ALFIN es cosa de todos….

Felicidad Campal García
Administradora de ALFARED
Foro Red para la Alfabetización Informacional

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· Punto de partida

Nuestros hijos quieren viajar al norte de Italia para hacer el viaje de fin de curso, ¿cómo puede encontrar más información sobre la región? El profesor dice que tu hijo es hiperactivo y necesita tratamiento médico, ¿dónde acudir en busca de la información más reciente? Nuestros padres están envejeciendo y necesitan cuidados de enfermería, ¿cómo encontrar la atención mejor y más asequible? En el trabajo nos piden que nos traslademos a otra ciudad, ¿cómo es y qué nos espera?

Todos nosotros nos enfrentamos a la toma de innumerables decisiones cada día. Hoy en día la obtención de información puede ser fácil. Obtener la información adecuada puede ser difícil. La información es el elemento vital de nuestra democracia. Sin embargo, la información es poder sólo si sabemos cómo encontrar la mejor y aplicarla a las decisiones que tomemos en nuestro trabajo y en la vida cotidiana. El poder de la información reside en tener la correcta en el momento adecuado. Pero más información no es necesariamente mejor. Cualquiera que haya hecho una búsqueda en Internet y encontró más de 1000 resultados lo sabe. Internet es un medio emocionante. Pero también puede ser confuso. Es por eso que es importante que todos sepamos cómo funcionan internet y las redes sociales. La mejor decisión que tomemos en una sociedad caracterizada por la sobre información (infoxicación), depende de una combinación de habilidades conocidas como «alfabetización informacional» (en adelante ALFIN). ALFIN significa mucho más que ser capaz de leer o usar un ordenador. Significa saber cómo encontrar, evaluar y utilizar mejor la información disponible más actualizada, cualquiera que sea su utilidad o aplicación. ALFIN es una competencia básica de la vida en el laberinto de la información actual. Las bibliotecas y los bibliotecarios podemos ayudar en este camino. Los bibliotecarios somos expertos en el manejo de la información y unos jugadores clave en el proceso de formación para enseñar a otros a navegar por la rica y compleja cantidad de información en entorno constantemente cambiante. La tecnología está cambiando nuestra forma de vivir, aprender y trabajar. La capacidad de leer o incluso utilizar un ordenador no es suficiente. También debe ser capaz de evaluar y aplicar la información.

Los ciudadanos «alfinizados» pueden llevar vidas más satisfactorias: las buenas, las mejores decisiones de hecho, dependen de una buena información. Saben cómo encontrar información de calidad que les ayude a ellos y a sus familias con temas de salud o laborales. Son consumidores conscientes de cómo utilizar sabiamente los recursos de información para el trabajo y el placer y saben que lo que es verdad hoy en día no puede ser verdad mañana, que la información no es lo mismo que conocimiento. Los empresarios «alfinizados» saben cuándo necesitan los datos y qué datos que necesitan para evaluar el éxito y el plan para el futuro. Los ciudadanos «alfinizados» en definitiva, saben que los bibliotecarios pueden ser sus guías.

· Definición

Fuera de consideraciones teóricas sobre ALFIN, definiciones exhaustivas o incluso planteamientos prácticos para ponerla en marcha, aspectos sobre los que ya versa mucha bibliografía recogida por ejemplo en ALFARED (Foro para la Alfabetización Informacional en España), en esta reseña me gustaría poner de manifiesto la importancia de la alfabetización informacional en sentido estricto y la necesidad de asumir que su desarrollo no se ha de dar solo en un contexto exclusivamente bibliotecario, ni tampoco en un contexto exclusivamente educativo o académico, sino que es la colaboración de todos los sectores, y solo eso, lo que hará que la alfabetización informacional sea una realidad: porque ALFIN ¡es cosa de todos…!

Empecemos no obstante con una breve definición, para la australiana Coalición Nacional Provisional para la Defensa de Alfabetización Informacional, la alfabetización informacional es más que ser capaz de leer o usar un ordenador. Significa saber cuándo necesita información, dónde encontrarla y cómo usarla. Significa saber dónde encontrar la mejor fuente de información, ya sea en línea o en forma impresa. Significa saber cómo evaluar la información que encuentre: ¿es actual?, ¿autorizada?, ¿estás sesgada?, ¿alguien está tratando de vender algo?, son algunas de las preguntas que tenemos que hacernos a la hora de definir la calidad de la información.

La alfabetización informacional:

  • Comprende el uso efectivo de tecnologías de la información y formatos.
  • Permite a las personas a desarrollar habilidades para el aprendizaje durante toda la vida.
  • Compatible con aptitudes para la empresa el lugar de trabajo y para la participación de la comunidad.

