Fake news

Evelio Martínez Cañadas

Si hay un tema candente en la actualidad informativa (ya de por sí cargada de temas llamativos), ése es el de las noticias falsas o fake news.

A su eclosión se le han achacado fenómenos tan diversos como por ejemplo: el Brexit, la victoria de Donald Trump, el descrédito de las noticias y los medios de comunicación, e incluso el retorno del fascismo. No es de extrañar que las noticias falsas y su correlato, la posverdad, hayan recibido la atención de analistas de todo tipo en medios de diversa filiación.

A mi entender, las noticias falsas no sólo son un tema de estudio fascinante por sus posibles implicaciones prácticas (algo ya de por sí importante), sino por su naturaleza transversal. Y es que las noticias falsas pueden ser abordadas desde diferentes puntos de vista: comunicación, tecnología, psicología, política, sociología, filosofía, … Cada punto de vista particular arroja nuevas preguntas, nuevas interpretaciones y nuevos problemas por resolver.

Para este CLIP SEDIC dedicado a las fake news hemos optado por intentar reflejar esta diversidad de perspectivas contando con profesionales que nos aporten puntos de vista que no sean exclusivos de la gestión de la información sino de diversas áreas del conocimiento. A cada uno de ellos les hemos realizado dos preguntas. La intención es que el resultado final de todas las contribuciones nos proporcione una instantánea de la compleja situación actual de la lucha contra las noticias falsas.

Nuestros invitados son:

Javier Guallar
Experto en curación de contenidos y documentación periodística, profesor en la Facultat de Biblioteconomia i Documentació de la Universitat de Barcelona (UB) y editor de la revista El Profesional de la Información (EPI).
Alexandre López-Borrull
experto en ciencia abierta, acceso abierto a la ciencia y comunicación científica, profesor de Información y Documentación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), secretario del Col-legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de Catalunya (COBDC).
Sara Martínez Cardama
experta en Bibliotecas Universitarias, Bibliotecas digitales, Centros de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación (CRAI), miembro de ACRÓPOLIS (Análisis de Contenido de Recursos para la Organización y Políticas de Información hacia la Sociedad del Conocimiento) y profesora de la Universidad Carlos III de Madrid.
Aurora Cuevas Cerveró
investigadora en alfabetización informacional, bibliotecas, lectura e inclusión social, profesora titular en la Universidad Complutense de Madrid y directora del  grupo de investigación Biblioteca y Sociedad.
Carlos Mateos Cidoncha
especialista en Social Media y en salud 2.0 y eSalud, director de COM SALUD (agencia de comunicación especializada en salud), editor de La eSalud, Juegos de Salud y COMunicación en SALUD, y coordinador de #SaludsinBulos.

Con nuestros expertos hablaremos sobre:

  • La curación de contenidos y de los curadores de contenidos en la lucha contra las noticias falsas (Javier Guallar)
  • El papel de las bibliotecas y de la alfabetización informacional frente a la posverdad (Alexandre López-Borrull)
  • Aspectos generales en cuanto al clima político y social que se ha asociado a las noticias falsas (Sara Martínez)
  • Cuestiones de corte más filosófico sobre la verdad y en el pensamiento crítico (Aurora Cuevas)
  • Un caso aplicado sobre cómo las noticias falsas pueden afectar a la ciudadanía (Carlos Mateos)

Veremos primero las respuestas de nuestros invitados en su versión íntegra, y finalizaremos el CLIP con algunas breves reflexiones generales.

Javier Guallar: Parece que la automatización es una fuerte apuesta para luchar contra las noticias falsas. Quizá el caso más claro sea el de Facebook, que recientemente ha añadido una funcionalidad con la que pretende alertar a sus usuarios sobre la veracidad de una noticia: el botón contexto. Por otra parte, parece que empresas como Apple apuestan por una mayor presencia humana para realizar el filtrado de noticias que muestra a sus usuarios de Apple News. Así pues el (ya longevo) debate algoritmo vs. humano parece lejos de estar zanjado.

¿Cómo ves el presente (o futuro inmediato) para el “curador” humano de noticias en la lucha contra las noticias falsas?

