, tenemos un problema. Y es una cuestión que va más allá del acceso de estudiantes en un momento dado, y afecta al provecho en las organizaciones y en la sociedad de un conocimiento necesario.

4.- ¿Qué aspectos positivos y negativos ha conllevado la adaptación de los estudios a los nuevos grados y postgrados en el área?

Virginia Ortiz-Repiso (Universidad Carlos III de Madrid):

Esta pregunta está muy unida con parte de la primera. Para no repetirme, señalaré que uno de los aspectos más positivos fue que pudiéramos consensuar entre todos un libro blanco: era la primera vez que se hacía. Las conversaciones que se mantuvieron y el trabajo en común que se realizó sirvieron para marcar unas coordenadas conjuntas de actuación. Entre los aspectos negativos, señalaría lo que yo denomino, con tristeza, la falacia de Bolonia. ¿Se quería hacer realmente una reforma? ¿Contábamos con los medios necesarios para llevarla a cabo? Ha habido algunos cambios pero no todos los deseados, porque contábamos con los mismos medios que antes. La voluntad personal es lo que ha imperado y eso, desde mi punto de vista, es insuficiente para propiciar un cambio en profundidad. En los momentos actuales, todo se vuelve otra vez incertidumbre.

Ernest Abadal (Universitat de Barcelona):

El paso de la diplomatura a grado, con lo que implica de homologación al resto de títulos universitarios, ha sido quizá el principal aspecto positivo. Ya no hace falta cursar dos títulos (diplomatura ByD y licenciatura en Documentación) para disponer del nivel de licenciado. Por otro lado, ahora es también más fácil introducir cambios en el programa de estudios, como ya se ha comentado en la pregunta 2. Además de estas dos cuestiones, no sabría destacar nada más en especial, dado que algunos de los elementos distintivos de los nuevos grados, como por ejemplo, el prácticum, ya estaban incorporados en los antiguos títulos.

Juan Carlos Fernández Molina (Universidad de Granada): 

Como ya se ha comentado previamente, la puesta en marcha de los nuevos grados obligó a las universidades a llevar a cabo un completo análisis de los perfiles profesionales y los conocimientos y competencias requeridas en el entorno actual, lo que resultó muy útil para la puesta al día de los títulos. No obstante, desde mi punto de vista, el antiguo modelo de diplomatura y licenciatura de segundo ciclo era más adecuado. La diplomatura proporcionaba la formación básica para el desempeño profesional, en tanto que la licenciatura permitía ampliar los conocimientos y, sobre todo, la incorporación de personas que ya tenían otra titulación universitaria. Esta formación mixta, en documentación y en otra área de conocimiento, es de gran utilidad para el actual entorno laboral. Con el actual modelo, el papel de incorporar estudiantes con formaciones diversas lo cumple el máster; sin embargo, ni el tiempo, solo un año, ni la forma en que se han diseñado los másteres, facilita que cumplan esa labor de manera satisfactoria. En este sentido, creo que fue un error que en España se optara por el modelo 4 + 1, en lugar del 3 (grado) + 2 (postgrado), que impera en la mayor parte de Europa.

Josep Cobarsí (UOC):

Desde un punto de vista de los estudios, ha supuesto la oportunidad de actualización. En particular, ha supuesto la oportunidad de integrar conocimientos de gestión y de tecnologías que en el entorno actual están inextricablemente vinculados a nuestra disciplina académica y nuestra práctica profesional. Y también ha sido una ocasión para abrirse a nuevos perfiles profesionales, más allá de las unidades de información tradicionales. Hasta qué punto esto se ha conseguido tendremos que irlo examinando en cada una de las facultades. Por otra parte, no parece que se haya conseguido avanzar en los últimos años por lo que respecta a la visibilidad social de las titulaciones de grado y posgrado de Información y Documentación.

5.- ¿Podría definir brevemente en qué estado se encuentra actualmente nuestra profesión y hacia dónde se dirige y qué implicaciones tiene para los estudios universitarios?

