Entrevista a Nemesio Rodríguez, Presidente de la FAPE (Federación de Asociación de Periodistas de España)

Realizada por:
Carmen Morales y Blanca San José
Vocalía de Publicaciones de SEDIC

Nemesio Rodríguez (Ferrol, 1950), es titulado por la Escuela Oficial de Periodismo. Ha desarrollado toda su labor periodística en la Agencia EFE, en calidad de corresponsal en Roma, Beirut y Washington, y como delegado en Perú, Italia-Vaticano y Portugal. Asimismo, ha dirigido los departamentos de Internacional, Nacional, Deportes y Grandes Coberturas. Como enviado especial, ha cubierto los Juegos Olímpicos de Verano y de Invierno, los Juegos Panamericanos, los mundiales de fútbol y las copas América, habiendo formado parte del Comité de Prensa del Comité Olímpico Internacional. También ha informado de cumbres políticas internacionales tanto en Europa como en América.

Nemesio Rodríguez ha sido director de Información, coordinador de delegaciones y director del Máster de Periodismo de Agencia.

Fue vicepresidente de la FAPE de 2010 a 2014, vicesecretario y portavoz de la APM de 2009 a 2015, año desde el cual ocupa su vicepresidencia primera para Asuntos Profesionales. Fue elegido presidente de la FAPE en Salamanca el 14 de abril de 2018.

1. Entre los objetivos de la nueva directiva de la Federación la defensa de la profesión se alza como la prioridad. La defensa de una titulación profesional que evite el intrusismo es una de las bases de esta estrategia. Gestores de información, documentalistas, bibliotecarios … integran un sector profesional que se enfrenta, a menudo, a este mismo problema. ¿Qué solución proponen desde FAPE? ¿La considera extrapolable a otros campos profesionales como es el caso de los profesionales de la documentación?

La FAPE ha decidido apostar claramente por la titulación profesional. En la asamblea que celebró el pasado 6 de abril en Albacete, aprobó un cambio trascendental: solo podrán acceder a las Asociaciones federadas los titulados, lo que cierra a vía a que accedan, como hasta ahora, aquellos que ejerzan la profesión pero no hayan cursado la carrera de periodismo, comunicación o audiovisuales. Es un paso fundamental para revalorizar la carrera y cerrar la puertas al intrusismo. Estamos hablando de una carrera universitaria que terminan cada año unos 3.500 estudiantes de periodismo/comunicación y 2.800 en técnicas audiovisuales, en un sector que en los últimos 10 años ha perdido más de 13.000 empleos.

Creo que la defensa de la titulación es extrapolable a cualquier carrera universitaria, sobre todo en aquellas que no están reguladas y para cuyo ejercicio no se exige la titulación.

2. Otro punto esencial de su candidatura lo constituía la derogación de la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, aprobada en 2015 y conocida como Ley Mordaza. El pasado 18 de octubre se constituyó una ponencia de trabajo que pretendía ofrecer como resultado final un dictamen que se sometería a votación en el pleno y promovería la reforma de dicha normativa. El adelanto de las elecciones deja en suspenso la reforma de la Ley Mordaza. ¿Qué opinión le merece esta ley y el contexto en el que se proclamó? ¿Cómo cree que va evolucionar esta cuestión en el futuro?

Es una ley totalmente regresiva en materia de libertad de expresión. Fue una iniciativa del Partido Popular para frenar las numerosas protestas que se sucedieron durante el gobierno de Mariano Rajoy. De hecho, solo fue aprobada por ese partido. El resto prometió que, si gobernaban, la derogarían.

Es una promesa que ha quedado pendiente, pero que esperamos sea posible cumplirla en la próxima legislatura. Desde luego, nosotros seguiremos insistiendo en que se deroguen todos aquellos aspectos de la ley que limitan la libertad de expresión, uno de los pilares fundamentales de nuestra democracia.

3. En este sentido, usted ha señalado que la lucha contra las noticias falsas, fake news, es una labor que compete exclusivamente a los periodistas.  El pasado mes de noviembre en su intervención en la Jornada de Gestión de la Información que cada año organiza SEDIC (Sociedad Española de Información y Documentación Científica) subrayó que cualquier normativa en este sentido no hará más que limitar la libertad de expresión y de prensa. ¿Cree que este liderazgo que corresponde a los periodistas podría ser respaldado por los gestores de la información (documentalistas, etc)? No olvidemos que ellos son los encargados del posterior tratamiento y conservación de esta información.

Es una lucha que tiene varios frentes y que atañe a representantes de distintas profesiones, entre ellos los documentalistas.