Mi impresión a nivel general es que el problema de las fake news (o de la desinformación), es ahora mismo muy grande (cuantitativamente) y muy grave (cualitativamente) y soy algo pesimista al respecto. En este contexto, los especialistas suelen coincidir en que la solución debe pasar por un trabajo multisectorial: medios de comunicación, medios sociales, instituciones y ciudadanos.

Si vamos más allá de la esfera personal, que daría para otro debate, y nos centramos en la esfera profesional, todos los profesionales que trabajen con información (periodistas, editores de blogs y medios sociales, bibliotecarios-documentalistas, etc.) deberían tener muy presente la gravedad del asunto y trabajar cada uno desde su ámbito y en coordinación con los demás. Dicho esto, ¿qué se puede hacer para luchar efectivamente contra las noticias falsas?

Sobre el papel o en teoría, los documentalistas o curadores lo tenemos claro: “verificación, verificación, verificación”: no se puede publicar o difundir nunca nada que no esté verificado previamente. Es algo de lo que, en el contexto laboral de los medios de comunicación, tradicionalmente se ha ocupado la documentación periodística (llevada a cabo por documentalistas de prensa y periodistas), y que en los últimos años, tal como yo lo entiendo al menos(1), se puede llamar también curación periodística. Pero el problema es que el contexto actual de publicación de contenidos digitales (por su volumen y por su rapidez de difusión y consumo) dificulta enormemente las actividades de verificación.

Si dividimos, simplificando, el ecosistema comunicativo, entre productores o creadores de contenido y distribuidores o intermediarios (sin entrar en los consumidores), vemos que:

  • En el primer grupo, determinados canales de publicación sí dispondrían de los recursos para hacer verificación de lo que publican (en principio, los medios grandes y medianos pueden hacerlo), pero ¿qué pasa con los medios pequeños, las publicaciones personales, las webs corporativas…? Aquí las dificultades aumentan y habrá casos de todo tipo. Respondiendo a la pregunta, en este grupo sí que tiene perfectamente cabida y futuro la curación humana de noticias. Se puede y se debe hacer.
  • En el segundo grupo es dónde creo que está el nudo más grande del problema: los grandes distribuidores de contenidos como Facebook, Google, Twitter, Whatsapp… se enfrentan al problema en unas dimensiones gigantes, colosales. Respondiendo a la pregunta, en este grupo el filtro será fundamentalmente algorítmico o automatizado, no humano. Aquí seguramente será mucho más secundaria (aunque sea también necesaria) la curación humana.

En resumen, para mí es un tema fundamentalmente de dimensión o de escala: en la disyuntiva algoritmos-humanos, cuando el volumen con el que trabajar es más o menos manejable, acotable, es más propicio para la curación humana; cuando te tienes que enfrentar a un volumen enorme de contenidos a verificar, las máquinas se hacen imprescindibles, si bien, también en este caso, sería deseable una mínima intervención humana de supervisión o control.

Uno de los valores que se supone que aporta la curación de contenidos es el “sense making”, esto es, el agregar valor mediante el aporte del punto de vista del curator. No obstante, en ocasiones se pregunta si eso no es lo que ya hacen los periodistas tradicionales. Desde el punto de vista del problema de las noticias falsas, ¿qué puede aportar de nuevo hablar de curación de contenidos en periodismo?

La curación de contenidos en periodismo es la nueva documentación periodística: estaría en línea con lo que han hecho tradicionalmente periodistas y documentalistas de medios, pero actualizado y adaptado a esta época de social media y viralización de noticias, poniendo énfasis además en el sense making. Sobre esto último también se puede ver una relación entre documentación y curación periodística. Cuando se habla de documentación periodística, muchos han defendido, al menos desde hace una década, que esta debe o puede incluir un papel de cocreación de contenidos. Esto, traspasado al contexto actual de curación de contenidos, coincide bastante con lo que llamamos sense making: se trata de aportar documentación, contexto, interpretación, etc., a la noticia.

Respondiendo a la pregunta, la curación en periodismo (ya la hagan periodistas, documentalistas, equipos multidisciplinares como los que trabajan en periodismo de datos, etc.), aporta a la lucha contra las fake news la reivindicación de los principios totalmente vigentes de la documentación periodística en el contexto actual: rigor en la verificación de la noticia y preocupación por explicar de la mejor manera posible a la ciudadanía el contexto en el que tiene lugar esa noticia.