Virginia Ortiz-Repiso (Universidad Carlos III de Madrid):

Esta es un poco la pregunta del millón. Rápidamente diría que la profesión se encuentra en un momento de ampliación de sus fronteras que viene marcado por el entorno digital en el que la sociedad se desenvuelve. Lo que se hace o puede hacerse entraña nuevas oportunidades para redefinirse y alcanzar un mayor protagonismo en las instituciones.

Hay muchos factores que se pueden mencionar para poder construir un posible rompecabezas, pero señalaré los que a mi juicio me parecen más relevantes y que en parte ya he mencionado en la primera pregunta: Data curation (los bibliotecarios y los profesionales de la información representan un papel principal para ayudar a la comunidad investigadora a diseñar e implementar planes para describir los datos, almacenarlos de forma eficiente, gestionarlos y reutilizarlos); Preservación digital; Educación superior, centrada en cursos online en abierto (MOOCs y OCW); Tecnología de la información principalmente enfocada en servir al usuario en cualquier momento y en cualquier lugar; Las redes sociales; Los servicios adaptados a dispositivos móviles; Los libros electrónicos; Los datos enlazados; Las herramientas de descubrimiento (Discovery tools) que acerquen nuestros recursos a googlelandia; Community Manager; Nuevas formas de gestión en el mundo digital…

Todos estos aspectos afectan tanto al sector público como al privado. Y todos ellos se abordan (o deberían abordarse) de facto en los estudios universitarios, más allá de verificaciones oficiales. La profesión está en continuo cambio y la formación debe adaptarse al mismo ritmo.

Ernest Abadal (Universitat de Barcelona):

La profesión se encuentra en la tesitura de mantener el mercado tradicional (claramente en descenso debido a su vinculación con el sector público) y combinarlo con la ampliación a otros ámbitos (p.e. actividades diversas en portales web) vinculados al sector privado y en competencia con otros profesionales.

Desde las universidades hemos de contribuir a aumentar la visibilidad de nuestros titulados para hacer ver a las empresas de portales web que los profesionales de la información y documentación son capaces de realizar una buena parte de las tareas que ellos necesitan.

Juan Carlos Fernández Molina (Universidad de Granada): 

Da la impresión de que nuestra profesión siempre está en crisis, incluso son frecuentes las opiniones que nos colocan a un paso de la extinción. Esta visión tan negativa tiene su raíz en que el desarrollo tecnológico actual permite que las personas accedan a la información por sí mismas, sin la ayuda de intermediarios profesionales. Esto es indiscutible y, de hecho, en los últimos años se ha producido un cambio drástico en los hábitos de acceso y uso de la información de la población.

Sin embargo, creo que siguen siendo necesarios los profesionales que hacen de intermediarios entre el individuo con necesidad de información y la información misma, aunque sin duda deberán redefinir el contenido de esa labor de intermediación, de manera que siga siendo realmente útil para los que precisan información para el desarrollo de su vida profesional o personal. Evidentemente, los estudios universitarios no pueden permanecer ajenos a estos cambios, por lo que deben tenerlos presentes en la formación de los estudiantes.

Josep Cobarsí (UOC):

Las personas y las organizaciones se encuentran hoy en día en un entorno intensivo en información, que se genera continuamente de forma espontánea. Por lo menos esa sería la creencia generalizada. Más bien se encuentran en un entorno intensivo en datos en bruto, en propaganda o en spam. El papel de los profesionales de información y documentación para garantizar que individual y colectivamente se disponga de una información adecuada es muy importante.

Ello conlleva dos implicaciones principales: una mayor exigencia académica y la necesidad de aumentar la visibilidad social de nuestra disciplina y nuestros estudios.

6.- ¿Qué opinión general tienen los egresados de los estudios oficiales que han cursado en las universidades?

Virginia Ortiz-Repiso (Universidad Carlos III de Madrid):

Que yo sepa no hay estudios recientes sobre este tema desde el punto de vista de los egresados. En el magnífico Estudio FESABID sobre los profesionales de la información: prospectiva de una profesión en constante evolución, tanto los profesionales que han contestado al cuestionario, como los expertos consultados opinan que la formación universitaria no se adapta convenientemente a la demandada por el mercado laboral. Pero es imposible, por la falta de datos, tener una visión general de lo que opina la otra parte «contratante».