Sí creo que en la primera línea debemos estar los periodistas. La razón es muy sencilla: nuestros códigos deontológicos colocan como función principal del periodismo la búsqueda de la verdad. Y para hacer informaciones veraces hay que verificarlas y contrastarlas con fuentes fiables. Por lo tanto, una falsedad, un bulo, una mentira nunca puede ser una noticia. Porque la noticia, para serlo, tiene que ser veraz.

Deberíamos hablar menos de “noticias falsas” y hablar más de desinformación. Y, además, desinformación con ánimo de causar daño ya será a una persona como a una colectividad.

Creo que si los periodistas, respaldados por otros gestores de la información, como los documentalistas, logramos frenar la desinformación, convenceríamos a los políticos de que no hacen falta leyes reguladoras.

Siempre he sostenido que la regulación que se hace en caliente limita libertades. Y hemos comprobado en más de una ocasión que a los políticos les gusta legislar en caliente. Es paradójico que los políticos clamen contra las noticias falsas cuando mienten a diario haciendo promesas que saben que nunca podrán cumplir o para atacar al rival. En estas guerras, la verdad es siempre la primera víctima.

La situación está evolucionando en positivo. Las plataformas digitales (Google, Facebook, sobre todo) están, por fin,  invirtiendo en luchar contra la desinformación. Se han dado cuenta de que su credibilidad y prestigio estaban cayendo en picado a causa de las “fake”. Esperemos que sigan ese camino.

4. ¿En qué punto cree que se encuentra en estos momentos en España el acceso a la información? ¿Se puede garantizar una información veraz y transparente? ¿Es esta una misión exclusivamente de los medios de comunicación? ¿Qué papel desempeñan los gobiernos en este entorno? El papel de estos últimos es especialmente relevante si tenemos en cuenta que nos movemos en una sociedad en la que sus propios líderes políticos han limitado la libertad de información con ruedas de prensa sin preguntas o sin contacto directo con los periodistas.

Desde 2013, hemos avanzado en materia de transparencia una vez que dejamos de ser una anomalía entre los grandes países de la Unión Europea. La aprobación de la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno ha sido un paso en la dirección correcta. El problema es que plantea tal cantidad de impedimentos para acceder a la información pública que reduce el impacto de la ley. Por  tanto, es un problema que está resuelto a medias.

Los medios tienen un papel fundamental en el objetivo de transparencia. Este objetivo será más alcanzable si los medios y los periodistas mantienen otra de sus funciones primordiales: el control crítico de los poderes y la exigencia de que rindan cuentas ante los ciudadanos.

Los políticos se inventaron las ruedas de prensa sin derecho a preguntas precisamente para eludir su obligación de explicar sus decisiones y comportamiento. Los ciudadanos necesitan respuestas a sus problemas y la única vía que tienen para conseguirlas es a través de los medios. De ahí, el atajo seguido por los políticos para escapar de estas reclamaciones.

Nemesio Rodríguez en su despacho

Nemesio Rodríguez en su despacho

5. Teniendo en cuenta todas estas circunstancias ¿cree que es posible hacer un periodismo de calidad?

El periodismo de calidad es el que ofrece a los ciudadanos la información veraz, verificada y contrastada con fuentes fiables que necesitan para formar, y tomar, sus propias decisiones. Una sociedad que toma sus decisiones basándose en la mentira es una sociedad que tenderá a equivocarse.

Es responsabilidad de los medios elaborar ese periodismo de calidad, sobre todo en el momento actual en el que están valorando –algunos, ya lo están haciendo- cobrar por os contenidos. Es evidente que nadie estaría dispuesto a pagar, salvo que desee ser engañado constantemente, por informaciones de escaso o nulo valor. Si algo es gratis, seguramente es malo. Cobrar por los contenidos es volver a darle valor al periodismo y al trabajo de los periodistas. Pero si quiero convencer a los ciudadanos de que la información ahora hay que pagarla, tiene que ser una información de calidad, exclusiva, basada en hechos veraces y contrastados, elaborada por redacciones comprometidos con la verdad, la honestidad y la vocación de servicio a los ciudadanos. Los editores saben que la información basura no tiene futuro.

6. Profundizando en las sinergias entre periodistas y documentalistas, la labor que estos últimos desarrollan o deberían desarrollar en los medios de comunicación es notable. Su labor pasa por servir a los periodistas toda aquella documentación –escrita o audiovisual- que requieran en el desempeño de sus tareas, así como proceder al posterior tratamiento de toda la información generada por la entidad (catalogación, archivo, creación de puntos de acceso, etc). El archivo de cualquier medio de comunicación tiene gran valor y su correcta gestión es garantía de esa veracidad y transparencia a la que nos referíamos. ¿Cuál es su experiencia con la figura del documentalista en los medios de comunicación a lo largo de su trayectoria profesional?