Alexandre López-Borrull: Son muchos los analistas que defienden la necesidad de una mayor y más efectiva alfabetización informacional del público como forma de defensa contra la difusión de noticias falsas. Las bibliotecas públicas llevan años apostando por programas de alfabetización, y por ello son instituciones que han recibido una renovada atención, al menos con respecto a esta problemática.

En un ponencia junto a Josep Vives i Gràcia y Joan Isidre Badell en las pasadas 15as Jornades Catalanes d’Informació i Documentació, escribíais con respecto a las colecciones bibliotecarias:

¿Hemos de tener en nuestras colecciones documentos que son absolutamente falsos y confiar en la capacidad del usuario y en nuestros programas de alfabetización de la información o por el contrario hemos de tener sólo información de calidad aunque no sea la más utilizada? El debate está abierto”

Me gustaría conocer tu postura en ese debate abierto.

La reflexión respecto a las políticas de selección de documentos es importante en cualquier momento, y lo sigue siendo aún más en un momento de precariedad y crisis económica. Si los criterios presupuestarios son importantes a la hora de decidir qué tipo de obra adquirir, ¿debe serlo también la veracidad de un documento? En este caso, en primer lugar más que el interés por un documento concreto, hablaría de un fondo, pequeño o mayor. Es decir, si es de interés para una biblioteca tener información un fondo sobre cuidado a pequeños, ¿no sería útil tener documentos a favor y en contra de las vacunas?

Lo importante, considero es aprender a dar contexto. Quizá no tendría sentido tener un libro a favor de las vacunas, en cuanto en muchos casos están hechos en respuesta a los movimientos antivacunas. ¿Qué conocimiento o ideología intenta combatir, si no se encuentra en la biblioteca? Por otra parte, ¿legitimamos un conocimiento por el hecho de incluir dicha obra en la biblioteca? ¿Lo hace Amazon cuando vende dicho libro, también? Quizá sí, pero ello se puede corregir con un fondo amplio, con la celebración de talleres sobre el tema, donde poder corregir y contextualizar sobre los conocimientos. Es decir, la formación al usuario, en aquel famoso ejemplo de la cooperación sobre dar el pez o enseñar a pescar, sería un poco lo mismo.

En un momento como el actual donde la divulgación científica es un reto para los investigadores, disponer de obras con contenidos sobre pseudociencias es importante, pero creo relevante que también estén dichos libros en la biblioteca. Tratar de esconder unos contenidos que se pueden encontrar en búsquedas mediante Google no necesariamente es interpretado como un filtro de calidad por parte del usuario, sino que se puede entender como un sesgo económico. Por tanto, desde mi punto de vista, es importante dar texto y contexto. Que los límites sean la libertad de expresión, en sentido abierto, y la difusión de odio o el ataque a otros derechos humanos.

Aunque sea generalizar mucho, ¿hasta qué punto crees que son efectivos los programas de alfabetización informacional que se imparten en las bibliotecas públicas? Si pudieras, ¿cambiarías algún aspecto fundamental?

Los programas de alfabetización informacional deben ser efectivos y atractivos. Ello no quiere decir que no lo sean, por cuanto es muy difícil establecer y conocer todas las ofertas actuales. Lo que desde mi punto de vista es relevante es que dichos programas se realicen de forma sinérgica con otros actores del entorno de la biblioteca (periódicos locales, asociaciones de vecinos, entidades y ONGs del entorno), para que cada biblioteca pueda personalizar sus temas. En algunas bibliotecas puede ser importante tratar bulos sobre inmigración, en otros sobre el turismo, en otros sobre educación. Aquello importante debe ser considerar a qué públicos objetivos se dirigen para adaptar contenidos e incluso publicidad y marketing a conseguir el máximo número de asistentes.

Desde otro punto de vista, viendo las estadísticas de dónde se informan los usuarios y de qué forma lo hacen, hace percibir la necesidad de alfabetizaciones cada vez más funcionales, relacionadas con los medios sociales, por ejemplo, que son los medios donde más se difunden noticias falsas. En este sentido, también añadiría los contenidos audiovisuales, que en un futuro van a marcar mediante la inteligencia artificial límites de veracidad mediante la construcción de falsos vídeos.