La Universidad Carlos III, a través del Servicio de Orientación y Planificación Profesional (SOPP) realiza anualmente un estudio sobre la inserción profesional de los titulados. En el último, realizado en el 2012 (referido a los egresados en 2010), se constata el hecho de que el 78,8% de los estudiantes está muy o bastante satisfecho con la titulación cursada. El 84,3% ha encontrado un trabajo muy o bastante afín con los estudios y el 89,1% volvería a estudiar en la Universidad.

¿Nos pueden decir algo estos porcentajes si los comparamos (en un ejercicio casi imposible) con la opinión de profesionales y expertos? Seguramente sí, pero entraríamos en nuevas preguntas: ¿Deben las enseñanzas universitarias adaptarse al mercado laboral al 100%? ¿Puede la formación recibida permitir a los egresados enfrentarse a la vida laboral con éxito aunque no dominen la especificidad de las tareas? Pero esto podría ser por sí mismo un nuevo debate que exigiría más y más palabras de ida y vuelta.

Ernest Abadal (Universitat de Barcelona):

Nuestra percepción es que tienen buena opinión. El hecho que lo refrenda es que una gran parte de ellos vuelven a solicitar formación en nuestra Facultad ya sea cursando másters o también actividades de extensión universitaria que realizamos a medida para diversas instituciones.

Si queremos información más precisa, podemos recabar los datos de la encuesta «Universitat i treball a Catalunya 2011» elaborada por AQU, la agencia de calidad catalana. Aquí se constata que el 80% de los diplomados de ByD volverían a escoger esta titulación si tuvieran que empezar de nuevo sus estudios universitarios. Se trata de unos valores muy notables que están por encima de la media de los títulos ofrecidos por las universidades catalanas (73%).

Juan Carlos Fernández Molina (Universidad de Granada): 

Para responder adecuadamente a esta pregunta sería necesario hacer una encuesta en la que se preguntara a los alumnos al respecto. En este sentido, el año pasado salió a la luz un estudio realizado en la Universidad de Granada en el que se analizaba la inserción laboral de sus egresados, abarcando todas las titulaciones, y que nos puede servir de referencia.

De los resultados obtenidos respecto a la Diplomatura en Biblioteconomía y Documentación y a la Licenciatura en Documentación hay dos que vale la pena reseñar. El primero hace referencia a que es habitual que los egresados de ambas titulaciones encuentren trabajo en sectores no directamente relacionados con los estudios realizados, algo que se debe en buena medida a la polivalencia que aportan sus conocimientos sobre la gestión de la información. Además, esto no provoca una valoración especialmente negativa, como sí sucede con los egresados de otras muchas titulaciones. El segundo es que estas dos titulaciones se encuentran en la parte media alta del ranking en el que se ordenan las carreras según el porcentaje de alumnos que volverían a elegirla. Se encuentran más cerca de las carreras muy vocacionales, en las que un gran porcentaje volvería a elegirla, que de aquéllas en las que la mayoría no repetiría.

Josep Cobarsí (UOC):

En primer lugar, tengamos en cuenta que en el caso de la UOC, se trata de un colectivo muy plural. Nuestros aproximadamente 1.500 graduados del segundo ciclo de Documentación son muy diversos en cuanto a titulación de acceso, estadio de su carrera profesional, situación geográfica, etc. En general tienen una opinión muy positiva, y mantenemos con muchos de ellos colaboración profesional y académica, y hemos podido constatar su progresión profesional. Creemos que la valoración positiva es en buena parte debida a un planteamiento claramente innovador, y complementario respecto a la diplomatura, haciendo énfasis en aspectos de gestión estratégica de la información aplicables a todo tipo de organizaciones.

Por otra parte, también es cierto que a veces se nos ha apuntado como inconveniente un enfoque excesivamente teórico de nuestro segundo ciclo en algunos aspectos. Estas y otras sugerencias de integrantes de este colectivo las hemos tenido en cuenta en el diseño del grado.

Respecto al grado, nuestra primera promoción es de septiembre de 2012, así que es un poco pronto para hacer valoraciones, salvo la lógica alegría por la obtención del título.

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