La alfabetización informacional puede contribuir a:

  • una ciudadanía participativa;
  • la inclusión social;
  • la creación de nuevos conocimientos;
  • «empoderar» al personal, profesional, empresarial y organizacional
  • al aprendizaje de por vida.

Otra definición, la de la ACRL (2006), para la que ALFIN es un «conjunto de habilidades necesarias para encontrar, recuperar, analizar y utilizar la información». Personalmente considero que estas habilidades no son solo una cuestión bibliotecaria, sino que deben formar parte de un proceso más amplio como es sentar las bases para el aprendizaje permanente. En mi opinión la definición «australiana» es más inclusiva y global, ya que la ACRL concentra sus esfuerzos en los alumnos y en estas habilidades que les permitirán dominar el contenido y ampliar sus investigaciones, convertirse en más autónomos y asumir un mayor control sobre su propio aprendizaje durante su educación y en el trabajo. En la primera definición, sin embargo hay lugar para todo y para todos, para todo tipo de bibliotecas y para todo tipo de destinatarios, desde los escolares, hasta los universitarios, incluyendo a todos los ciudadanos que hace tiempo abandonaron sus etapas y procesos formativos.

La alfabetización informacional es una habilidad crítica de la vida en el laberinto de la información actual. Lo que hacemos con la información y lo bien que seamos capaces de evaluarla puede marcar la diferencia fundamental entre una buena decisión y una mala. Podemos ahorrar tiempo y dinero para nuestras familias, nuestros empresarios, y obviamente para nuestra salud.

ALFIN implica varias fases:

  • Pensar: Las bibliotecas y los bibliotecarios son esenciales y tienen un papel clave que desempeñar para ayudar a nuestras comunidades de usuarios a trabajar con la información.
  • Sentir: En el entorno actual de la información rica y compleja, tenemos una oportunidad única para demostrar el valor de las bibliotecas y los bibliotecarios.
  • Hacer: tomar un papel de liderazgo en la formación de sus comunidades sobre la importancia de la alfabetización en información.
· Contexto

En los últimos años la importancia renovada de aprender durante toda la vida ha llevado a las bibliotecas a centrarse en la alfabetización en información. Esto se debe a que la formación permanente o el aprendizaje para toda la vida han sido reconocidos como vitales en tiempos de cambio rápido y generalizado. El reconocimiento del valor de la alfabetización informacional es impulsado por las nuevas tecnologías, nuevas formas de trabajo, la globalización, las aplicaciones móviles, y fruto de todo ello, la explosión de la información disponible. La capacidad de responder a las necesidades cambiantes de información ahora es una habilidad crítica de la vida. Como acabo de mencionar, no se trata solo de un contexto bibliotecario de forma exclusiva, sino que dándose en este también no debe faltar del sistema educativo y del mundo laboral. Y dentro del contexto bibliotecario, es importante insistir en que no es exclusivo de las bibliotecas escolares ni de las universitarias, las bibliotecas públicas han de tener programas ALFIN para todos aquellos colectivos que no están o no han disfrutado de un proceso formativo reglado en el que esta competencia estuviera, presente, ya que queda fuera de toda duda que una de sus funciones es contribuir a formar ciudadanos críticos.

Y en este contexto, lo irónico, es que muchos de los que más podrían beneficiarse de la información a menudo no tienen acceso a ella ni saben cómo utilizarla. Imaginemos una triste pero repetida situación actual, una familia que está siendo desalojado por un propietario o por el banco. La familia debería saber cómo buscar información para confirmar o refutar sus derechos. Muchos ciudadanos siguen teniendo problemas para realizar tareas cotidianas como leer, revisar los horarios de autobuses o la interpretación de mapas. Y este momento de crisis muestra que la «brecha digital» sigue existiendo. Para estas personas, las bibliotecas pueden desempeñar un papel esencial no solo en el acceso a la tecnología y la información, sino también mostrando cómo usarla y cómo sacarle el máximo rendimiento a la información que las TIC ponen a nuestra disposición.

Uno de los mitos de la era de la información es que se puede encontrar todo lo necesario en el Internet. Bueno, tal vez sea cierto, pero encontrar lo que se busca y lo que se necesita a menudo puede ser un reto!. Las bibliotecas, de cualquier tipo, son parte de la solución a muchos de los problemas de la comunidad en la que estén (escuela, universidad, ciudad). Ayudan a los niños con los deberes, a los estudiantes y profesores con sus trabajos de clase y de investigación y a los adultos los conviertan en ciudadanos alfabetizados a través de las clases de alfabetización. A todos ellos ponen a disposición y enseñan a usar toda la información, libros y otros recursos que ayudan a las personas de todas las edades a llevar vidas más satisfactorias. En las bibliotecas escolares y universitarias, los bibliotecarios juegan un papel clave en la enseñanza de los estudiantes las habilidades de alfabetización de la información que necesitarán para triunfar en la escuela, en el trabajo y durante toda su vida. Un creciente número de bibliotecas públicas también ofrecen clases para gente de negocios, personas mayores, padres y otros fuera de la escuela de adultos para ayudarles a convertirse en usuarios «alfinizados». Como bibliotecarios, empresarios y trabajadores, como padres de familia, líderes comunitarios y ciudadanos, todos tenemos un papel que desempeñar en la construcción de las comunidades alfabetizadas en información.