También parece oportuno incrementar la frecuencia y el calendario de dichas formaciones por la proximidad de eventos que conducen a una mayor creación y difusión de contenidos falsos, como por ejemplo campañas electorales enconadas, referéndums con visiones antagónicas e incluso procesos de participación municipales con visiones enfrentadas. Puede ser un buen momento, pues, para formaciones específicas sobre alfabetización. Por supuesto, ello debe hacernos reflexionar sobre si nuestras competencias como profesionales son suficientes o se necesitan alguna más -sí, también en esto- para mejorar nuestro bien valorado empeño.

Más que nunca el profesional de la información tiene su papel a cumplir, y ello necesariamente no debe hacerlo en solitario, sino en máxima colaboración en su entorno, que pueda ser, aún más, un nodo imprescindible en su entorno.

Sara Martínez: Al fenómeno de las noticias falsas se le ha responsabilizado de fenómenos políticos tan importantes como la victoria de Donald Trump, el Brexit o el auge de los populismos. Tanto es así que se las considera un peligro auténtico para la democracia.

Seguramente sea difícil de concretar, pero aunque sea de forma aproximada y generalizando: en tu opinión, ¿cuál puede haber sido la contribución real del consumo de noticias falsas en fenómenos del calado de los antes mencionados?; ¿son las culpables de esos eventos, como se asegura en el caso de la victoria de Donald Trump?

No creo que el debate deba hacerse en términos de culpa o causa o consecuencia. Si hablamos de noticias falsas, estas, y con más precisión la desinformación (como la Comisión Europea recomienda ya llamar a este fenómeno) constituye una realidad que a lo largo de la historia de la humanidad siempre ha estado presente. No obstante, el hecho de que estas noticias se distribuyan a través de tecnologías sociales las convierte en una realidad más compleja. Personalmente, y aunque sus efectos reales se están debatiendo en la actualidad, me parece complicado plantear que las noticias falsas puedan ser la causa de un acontecimiento político de manera aislada. Sería como volver a dar por ciertas las primeras teorías comunicativas de los efectos ilimitados (teoría de la bala mágica o aguja hipodérmica) que aseguraban que los medios masivos modificaban totalmente la manera de pensar y el comportamiento de las personas.

No obstante, es innegable su influencia y su contexto de producción y distribución ha de analizarse, ya que nos afecta a todos como sociedad.

Este debe de hacerse teniendo en cuenta el contexto político y social, tecnológico e informacional. Me gustaría poner el foco en esto último, dada nuestro papel como profesionales de la Información y Documentación. En primer lugar, está la propia dinámica de la información que se viraliza en redes sociales. Los últimos estudios muestran la tendencia de la ciudadanía a emplear estos medios para el consumo de noticias. Aquí podría acudirse a la reflexión del filósofo Bauman al mencionar que vivimos en tiempos líquidos. En ocasiones, la información que se distribuye en estos medios también lo es. La rapidez, ausencia de pensamiento crítico y viralidad favorecen que estas informaciones se compartan sin ni siquiera leerse. Esta es una conducta habitual en muchos internautas. Así, aunque muchas noticias falsas sean luego desmentidas por mecanismos de fact-checking o medios tradicionales, cuando su viralidad ha alcanzado su objetivo, por ejemplo, calar en ciertas capas de la ciudadanía, puede ser demasiado tarde para cambiar una opinión sobre un candidato o proceso político concreto. Asimismo, las redes, cuya desintermediación favoreció la aparición de múltiples voces, lo que se asociaría en inicio a una mayor democratización de la sociedad, generan en ocasiones el efecto contrario al aumentar voces dominantes (efecto cámara de resonancia).

También se ha responsabilizado al consumo de noticias falsas de lo que se percibe como un clima creciente de polarización política y social. Las noticias falsas, ¿son causa o efecto de la polarización?