Es una experiencia formidable. En mis 40 años de trabajo en EFE, recurrir a los documentalistas formaba parte de mi tarea diaria. Sin su aportación, las noticias quedaban a veces sin fuerza. Los documentalistas aportan el contexto que debe acompañar siempre a las noticias. Su labor, por lo tanto, es fundamental para el periodismo de calidad que tanto necesitamos en estos tiempos de masiva circulación de la desinformación por las redes. Para enfrentarse con éxito a esta lacra, hay que verificar con datos y esos datos solo pueden proceder de una fuente directa o de fuentes documentales.

7. ¿Cree que la figura del documentalista está reconocida y goza de la visibilidad que merece en los medios de comunicación? ¿Se contratan profesionales de este campo? ¿Qué tipo de perfil se está demandando?

Creo que no está históricamente debidamente valorada. Se le consideraba un apéndice de las redacciones, más que un elemento integrado en ellas. Sin embargo, creo que ahora se les está valorando mejor porque, en esta era de la desinformación, los verificadores son imprescindibles. De hecho, las plataformas digitales están contratando medios de verificación y profesionales preparados para buscar datos allí donde alguien quiere ocultarlos.

8. ¿Considera que hay un buen nicho profesional en los medios de comunicación para nuestro sector?

Nicho lo hay, otra cosa es que los editores estén dispuestos a reforzar sus redacciones. La crisis se llevó por delante más de 13.000 puestos de trabajo y seguramente nunca se recuperará el nivel de empleo que había antes de 2008.

Creo que los editores se tendrán que plantear el reforzamiento de las redacciones, con perfiles que incluyan periodistas, documentalistas e informáticos, si quieren cobrar por lo contenidos. Se habla mucho del éxito del The New York Times, pero no se suele mencionar que el año pasado contrató a 120 periodistas y actualmente, con 1,600, tiene el mayor número de su historia. Entendió que no se puede hacer periodismo de calidad sin periodistas. Y tampoco sin documentalistas.

9. También desde la FAPE se insiste en la importancia de buscar un encaje satisfactorio con los colegios profesionales de periodistas, potenciar las asociaciones de menos tamaño y reorganizar todas las cuestiones que afectan a aquellas vinculadas a la federación. Sin duda, una clara apuesta por el asociacionismo, algo que si bien presenta enormes ventajas no acaba de cuajar en todos los sectores o no al menos de forma homogénea y con capacidad para lograr los objetivos propuestos. Sintetice los motivos por los que cree que el asociacionismo profesional es fundamental en cualquier segmento.

La FAPE cumplirá 100 años en 2022. Cuando la crearon en Santander, las asociaciones fundadoras manifestaron que buscaban sumar energías y apoyarse mutuamente para defender eficazmente los intereses de los periodistas, prestigiar la profesión y mejorar las condiciones laborales y salariales de sus integrantes.

Creo que estas intenciones resumen perfectamente la importancia del asociacionismo. Divididos perdemos fuerza e influencia; unidos, ganamos fuerza e influencia. La voz de la FAPE se escucha, la tienen en cuenta los poderes públicos, los editores, los medios. Se le pide opinión para todo asunto relacionado con la libertad de expresión. Se acude a ella en busca de amparo cuando un periodista considera que sus derechos han sido vulnerados. La Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología de los Periodistas, una institución independiente promovida por la propia FAPE, ha adquirido notable prestigio y los ciudadanos recurren a ella cuando comprueban que una información o un periodista han vulnerado el Código Deontológico de la FAPE. Sus dictámenes se debaten y estudian en las facultades de periodismo.

Todos estos logros hubieran sido imposible si las asociaciones no estuvieran unidas, cobijadas bajo el paraguas de la FAPE.

Ahora están creciendo los Colegios de Periodistas. Ya hay nueve en funcionamiento, la mayoría nacidos de las asociaciones de la FAPE. Es un camino abierto que reforzará la defensa de la profesión. La FAPE no pondrá ningún obstáculo en este camino. Al contrario, fomentará la unidad de acción, como lo estamos haciendo con otras organizaciones y sindicatos de periodistas. Cada una mantiene, lógicamente, su independencia de criterio, pero ello no impide que nos pongamos de acuerdo en los muchos de los temas que afectan a nuestra profesión.

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