Entrevista a Lluís Codina

Realizada por:
Jesús Robledano Arillo
Vocalía de Publicaciones de SEDIC

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Lluís Codina Profesor titular del Departamento de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra http://www.lluiscodina.com/

Entrevistamos a Lluis Codina, profesor del Departamento de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra y director de la Unidad de Soporte a la Calidad y a la Innovación Docente (USQUID) de la Facultad de Comunicación. Coordina el grupo de investigación en Documentación Digital y Comunicación Interactiva y forma parte del Grupo de Investigación en Periodismo. Es fundador y codirector del primer Máster que se imparte íntegramente en la Web sobre Documentación Digital, del Anuario Hipertext.net y coeditor del weblog sobre documentación digital Servicio de Alerta. Es autor de unas 200 publicaciones y de seis libros (como autor o coautor) de su especialidad. Sus temas de investigación son múltiples, entre los que podemos destacar la web semántica, la teoría hipertextual y los sistemas de búsqueda en Internet.

1.- De acuerdo a una perspectiva «ciberoptimista» Internet ha derivado en una sofisticación tecnológica que pone al servicio de la sociedad unos medios de comunicación, socialización, acceso al conocimiento, supuestamente democráticos e impensables décadas atrás. El ideal de toda la información científica hipertextualizada al alcance desde casa a unos pocos clicks parece estar haciéndose realidad, especialmente para profesionales cuyas instituciones de trabajo suscriben los caros servicios de acceso desde la Web a los textos completos de las revistas científicas, a las bases de datos bibliográficas que permiten su recuperación y conocimiento, a sistemas de revisión de trabajos científicos (reviews), a informes basados en el análisis de citas. Estas herramientas están cada vez más hipertextualizadas y que permiten una alta vinculación entre los textos científicos. En pocos minutos podemos ir navegando por una línea de conocimiento para documentar un estado de la cuestión científico sobre un tema que va a ser objeto de investigación, cosa que hace dos décadas podía llevar varias semanas de trabajo. ¿Piensas que está teniendo realmente impacto en el aumento de la producción científica y tecnológica de calidad esta facilidad?; ¿Podemos ser ciberoptimistas a este respecto?; ¿Tenemos indicadores en este sentido?

Por alguna razón, suele tener mucho más prestigio aportar visiones críticas, cuando no catastrofistas, del estilo «Internet nos está volviendo estúpidos», etc., en esta clase de temas. Mi visión, sin embargo, es que aunque siempre debe haber un espacio para la crítica, cosa que también intentaré aportar, el balance global es muy positivo. En el planteamiento de la pregunta se hace una muy buena síntesis de la muy ventajosa situación comparativa con apenas unos años atrás. Esto no solamente no se puede negar, sino que no reconocerlo no sería propio de nuestro ámbito. Internet, o la Web, más exactamente, nos ha aportado una parte del objetivo por el cual la Documentación ha estado luchando desde su fundación: el acceso universal al conocimiento. Las generaciones más jóvenes, los que han conocido Internet ya desde el bachillerato (o sea, quienes nacieron en los noventa) es imposible que aprecien este aspecto, pero lo cierto es que Internet ha sido la mayor aportación al ideal (incompleto) del acceso universal al conocimiento desde, probablemente, la invención de la imprenta.

Más concretamente, en la pregunta se requiere si Internet está teniendo impacto en la producción científica. Es evidente que sí. Por un lado, nunca las bibliotecas universitarias han estado en condiciones de proporcionar un acceso tan fácil al conocimiento como ahora a sus investigadores mediante las suscripciones a bases de datos científicas consultables a través de la web y dejando de lado las interfaces absurdamente difíciles de la era pre Internet. Por otro lado, tenemos el fenómeno de las publicaciones open Access y de buscadores académicos como Scholar y Scirus. En paralelo, nunca tantos países de todo el mundo, aparte de lo que podríamos llamar el núcleo duro anglosajón, han tenido tanta producción científica de calidad, si por calidad entendemos aquella producción que aparece en revistas de las llamadas de «impacto» o, para entendernos, de las revistas indizadas en bases de datos como ISI o Scopus.

