A propósito del Grupo de trabajo Función social de la biblioteca del CCB

Ramona Domínguez SanjurjoRamona Domínguez Sanjurjo
Directora Biblioteca Pública del Estado en Salamanca

Biblioteca social: un poco de historia.

La Biblioteca Pública desde sus comienzos a mediados del siglo XIX, es una institución estrechamente vinculada a la necesidad de paliar las enormes diferencias sociales existentes. Los manuales de historia de las bibliotecas nos recuerdan que una de las principales ideas que presidieron su creación, fue la de poner al alcance de las clases populares el saber y conocimientos que hasta entonces habían sido patrimonio exclusivo de las clases privilegiadas. Por ello cuando hablamos de función social de la biblioteca no estamos hablando de algo nuevo.

Analizando someramente las declaraciones de principios de las propias bibliotecas, y los documentos normativos publicados a lo largo de los siglos XX y XXI, encontramos muchas referencias a su función social. Siempre me gusta mencionar los Community Information Centres que desde los años 70 desarrollaron las bibliotecas públicas anglosajonas, como uno de los ejemplos más claros de esta dimensión social en el quehacer bibliotecario. Pero a pesar de este y otros muchos ejemplos que se podrían señalar sobre la dimensión y función social de las bibliotecas, lo cierto es que durante muchos años la biblioteca pública estuvo de forma casi exclusiva -para la mayoría- vinculada al ámbito de la cultura y más concretamente a la lectura y al estudio. Y todavía hoy es esta la idea de biblioteca que tiene una buena parte de los ciudadanos, sobre todo aquellos que no la conocen y frecuentan.

Bibliotecas y crisis.

Veamos ahora cómo en los últimos años la idea de Biblioteca social y/o la necesidad de potenciar la función social de la biblioteca ha ido tomando fuerza en nuestro país y cómo el Grupo de trabajo Función social de la biblioteca del Consejo de Cooperación Bibliotecaria ha venido a reforzar esta idea y a proponer unos puntos o líneas de actuación que sirvan de marco para la creación de un proyecto de biblioteca social entendido como un todo. Con ello se pretende facilitar la cohesión de programas ya existentes y dar un nuevo sentido a un conjunto de actuaciones sociales que de forma un tanto dispersa las bibliotecas ya vienen realizando.

No cabe duda de que la crisis económica y social padecida durante la última década ha sido el principal detonante de este renacido interés por las funciones sociales de la biblioteca. La pérdida de puestos de trabajo y la precarización del mismo, la pérdida de la vivienda por desahucios y  ejecuciones hipotecarias, la aparición de nuevas brechas sociales, y las políticas de regresión del estado del bienestar, han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de nuestras sociedades y han provocado una rápida reacción de los colectivos bibliotecarios que a través de declaraciones, propuestas y proyectos instaban a las bibliotecas a reforzar su papel social para tratar de paliar, siquiera fuese parcialmente, los devastadores efectos de la crisis.

Sirvan como ejemplo de lo anteriormente dicho la Declaración de Murcia de 2010 sobre la Acción social y educativa de las bibliotecas en tiempos de crisis, redactada tras la celebración de unas jornadas profesionales con el mismo título; el estudio de Prospectiva de bibliotecas 2020 promovido por el Consejo de Cooperación Bibliotecaria (CCB) del Ministerio de Cultura y publicado en el año 2013 en el que se recoge explícitamente, entre otras cuestiones, la idea de biblioteca como ágora o plaza pública; o la creación en el año 2014 de la Fundación Biblioteca Social, institución sin ánimo de lucro que promueve el compromiso social y los servicios de las bibliotecas públicas a los sectores más vulnerables.

Formación del grupo y primeros pasos.

En lo relativo a la creación del Grupo de trabajo Función social de la biblioteca, hay que señalar que si en el Primer Plan del CCB ya aparecía la dimensión social de las bibliotecas como algo a tener muy en cuenta, es en el Segundo Plan 2016-2018 cuando ya se recoge de manera explícita la necesidad de promover la función social de las bibliotecas y la inclusión y accesibilidad de sus servicios para todos los miembros de la comunidad a la que sirve. Así mismo se señala también el interés y la importancia creciente de hacer partícipes a los usuarios de la gestión de la biblioteca. Prueba de este interés es que en la encuesta llevada a cabo para conocer los temas clave para posibles planes o proyectos que el CCB debería abordar de forma prioritaria en el periodo 2016-2018, el tema de las nuevas funciones sociales de la biblioteca ocupó el segundo lugar de interés sobre un total de 15 temas propuestos. Y es así cómo surge el Grupo de trabajo estratégico Función social de la biblioteca.

El grupo se constituye de hecho tras el verano de 2016 y propone cuatro objetivos que precisan un poco más lo ya señalado en el Plan y que se recogen en el Informa anual del grupo de 2016

  • Definición del alcance y diferentes dimensiones del concepto “social” en el ámbito bibliotecario a través de la revisión bibliográfica y de proyectos punteros nacionales e internacionales.
  • Identificación de acciones y proyectos consolidados de bibliotecas que desarrollan su función social y puedan servir de modelo a otras.
  • Creación de un Decálogo que describa los puntos claves de los diferentes aspectos que componen la función social de la biblioteca y favorezcan su puesta en valor.
  • Elaboración de un conjunto de herramientas para el análisis y la comunicación que favorezcan la inclusión social y la incorporación progresiva de mecanismos para el desarrollo del debate público y la participación ciudadana.

