DILVE en el contexto de la digitalización de las editoriales

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Jesús Peraita Huerta Director técnico de DILVE Distribuidor de información del libro español en venta

 

Este artículo introduce al Distribuidor de Información del Libro Español en Venta (DILVE www.dilve.es) situándolo en un contexto más amplio, como es el de algunas reflexiones sobre la influencia que las TIC (Tecnologías de la información y la comunicación) pueden tener en la cadena de valor del libro.

El libro y las tecnologías de comunicación

En el último tercio del siglo y en las primeras décadas del siguiente, la invención de nuevas técnicas de impresión rápida y el desarrollo de una nueva tecnología de la comunicación supusieron una transformación profunda en el mundo del libro.

Aparecieron nuevos lectores y nuevas formas de lectura, se crearon nuevos productos editoriales y se trasformaron radicalmente los papeles de los actores tradicionales de la cadena del libro: editores, impresores, distribuidores, libreros…

Pero ¿de qué siglo estamos hablando? Nos referimos a la prensa rotativa y al ferrocarril, y a su impacto en el mundo de la edición a partir del último tercio del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX.

A diferencia de las diligencias, el ferrocarril permite leer mientras se viaja. Este hecho, unido a otros importantes factores de tipo socioeconómico, propició la aparición de nuevos lectores y modos de lectura desde mediados del siglo XIX. Para satisfacer esta demanda y aprovechar las nuevas posibilidades de producción, se crearon nuevos géneros y formatos de publicaciones, de bajo coste, de tamaño reducido, fáciles y rápidos de leer. A su vez, estos cambios produjeron transformaciones profundas en los roles que los distintos agentes desempeñaban en la cadena de valor del libro.

La división de tareas y responsabilidades en la cadena del libro tal como hoy la conocemos, y en particular la figura del editor, tiene poco más de cien años y fue consecuencia, fundamentalmente, de cambios tecnológicos.

Internet, la web y los lectores de libros digitales

Internet existe desde finales de 1970. Sin embargo, su crecimiento masivo no llega hasta 1999 propiciado por varias circunstancias, entre ellas el invento de la World Wide Web (la web) por Tim Berners-Lee en 1989, el abaratamiento y la generalización de las líneas de conexión de alta velocidad y la gran reducción de los precios de los ordenadores personales, cada vez más potentes y con mejores prestaciones gráficas.

Por otro lado, estamos asistiendo al nacimiento y a los primeros pasos de la tecnología de los dispositivos portátiles específicos para la lectura de libros digitales. Todavía no hay un consenso definitivo en cuanto a los estándares de los formatos de los archivos, ni en lo referente a las tecnologías y fabricantes que dominarán el mercado. Se desconoce hasta qué punto estos últimos intentarán controlar el mercado de la producción de contenidos. También se ignoran las consecuencias concretas que, para los productores de contenidos, tendrá la convergencia creciente entre teléfonos, PDA (Asistentes digitales personales) y sistemas de posicionamiento GPS.

Se trata, por lo tanto, de tecnologías muy recientes y en plena evolución, que van a tener en el mundo del libro un impacto tan grande o mayor que el que tuvieron los nuevos avances del siglo XIX. Pero su todavía corta vida y la gran velocidad de cambio dificultan enormemente cualquier tipo de previsión incluso en el medio plazo.

Pero… ¿qué podemos hacer ahora?

Si bien es difícil hacer previsiones concretas, sí es posible y conveniente plantear algunas reflexiones. Proponemos cuatro elementos clave:

  • No todos los «libros» son iguales

El impacto será (y es) desigual en función del tipo de producto editorial. Por ejemplo: las obras de referencia y consulta han sido las más rápidamente adaptadas a entornos digitales; en el otro extremo, las obras para bibliófilos y ediciones de lujo quizá no notarán mucho los cambios.

En este sentido, una línea de trabajo podría ir en la dirección de intentar aprovechar las posibilidades de la web y los nuevos dispositivos de lectura para transformar en obras o servicios dinámicos productos que tradicionalmente se han visto de forma estática. Por ejemplo, diseñando minisites específicos de debate y consultas con los autores, estableciendo vínculos con otras obras o artículos relacionados, recogiendo opiniones de lectores mediante blogs. En definitiva, creando redes sociales de valor añadido entre autores, lectores, críticos, bibliotecarios, etc.

El soporte papel, el acceso online y la descarga en dispositivos lectores autónomos no deben verse como compartimentos estancos y excluyentes, sino como mecanismos complementarios cuya utilización simultánea puede, en muchas ocasiones, incrementar el valor final del producto editorial.

Un segmento del mercado que, con toda probabilidad, cambiará radicalmente es el del libro de bolsillo. La materialidad física de su soporte, en general barato, sin grandes complicaciones tipográficas y de escasa calidad, es más un inconveniente que una ventaja. Muchos libros de bolsillo serán sustituidos por versiones específicas para dispositivos electrónicos de lectura ¡de bolsillo!