· Cambios y retos para las bibliotecas

En los últimos 15 años, la introducción de la tecnología, internet, la quizá ya trasnochada web 2.0, los más actuales códigos QR para ALFIN, los entornos virtuales y ubícuos para el aprendizaje, los tutoriales, los móviles y las redes sociales (facebook, twitter, tuenti, flickr, marcadores sociales, wikis, blogs…) han hecho que las bibliotecas hayan aplicado esa tecnología emergente para cambiar y evolucionar nuestros servicios con el objetivo de satisfacer la demanda continua. Cada vez más nuestros recursos se ofrecen en línea ya que cada vez más nuestros usuarios viven «en línea». La biblioteca debe utilizar a la vez el espacio físico y el acceso a los recursos y contenidos virtuales. Ahora bien, los recursos de la biblioteca, especialmente los disponibles en línea, se mezclan con la información popular. Cuando los usuarios no necesitan entrar físicamente a la biblioteca para utilizar los recursos, se hace más difícil formarlos acerca de lo que está disponible para ellos más allá de la búsqueda simple en la web.

Debemos por ello fomentar que tanto en el espacio físico de la biblioteca, como en el espacio virtual a través de la web, de los chats, de la 2.0 o de más actuales redes sociales, los usuarios tomen conciencia de su necesidad de información, conozcan los recursos, mostrándoles cómo utilizarlos, ayudándoles a comprender su proceso de búsqueda, enseñarles a analizar la información, prestarles de apoyo con la tecnología de información y asistencia a la hora de citar fuentes.

Todo esto requiere, en primer lugar, centrarse en la identificación de las necesidades de información de nuestros usuarios de la manera más amplia y desarrollar estrategias para hacerles frente. Necesitamos además, planificación, un buen desarrollo, una correcta evaluación del trabajo realizado y una adecuada difusión. Es necesario proporcionar folletos con consejos para la búsqueda de las mejores fuentes de información y para la evaluación de la información en una variedad de formatos, incluyendo la web, y cómo guiar a los niños para ver televisión, navegar por internet o hacer las tareas escolares.

· Recursos

Podríamos decir que, como en el amor y en la guerra, en ALFIN todo vale: desde la formación presencial en la propia biblioteca, a la virtual a través de la sede web, pasando por el uso de las redes sociales. Son muy recomendables mini formaciones, píldoras o tutoriales «how to» (cómo) que se desarrollarán para poner de relieve el uso de recursos específicos. Estos deben ser muy breves y sólo están hechos para cubrir pequeñas partes del uso del total de los recursos y se utilizarán y reutilizarán los trabajos elaborados por otras instituciones. Algunas de estos trabajos están accesibles en el apartado de Buenas prácticas de ALFARED, que fomentan la innovación y la creatividad mediante el intercambio de experiencias, herramientas y métodos para el aprendizaje, y en el Monográfico: «Veintitantas experiencias ALFIN y una canción esperanzada» que ofrece una visión general del estado de ALFIN en este momento a través de 27 experiencias con propuestas y nuevos caminos por los que ALFIN puede y en ocasiones debe transitar en el futuro. Alguno de estos artículos marcan una comparación entre situaciones actuales y pasadas dentro de las bibliotecas, otros nos cuentan de forma general que es lo que están haciendo en la actualidad en el ámbito ALFIN y otros simplemente nos hacen partícipes de una experiencia ALFIN concreta. Con el fin de ofrecer esa imagen de «gran angular» como si de una fotografía se tratara, los artículos se presentan en varias secciones: los básicos ALFIN; experiencias ALFIN en Bibliotecas escolares; experiencias ALFIN en Bibliotecas públicas y experiencias ALFIN en Bibliotecas universitarias.