2.- En los últimos años se está resaltando mucho los problemas de Internet y especialmente de su concepción como «Fuente de Conocimiento Universal» democrático o plaza pública universal donde practicar las relaciones humanas y la amistad. Se habla de banalización del conocimiento, de las relaciones sociales, etc. ¿Piensas que esta banalización presente en muchas esferas de la sociedad se está produciendo en el contexto científico, realmente es un problema para la calidad de la ciencia?

Creo que son problemas muy distintos. Internet como el fenómeno complejo que realmente es, no puede tener solamente aspectos positivos. Creo que no hay una sola realidad humana en el mundo que sea medianamente compleja, sea lo que sea, que no tenga aspectos positivos y negativos a la vez. Por tanto, en realidad es una obviedad señalar que Internet tiene problemas. De lo que se trata es de hacer un uso adecuado de lo mejor que nos ofrece Internet y de tratar de evitar los aspectos negativos. Estoy de acuerdo en que tal vez esto es más fácil de decir que de hacer, pero es lo que tenemos.

En su momento se habló mal de la televisión, del cine, de la radio, de los libros e incluso de la escritura. Los clásicos alertaban contra la escritura, argumentando que perderíamos la capacidad de la memoria si nos acostumbrábamos a escribirlo todo… Cada innovación en el terreno de la información ha tenido siempre legiones de críticos que sonaban muy interesantes en su momento, sin embargo, es evidente que la cantidad de conocimientos y de ciencia acumulados son ahora muy superiores a los de cualquier momento del pasado.

Otra cosa es si estos conocimientos nos han llevado a una clase de civilización superior o no. Aquí, que cada uno juzgue de acuerdo con sus valores, pero como mínimo podemos señalar que existe un progreso notable en aspectos que algunos valoramos muchísimo como los derechos humanos, la democracia o el estado del bienestar; por no mencionar los progresos en medicina y otros ámbitos de la ciencia que han aportado un enorme calidad de vida a la humanidad si comparamos con otras eras. Ya sé que en estos tiempos de crisis todo esto puede sonar a música celestial, pero yo no estoy pensando en los últimos cinco o diez años, sino que intento reflexionar sobre la aportación acumulada a lo largo de las últimas décadas e incluso siglos de todas las innovaciones en el terreno de la información (la escritura, la imprenta, Internet, etc.) que en casa momento han sido criticadas y presentadas como algo nefasto. Pero no creo que haga falta insistir mucho en que la humanidad tiene ahora mejores condiciones de vida no solamente que en la Edad Media, sino solamente hace un siglo. Si leemos a grandes clásicos de la literatura, como Dickens o Hugo, que escribían sobre la forma de vida a mediados del siglo XIX, nos estremecemos de las condiciones de miseria moral y material en la que se desenvolvía la vida para el noventa y nueve por ciento de la humanidad.

Por lo dicho, supongo que se entenderá que yo no creo que Internet haya perjudicado ni banalizado la ciencia, por la misma razón que no lo hizo antes ni la escritura ni la imprenta. Los seres humanos siempre nos las apañamos para estropear las mejores cosas, pero esto es otra cosa. Por poner un ejemplo fácil, alguien se las apañó para escribir una obra monumental de odio a la humanidad y poner en marcha cosas como el nazismo o el estalinismo; pero no podemos culpar de esto a la imprenta. Internet se puede utilizar, como así es, para promover causas nobles, la ciencia y el progreso o se puede utilizar para banalizar lo que haga falta. No es una novedad Lo que debemos preguntarnos es si las ventajas de alguna cosa, en este caso Internet, son superiores a sus inconvenientes. Mi propia respuesta es que sí. Otros que den la suya y actúen en consecuencia.