  • Cambios en los roles de los agentes de la cadena del libro

Es previsible que aquellos agentes de la cadena del libro más ligados al propio objeto físico del libro y cuyo valor añadido se centre fundamentalmente en su fabricación, almacenamiento, transporte, etc. se vean más afectados. Muchos de ellos desaparecerán o se verán obligados a movimientos drásticos de fusión.

Por contra, aquellos actores más cercanos a la provisión de valor añadido a los contenidos, ya sea en las fases de selección, preparación, transformación, mantenimiento, recomendación, distribución, gestión, etc. seguirán teniendo sus nichos en el mercado, si bien verán alterados sus modelos de negocio tradicionales, probablemente de forma radical.

El mercado verá la aparición de nuevos actores que, en muchos casos, desempeñarán un papel fundamental en la nueva cadena de valor editorial: transformadores de formatos, distribuidores de contenidos, gestores de derechos de propiedad intelectual, etc.

Además, la creciente facilidad y el bajo desembolso requerido para poner sus obras en el mercado digital fomentarán la aparición de un sinnúmero de autores. Se producirá un notable incremento de la oferta que generará elementos nuevos en las relaciones entre los distintos agentes de la cadena del libro, incluidos los lectores, que necesitarán soluciones específicas e imaginativas.

  • Alfabetización informática

Quien no conozca los rudimentos del mundo digital y las posibilidades que este ofrece tendrá pocas probabilidades de supervivencia.

Al igual que un editor tradicional debe entender de tipos de papel, tintas y tipografía sin ser impresor; de formas de encuadernación, sin ser encuadernador; de cálculos de tamaños óptimos de tiradas, sin ser economista; el editor del siglo XXI debe entender de formatos de archivos electrónicos, de métodos de distribución digital, de sistemas de gestión y protección de derechos de autor, etc. sin, por ello, ser informático.

Actualmente, el núcleo de buena parte de los sistemas de información en editoriales suele estar orientado a la gestión comercial y contable de la entidad, relegando a un segundo plano, cuando existe, la gestión digital de su catálogo. Esta situación debería invertirse (es un cambio que no puede esperar), incluso para aquellas editoriales que no prevean la creación de productos electrónicos a corto plazo.

  • Información centralizada y flexible en formatos y mecanismos de transmisión

Por último, la información digital sobre la oferta editorial, completa y puesta al día resulta crítica no sólo para hacer presente al libro en su ciclo completo de vida en el mercado (e incluso más allá de ese período) sino para incorporarlo a los canales habituales de información, distribución y venta.

De hecho, el número y tipología de consumidores de información bibliográfica en formato digital crece constantemente (distribuidoras, tiendas en línea, librerías con acceso a Internet, bibliotecas, medios de comunicación, webs de libro y lectura…), y la recepción de la información de acuerdo a las demandas de cada usuario es un requisito imprescindible para que sea adecuadamente tratada por cada uno de ellos.

Para las editoriales resulta costoso (en especialización, número de profesionales y tiempos) mantener actualizados todos los canales de información y, en general, es una labor que se aleja de su núcleo de negocio y actividad.
Para dar respuesta a estas necesidades, la Federación de Gremios de Editores de España creó DILVE (Distribuidor del Información del Libro Español en venta). Este servicio inició su andadura pública en octubre de 2006 y hoy está disponible a través de www.dilve.es. Su uso está abierto a todos los profesionales de la cadena del libro: editoriales, distribuidoras, librerías, bibliotecas… DILVE permite cargar, gestionar y extraer información según los requerimientos de cada usuario en cuanto a tipología de contenidos, formatos y mecanismos de transmisión e integrarlos en sus respectivos canales de información, distribución y comercialización. Está basado en el estándar internacional ONIX for Books, gestionado por EDItEUR (www.editeur.org) lo que simplifica su explotación desde cualquier lugar del mundo. El proyecto participa activamente en el comité internacional de gestión de ONIX.

Aprender también del pasado

En estos momentos de incertidumbre respecto a las perspectivas futuras del mundo del libro tal como hoy lo conocemos, volver la vista al pasado puede resultar útil: analizar cómo, a quién y por qué afectaron la aparición de la prensa rotativa y del ferrocarril o cómo los agentes tradicionales de la cadena de valor del libro se enfrentaron a estos nuevos retos hace poco más de cien años; quiénes supieron aprovecharlos y quiénes no pudieron adaptarse.

Bibliografía

  • Wolfgang Schivelbusch, The Railway Journey: The Industrialization and Perception of Time and Space, University of California Press, 1987.
  • Ana Martínez Rus, Pasajeros y lectores: las estrategias de la SGEL en la red ferroviaria española (1914-1936), Cuadernos de Historia Contemporánea, nº 27, 2005, pp 179-195.
  • Eileen S. DeMarco, Reading and Riding: Hachette’s Railroad Bookstore Network in Nineteenth-Century France, Lehigh University Press, 2006.
    http://www.isoc.org/internet/history/2002_0918_Internet_History_and_Growth.ppt

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