Como ya se ha mencionado, tanto la teoría necesaria para la planificación, la puesta en marcha y la evaluación de ALFIN, como las ideas en forma de buenas prácticas desarrolladas en otras bibliotecas para desarrollar ALFIN en nuestras bibliotecas, se pueden consultar en ALFARED, la plataforma para el fomento de ALFIN en España. Otro recurso de consulta, actualmente en proceso de actualización, para saber cuál es la situación real de ALFIN a nivel internacional es el «Information Literacy International Resources Directory», la Sección de Alfabetización Informacional de la IFLA ha creado, en nombre de la UNESCO, esta base de datos para registrar materiales ALFIN elaborados en diferentes partes del mundo. Se pueden igualmente consultar los monográficos dedicados a ALFIN disponibles en Universo Abierto: Blog de la biblioteca de la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca. Y si de lo que se trata es de buscar experiencias desarrolladas en el ámbito de las bibliotecas públicas, es muy destacable, además de por la calidad, por la escasez de iniciativas dedicadas a las bibliotecas públicas, el proyecto de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía para la alfabetización digital: Plan Alba de Formación en Competencias Digitales y su Banco de aplicaciones. 

· Seamos socios

Uno de los pilares básicos para el desarrollo de ALFIN es el trabajo colaborativo. La Biblioteca es solo un socio más en todo este proceso de aprendizaje. En concreto, somos socios para proporcionar los recursos que apoyan el proceso educativo a través de los servicios de referencia en las bibliotecas escolares y universitarias. Y también somos socios de todo el tejido social que compone una comunidad, en el caso de las bibliotecas públicas.

En definitiva, somos socios en el aprendizaje, somos socios en el desarrollo de las habilidades de nuestros usuarios en alfabetización en información, habilidades que se requieren para el éxito durante su etapa formativa y después de ella. Somos socios en la promoción del uso de la tecnología de la información de una manera responsable y eficaz. Trabajar en asociación con todas las instituciones locales, líderes de la comunidad, entramado educativo, otros profesionales como los informáticos, creativos y otras organizaciones influyentes para crear oportunidades de aprendizaje para los ciudadanos adultos y para asegurar que los estudiantes finalicen sus estudios con las habilidades de alfabetización en información que necesitan para tener éxito en el mundo laboral.

Por ello es importante organizar reuniones con los representantes de los grupos clave, los profesores, los representantes comunitarios, los medios de comunicación, la comunidad empresarial y educativa y grupos de servicio y acción social. Incluir a representantes de todas las bibliotecas de la región: la escuela pública, la educación superior y especial.

Quizá esta colaboración requiera, en primer lugar, organizar talleres regulares para los padres, personas mayores, personal de la escuela, maestros, profesores universitarios y grupos comunitarios para ayudarles a desarrollar sus habilidades de alfabetización informacional para que ellos se conviertan en transmisores y puentes. Trabajar con los empresarios locales para diseñar y organizar el uso de ordenadores y otras habilidades de alfabetización informacional que sean necesarias para los empleados. Y varias y diversas ofertas para organizar o impartir clases tanto en la biblioteca, como fuera de ella: lugares de enseñanza, de trabajo o en otros lugares convenientes, por supuesto los cursos y tutoriales virtuales y las ya mencionadas redes sociales.

· ¿Qué podemos hacer?
  • Uno. Valorar la información. Asistir a una clase o un taller. Asegurarnos de que la escuela de nuestros hijos o institución de educación provee instrucción en alfabetización en información y que hay bibliotecas bien surtidas con bibliotecarios profesionales que imparten esta formación. Animar a la gente a usar la biblioteca y a buscar información en una variedad de fuentes para hacer las tareas escolares u otras necesidades. Enseñarles a ser consumidores críticos de información, ya sea en libros, periódicos, en televisión o en la web. Animar a nuestros empleados a tomar ventaja de los programas que les ayuden a desarrollar las habilidades de alfabetización informacional. O, por el contrario, sugerir a los empleadores que ofrezcan este tipo de programas. Como bibliotecarios expliquemos todos los programas que ofrece la biblioteca.
  • Dos. Estar informados e involucrados en temas que afectan a su capacidad para obtener información. Los bibliotecarios creemos que el derecho del público al uso justo a la información debe aplicarse en el ciberespacio. Además, apoyamos firmemente los derechos de confidencialidad para los usuarios de la información. Eso no siempre es así en Internet. Asegurémonos de que los representantes del gobierno preservan estas libertades democráticas en el futuro.
  • Tres. Utilizar y apoyar nuestras bibliotecas. Estamos perdiendo oportunidades si no utilizamos el mejor recurso de información en todo momento. Preguntemos a los bibliotecarios ante cualquier duda informacional. Hagamos saber a nuestros gobiernos que valoramos este servicio público y deseamos el aumento de las bibliotecas y que estas reciban el apoyo que necesitan en forma de presupuesto, personal e infraestructura para proporcionar a los ciudadanos un servicio de calidad y valor añadido.

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Felicidad Campal García es Ayudante de Biblioteca en la Biblioteca Pública de Salamanca «Casa de las Conchas» y Coordinadora del Grupo de Trabajo de Alfabetización Informacional del Consejo de Cooperación Bibliotecaria.

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