Ambas cosas. Considero a las noticias falsas como caldo de cultivo de la polarización. Al margen de su motivación económica, la polarización es uno de sus fines. Una vez se consigue, es difícil que algunas personas acepten los hechos objetivos. Hay que tener en cuenta que las noticias falsas tienen un componente emocional (primitivo, incluso) muy marcado, apelando a cuestiones como la emoción o el miedo, por ejemplo. Ese es el problema y el reto. Es una oportunidad real tanto para el Periodismo como para nosotros. No hay que olvidar que la cuestión que debe estar en debate es la educación. Y ahí está la verdadera cuestión: ¿los culpables son las noticias falsas o nosotros que las creemos? Por ello entiendo que la única solución es la mejora de las herramientas de defensa de los individuos. La alfabetización informacional y mediática debe reorientarse a estos nuevos contextos digitales para fomentar el pensamiento crítico de la ciudadanía. Las medidas tecnológicas, legislativas etc., no harán nada si no somos unos ciudadanos críticos. Es por ello que, desde la investigación en Documentación, puede definirse un papel clave de las bibliotecas y archivos en este movimiento. Las bibliotecas académicas ya comienzan a poner a disposición de sus usuarios importantes recursos de referencia y formación para que el estudiante pueda reconocer y aplicar en su día a día estos mecanismos de fact-checking. Los archivos, como garantes de memoria, pueden jugar un papel esencial en la verificación de hechos. Desde la preservación digital, por ejemplo, Internet Archive ya desarrolla en su TV News Archive’s, colecciones especiales de verificaciones de hechos de fact checkers concretos (Politifact, Factchecker.org…).  Este tipo de iniciativas aporta evidencias y ayuda a preservar este tipo de informaciones para la construcción de la memoria colectiva.

Aurora Cuevas: Un campo de conocimiento que tiene mucho que ver con las fake news es la filosofía, dado que durante siglos filósofos de diversa filiación se han preguntado qué es la verdad, si existe la verdad y si podemos conocerla. En el mercado editorial ya comienzan a aparecer obras escritas por filósofos que pretenden ser una introducción al problema de la verdad y cómo éste se relaciona con las noticias falsas.

En su obra Post-truth el filósofo Lee McIntyre identifica al posmodernismo como uno de los principales responsables del auge de las noticias falsas. ¿Comparte esa opinión; ¿es decir, cree que el posmodernismo es responsable de alguna forma del fenómeno de las noticias falsas? ¿Por qué?

No conozco en profundidad la obra de McIntyre pero en cierto sentido coincido con él pues se trata de un problema muy relacionado con la fragmentación de los contenidos y con la falta de coherencia de un discurso simuladamente veraz .  En última instancia se trata de un problema semiótico, un problema del lenguaje que merece ser desentrañado porque no es intencionalmente neutro. Obviamente detrás del fenómeno de la poverdad podemos vislumbrar intereses de diferente índole, especialmente políticos y económicos pero también manipulación social e ideológica con el agravante de incidir especialmente en los más jóvenes y en las personas con menos formación y con mayor propensión a la manipulación por su vulnerabilidad social. Los medios de información  y las redes sociales también han sido cómplices en los últimos años, tomando decisiones editoriales basadas en el número de clicks o visitantes a la web propia. Los medios de comunicación están reaccionando,  así se muestra por ejemplo  en el nuevo rol periodístico de los fact-checkers o verificadores de datos. Pero las redes sociales son campo abonado para las noticias falsas, especialmente Whatsapp y Facebook, como se ha mostrado en las elecciones presidenciales de Estados Unidos y Brasil. Al tratarse de un modelo discursivo breve, sencillo y directo tiene mayor facilidad para llegar a millones de personas y un nivel de propagación altísimo.

A menudo se suele escuchar que el público no tiene “pensamiento crítico”. En su opinión, ¿ése el fondo del problema de las fake news, que no tenemos pensamiento crítico?

La escasa capacidad crítica es un elemento muy importante, aunque no el único que interviene en este proceso, creo que no se debe culpar a las personas sino analizar con profundidad un problema que es complejo. Plataformas digitales de las empresas que dominan el espacio de la información difunden información ya seleccionada, muchas veces de corte sensacionalista y provocadora, verdadera o falsa, poniendo énfasis en las emociones, en las creencias, en los deseos y en los prejuicios, más que en los argumentos, para atraer la atención de sus usuarios con intenciones comerciales, políticas o ideológicas. Ante esta situación se hace necesario por una parte la regulación jurídica del fenómeno y por otra  promover las competencias vinculadas a la evaluación de la información digital y a la ética de la información capaces de enseñar a la ciudadanía a apreciar los mecanismos de la mentira y la manipulación y a desarrollar el pensamiento crítico. Las bibliotecas y los centros educativos, como garantes y difusores del conocimiento, son los lugares idóneos para promover estas competencias.