En las primeras discusiones e intercambio de ideas mantenidas por el grupo ocuparon un punto central dos cuestiones que, aunque ya comentadas más en detalle en otros documentos, paso a resumir aquí:

La primera de ellas fue el alcance del término social, pues tras los primeros análisis de la bibliografía sobre el tema, se vio claramente que la mayoría de las publicaciones y experiencias lo vinculaban con los servicios destinados a colectivos vulnerables o en riesgo de exclusión, pero en muy pocos casos se ampliaba al conjunto de la sociedad. Se observó también que apenas se señalaban proyectos vinculados a la biblioteca como ágora o espacio público de debate, aunque esta idea era conocida y apoyada por un buen número de profesionales. Tampoco se incorporaban ejemplos de acciones de participación ciudadana, que generalmente en nuestra sociedad estaban siendo asumidas por servicios de los propios municipios o asociaciones vecinales, olvidando que las bibliotecas podían ser un espacio excelente para el ensayo y la iniciación de los ciudadanos en las prácticas políticas participativas.

La segunda cuestión que observamos desde el principio fue cómo las bibliotecas realizaban muchas acciones puntuales de carácter social, o incluso tenían programas concretos para desarrollar en un determinado ámbito, pero en la mayoría de los casos carecían de un Proyecto general o Plan estratégico en el que lo social de alguna forma impregnase toda su actividad.

Tras estas primeras discusiones se decide elaborar el Decálogo de la biblioteca social que intenta recoger de forma clara y concisa todas aquellas cuestiones que la conforman, incluyendo no solo aquellos puntos que necesitaban ser más resaltados porque todavía no se habían incorporado de forma clara al quehacer diario de nuestras bibliotecas, sino también aquellos otros, que aun estando incorporados mayoritariamente a nuestros proyectos y actuaciones habituales, son imprescindibles y por ello necesitan ser recogidos en un documento como el Decálogo que pretende ser representativo del concepto de biblioteca social.

Decálogo de la biblioteca social

Analizando un poco las ideas recogidas en el Decálogo se observa cómo se ha resaltado en el punto 1 la necesidad de elaborar un Proyecto o Plan de Biblioteca social, pues aunque esta elaboración lleve un tiempo de trabajo que, a veces, en el devenir diario de la biblioteca, nos es difícil conseguir, su existencia nos facilitará el desarrollo posterior de las distintas actuaciones y definirá un marco temporal que dotará de coherencia y continuidad a todo lo que se realice.

El punto 3, que recuerda la conveniencia de promover la Participación, es también de gran importancia pues las bibliotecas ya han incorporado a los usuarios y a muchos sectores de la sociedad, asociaciones y grupos, como colaboradores e interlocutores para el desarrollo de su actividad, pero faltaría ahora dar ese último paso de incorporar paulatinamente a los ciudadanos en las labores de gestión de las bibliotecas para alcanzar así la verdadera Participación ciudadana.

El punto 4 está muy vinculado a lo señalado más arriba sobre la ampliación del término social y pretende resaltar las necesidades de las personas no tanto atendiendo a la segmentación clásica por criterios de edad, sexo, formación o condición socioeconómica, sino atendiendo a cuestiones más sutiles, es decir atendiendo a circunstancias vitales no tan visibles pero que están ahí y que todos en un momento dado atravesamos. Y en esos momentos la biblioteca puede desempañar un papel crucial para la socialización y el encuentro.

Si toda la actividad de la biblioteca debe mantener un ritmo constante, las ideas que se recogen en los puntos, 6, 7 y 8 son quizá las que nos exijan una actuación más continuada. El estímulo de un equipo responsable debe ser una actuación permanente en el tiempo pues todos sabemos que la motivación decae si no se promueve y alimenta. De igual forma tanto el diseño de espacios como la comunicación requieren de una actuación continua.  Se trata de cuestiones muy influenciadas por los entornos cambiantes en los que vivimos y la biblioteca se debe mostrar siempre como una institución viva y atenta a los nuevos intereses que requerirán cambios y readecuaciones del espacio físico y nuevas formas y herramientas de comunicación.

El punto 9, Active el cambio, llama la atención sobre el papel de la biblioteca como institución que puede y debe favorecer la sensibilización de la sociedad ante los numerosos problemas del mundo actual, promoviendo el cambio de mentalidades y el compromiso individual y social. En este punto es interesante resaltar cómo las bibliotecas están desempeñando un papel cada vez más activo y consciente en el apoyo a la difusión de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

Los puntos 2 y 5, Busque colaboradores y Conozca el trabajo de los demás están muy relacionados y son también de gran importancia, pero por estar ya muy incorporados a nuestras labores habituales creo que no necesitan ningún comentario adicional. Lo mismo podría decirse del punto 10, conocido y defendido por todos, pero se ha tenido a bien colocarlo aquí cerrando el Decálogo para tenerlo siempre presente y no olvidarlo, pues los salvajes recortes sufridos por las bibliotecas en los peores momentos de la crisis, han puesto de manifiesto cómo incluso instituciones tan arraigadas en nuestras sociedades como las bibliotecas públicas pueden sufrir los peores avatares.

El Decálogo y la Infografía realizada para su difusión son los documentos más relevantes elaborados por el grupo, pero el hecho de que las XIX Jornadas Bibliotecarias de Andalucía celebradas en Huelva en noviembre de 2017 con el título Biblioteca social. Bibliotecas y sociedad coincidiese tan directamente en intereses, facilitó la presentación y publicación por los distintos miembros del grupo de comunicaciones sobre los temas en los que el grupo estaba trabajando.

Y ya para concluir es interesante comentar que en el último pleno del CCB reunido en Madrid en febrero pasado se decidió que el Grupo de trabajo estratégico Función social de la biblioteca, se fusionase con el Grupo de trabajo de la Agenda 2030 puesto que había una vinculación clara entre los objetivos de ambos.

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