3.- En general, nos estamos habituando a resolver nuestras inquietudes y necesidades de conocimiento con la consulta generalistas a enciclopedias de uso gratuito, siendo su máxima expresión la Wikipedia. Adquirir conocimiento y destreza implica un esfuerzo y compromiso personal grande. Ante la abundancia de «píldoras de conocimiento de fácil asimilación pero superficial» nos conformamos con el uso de información general en lugar de profundizar en el conocimiento. ¿Esta banalización puede ser un problema para la educación y la formación en general?

La tendencia al mínimo esfuerzo es propia de la naturaleza humana. Si tenemos a mano «píldoras» de conocimiento, las tomaremos, cómo no. Es en cada contexto, que los responsables a cualquier nivel, deben asegurarse de que esa tendencia al mínimo esfuerzo no nos perjudique. Como profesor, no me preocupa que mis estudiantes tengan un acceso fácil al conocimiento de la Wikipedia. Al contrario, yo les animo a consultarla, sobre todo la versión internacional (en inglés) que es la que suele estar mejor y más actualizada. De lo que me preocupo de exigirles unos resultados en forma de análisis o de otras clases de «entregables» que no se pueden hacer bien sin estudio, reflexión, trabajo intelectual, etc.

Personalmente, creo observar toneladas de banalización en nuestra sociedad, cosa que creo que es fácil de detectar por parte de cualquiera con el mando a distancia de la televisión, pero dudo de que esa banalización sea cosa de la Wikipedia o del fácil acceso al conocimiento. Me temo que es todo lo contrario. Intuyo que ni uno solo de los personajes que vemos asomarse a lo peor de la llamada televisión basura son usuarios de la Wikipedia. No me preocupa lo más mínimo que sea fácil acceder al conocimiento, más bien me alegra y me anima. El problema es que hay mucha gente que es refractaria al conocimiento, sea fácil o no acceder al mismo.

4.- ¿Qué papel juega la alfabetización en información para superar este peligro?; ¿Realmente necesitamos alfabetización en todos los ámbitos?

La alfabetización informacional, o las competencias informacionales, son fundamentales para que los ciudadanos estén en condiciones de tomar lo mejor de Internet y obviar lo peor. Que al final lo hagan o no, es otra cosa; queda en el ámbito de la libertad personal. Pero tener la capacidad de tomar lo mejor de Internet y saber usar adecuadamente sus excelentes sistemas y servicios de información requiere ciertamente de algunas dosis de formación. Esta formación habrá de ser más compleja o sofisticada según el entorno o el contexto profesional de cada persona, o según sus ambiciones culturales. Quiero decir que, típicamente, un estudiante de universidad o un doctorando necesitará más conocimientos y más formación sobre sistemas de información que un estudiante de EGB; o que un economista, abogado o periodista, necesitará muchos más conocimientos sobre fuentes de información que un cajero de supermercado (salvo que este último se esté formando para ser economista, abogado, etc.).

5.- ¿Qué papel pueden y deberían jugar los profesionales de la información (bibliotecarios, archiveros, gestores de información en general, y en cualquiera de sus tipologías), para reducir estos problemas de banalización? ¿Podemos ir más allá de los sistemas de información bibliográficos que estamos creando actualmente?

El papel ya lo están jugando. Es gracias a estas profesiones que menciona la pregunta que los profesionales y científicos de todo el mundo tienen acceso al conocimiento acumulado y no necesitan reinventar la rueda cada vez.

Precisamente, si desaparecieran las bibliotecas, archivos y bases de datos mantenidos día a día, en todo el mundo, por los profesionales de la información y la documentación, es cuando la humanidad tendría gravísimos problemas.

La pregunta inquiere sobre si podemos hacer algo más que ir más allá de los sistemas de información bibliográficos. Yo creo que ya se está haciendo. Las bibliotecas universitarias, por ejemplo, llevan a cabo un conjunto de labores pro activas de un valor impresionante, y en buena parte de los países occidentales, las bibliotecas nacionales llevan a cabo excelentes iniciativas a favor de la preservación y la difusión del saber. Creo que se trata de luchar para que esta clase de iniciativas no pierdan su impulso.

 

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