Carlos Mateos: Si hay un ámbito en el que las informaciones falsas han crecido de manera espectacular, ese es el de la salud. Hay bulos de todo tipo y sobre ámbitos bien diversos: dietas milagro, cáncer, vacunas, … Tan relevante parece la cuestión que se ha creado el proyecto #SaludSinBulos, que se define como “una iniciativa de la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES) puesta en marcha para combatir los bulos de salud en Internet y contribuir a que exista información veraz y contrastada sobre salud en la red”.

¿Qué se sabe de cuál puede ser el impacto del consumo de noticias falsas sobre los pacientes? Y más en general, ¿cuál puede ser el impacto en el público no especializado en temas de salud?

La salud copa la mayoría de bulos en Internet, según alerta un informe de la Asociación de Internautas sobre bulos y fraudes en la red. El problema de las noticias falsas en salud es que comprometen algo tan delicado como es la salud y los pacientes pueden tomar decisiones equivocadas basándose en ellas, como dejar la medicación porque confían en que determinado alimento o práctica les va a curar, y dejar de confiar en el profesional sanitario. En el caso de las vacunas estamos asistiendo a un rebrote de enfermedades casi desaparecidas, como el sarampión, debido a que los movimientos antivacunas han conseguido calar en buena parte de la población con sus bulos. Es algo muy grave.

¿Cuál crees que puede ser la efectividad de las iniciativas de fact checking como #SaludSinBulos a la hora de combatir la desinformación en salud?

De momento estamos identificando los bulos más peligrosos en salud y tratando de concienciar a los pacientes de que no confíen en las alertas que les llegan por redes sociales o Whatsapp y a los profesionales sanitarios para que orienten a los pacientes en páginas web fiables. En unos meses hemos conseguido aglutinar a muchas sociedades científicas y asociaciones de pacientes en torno al proyecto, y lo que pretendemos ahora es dar un paso más: educar en el uso de la información en salud que recibimos en Internet tanto a los pacientes como a la población, a través de las escuelas. Y queremos ayudarnos de la tecnología. Existen herramientas basadas en el procesamiento del lenguaje natural que nos pueden ayudar a detectar esos bulos y chatbots que pueden orientar a los pacientes. Con eventos que organizamos, como el Hackathon de Salud, pretendemos que haya desarrolladores que creen tecnologías con las que identificar posibles noticias falsas y educar a la población.


Tras ver las respuestas de nuestros expertos, es momento de hacer algunas breves reflexiones generales a modo de conclusión. Han de ser generales porque como espero que hayamos podido mostrar, el ángulo con el que se observa el fenómeno de las noticias falsas abre nuevas conexiones y nuevos interrogantes por explorar. Tanto éstos como aquéllas se reflejan en lo completo de las respuestas de nuestros invitados.

Por ello sólo voy a señalar ciertos puntos que me parecen llamativos, sintiéndome libre para deslizar algún apunte de corte más personal.

El análisis de Javier Guallar sobre las posibilidades de la curación de contenidos para luchar contra las noticias falsas es el correlato teórico perfecto para la práctica que Carlos Mateos nos muestra con el proyecto #SaludSinBulos.

Guallar explica que dada la magnitud del problema, es poco probable que los curadores humanos tengan un papel en todos los ecosistemas informativos. Cuando el volumen de noticias falsas a combatir es sustancial, algún tipo de colaboración humano-algoritmo se hace necesaria. Es algo que Mateos nos confirma al explicar que #SaludSinBulos está identificando los bulos en salud más peligrosos, pero que el proyecto aspira a encontrar ayuda en la tecnología. Y ello con la creación de redes de contactos que puedan generarse en el seno de eventos, es decir, gracias a la sinergia con otros actores.

La sinergia también aparece en las reflexiones de López-Borrull sobre la conveniencia de que las bibliotecas trabajen con otros actores de su entorno cercano (“periódicos locales, asociaciones de vecinos, entidades y ONGs del entorno”) para personalizar los temas a tratar. Es una estrategia que parece más que razonable y necesaria, dada la insistencia en que las bibliotecas son centros de información dedicados en gran parte a su comunidad local. También destacable de la intervención de López-Borrull es la necesidad de ofrecer “texto y contexto”, es decir, no sólo todo tipo de materiales sino los medios con los que se pueda contextualizar de mejor manera esos materiales.

Al hilo de sus propuestas propongo estas preguntas para nuestra audiencia bibliotecaria, con objeto de unos ejercicios de reflexión adicional:

¿Se enfocan los programas de Alfabetización Informacional de manera local desde el punto de vista de los temas, o más bien se centran en el desarrollo de competencias genéricas?; si hablamos de competencias genéricas, ¿sabemos qué tipo de impacto tiene su aprendizaje en la comunidad local en lo que respecta a las noticias falsas que les puedan concernir más directamente?

Sabemos que en las bibliotecas se ofrece mucho “texto”, pero ¿también se ofrece “contexto”? En caso de que consideremos que sí, ¿de qué manera? ¿Conocemos la efectividad de ese contexto a la hora de permitir una mejor comprensión de la información que ofrecen los fondos bibliotecarios?

Si volvemos a la intervención de Carlos Mateos, recordemos que las noticias falsas en salud son algo “muy grave”. ¿Son conscientes los bibliotecarios de esa gravedad? Si no lo son, ¿tiene ese desconocimiento algún tipo de implicación para sus usuarios?; si lo son, ¿se plasma de alguna forma esa consciencia?

Sara Martínez hace una, en mi opinión, más que necesaria referencia a la teoría de la bala mágica, es decir, la teoría de que los medios masivos tienen algo así como un poder total para ejercer efectos ilimitados sobre la audiencia. Aun reconociendo que la cuestión de las noticias falsas es de primer orden, creo que existe cierto histerismo al considerar que las noticias falsas son la causa, sin más, de tendencias como la degradación democrática. Otros factores han de tenerse en cuenta al analizar esas tendencias, factores que no son menos importantes que las noticias falsas y que incluso pueden serlo más, como por ejemplo la onda expansiva de la crisis económica de 2008 o los cambios económico-laborales para amplias capas de la población.

Digamos, de paso, que a pesar de lo popular de la idea no existe una evidencia fuerte de que existan las famosas cámaras de eco, ni de que los efectos de esas cámaras sean los que se supone que son (el aislamiento de las personas en ecosistemas informativos cerrados). Se impone, pues, un análisis más fino de los efectos de las noticias falsas y las causas por las que son efectivas.

Justamente Aurora Cuevas nos menciona una de esas posibles causas: lo que ella denomina “la falta de coherencia de un discurso simuladamente veraz”. Como señalaba una de las preguntas dedicada a Cuevas, no faltan filósofos que consideran que hay una relación directa entre las noticias falsas y el posmodernismo. Podemos entender el posmodernismo, de una manera muy general, como una tendencia de pensamiento que tiende a considerar que no existen verdades objetivas últimas, y que todo es cuestión de una competencia entre relatos igualmente veraces y respetables. Aunque los objetivos de fondo de los posmodernos fueran loables, podemos preguntarnos cómo ha influido esa tendencia a debilitar los conceptos de obejtividad y veracidad en el auge de la posverdad.

Muy sugestiva también es la referencia de Cuevas a que la capacidad crítica es relevante, pero no lo único relevante (un aspecto que ya comentamos en referencia a la intervención de Sara Martínez). Algo que parecemos olvidar cuando caricaturizamos a los potenciales consumidores de noticias falsas como gente que parece incapaz de pensar por sí misma; nosotros en cambio, claro, sabemos lo que es el pensamiento crítico y cómo utilizarlo… ¿o quizá no?

Notas   [ + ]

1. Guallar, Javier; Codina, Lluís (2018). “Journalistic content curation and news librarianship: Differential characteristics and necessary convergence”. El profesional de la información, v. 27, n. 4, pp. 778-791 http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2018/jul/07_esp.pdf
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