I Premio al proyecto universitario más innovador en el ámbito de la Gestión de Información y la Documentación

Coordinación:
Carmen Morales y Blanca San José
Vocalía de Publicaciones de SEDIC

SEDIC, en colaboración con el Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la UCM, promovió por primera vez en 2015 este galardón, vinculado a la Jornada Actualiza-T. La jornada pretendía promover un foro de discusión en torno a las tendencias formativas y tecnológicas en el sector, buscando sinergias y puntos de encuentro entre el ámbito universitario (investigador y docente) y la actividad profesional. El premio, por su parte, quería distinguir públicamente aquellos proyectos teóricos más innovadores y con una mayor aplicación práctica en el ámbito empresarial.

Por este motivo, hemos querido entablar un pequeña charla con los tres ganadores en torno a los temas de mayor actualidad en sector de la documentación y la gestión de información. Éstas son sus aportaciones.

1. Como profesional del sector de la gestión de la documentación e información, ¿cuáles han sido las principales dificultades que has encontrado en tu incorporación al mundo laboral?

Elsa Molina Rubio
Ganadora I Premio al Proyecto Universitario más innovador en el ámbito de la Gestión de Información y la Documentación

elsa molinaEso depende de la etapa profesional que tengamos en cuenta. Durante los primeros años los principales problemas con las que una se puede encontrar al incorporarse al mundo laboral, es desconocer cuál es la demanda real por parte de las empresas de ambos sectores: público y privado, que requieren servicios de documentación e información. Asimismo, fue complicado hacer frente al mundo laboral cuando los contenidos académicos en ciertas ocasiones no se aproximaban a las necesidades de los puestos de trabajo, sobre todo en lo relativo al mundo de la gestión -no tanto en bibliotecas o archivos-, y no me refiero solo a nivel de herramientas, sino y sobre todo, a nivel conceptual. Por otro lado, el nivel de cocimientos teórico-prácticos que se adquirían en las facultades durante los años noventa, y su nivel de adecuación al mercado laboral, no son en modo alguno comparables a los actuales. A día de hoy, se trata de una formación más práctica y cercana al modus operandi de las empresas, pero entonces las formas eran estáticas y no se concebía la ciencia de una manera tan multidisciplinar y estratégica como se hace actualmente.

Para aquellos que comenzamos a estudiar en el siglo pasado y contamos con una larga experiencia en el mundo de la documentación, las dificultades a la que hemos de hacer frente en la actualidad son otras -más enraizadas, si se desea, con el contexto económico y político en el que vivimos-, y por eso es fundamental aplicar nuestra capacidad personal para gestionar los cambios y adaptarnos. Al tiempo que es imprescindible conocerse a una misma, así como a sus habilidades profesionales para considerarse una especialista cualificada y capaz. En suma, como una experta habituada a cubrir las necesidades de las empresas de manera competente, siempre partiendo de la premisa de que una gestión eficaz de la información es sin duda sinónimo de éxito para cualquier negocio, no sólo porque generamos en ellas ahorros sustanciales, sino también importantes beneficios cuantificables.

Oskar Hernández Pérez
2º Premio al Proyecto Universitario más innovador en el ámbito de la Gestión de Información y Documentación

oskar hernandez perezProvenía de otro sector cuando me incorporé al mercado laboral en Información y Documentación (estudié Trabajo Social como primera carrera) y eso sin duda me ayudó. Contaba con más de siete años de experiencia en el ámbito social, una buena parte de ellos gestionando proyectos y, claro que no es lo mismo coordinar un proyecto de inclusión social que poner en marcha un proyecto de uso intensivo de la información, pero después de hacer una cosa y otra, con los años entendí mejor la confianza que depositó en mí la primera empresa que me dio trabajo como documentalista: la gestión de proyectos es una competencia transversal, se puede aplicar a cualquier sector, sumergirse en el contexto en el que vayas a desarrollar esa competencia es sólo cuestión de tiempo. Esto que os cuento ocurrió en 2002 y hoy en día el mercado laboral ofrece menos posibilidades que entonces a quien acaba de salir de cualquier facultad. Pero soy optimista: la economía es cíclica y el período actual de crisis no durará eternamente, siguen surgiendo oportunidades en nuestro ámbito y, en mi opinión, nosotros como profesionales podemos ir incorporando paulatinamente a nuestro currículum ciertas competencias transversales, como la gestión de proyectos o los idiomas, que mejorarán nuestra empleabilidad.

Rubén Alcaraz Martínez 
3º Premio al Proyecto Universitario más innovador en el ámbito de la Gestión de Información y Documentación

Eruben alcarazn mi caso, la incorporación al mundo laboral (en nuestro ámbito), llegó durante el segundo curso de la diplomatura en Biblioteconomía y Documentación. Desde entonces, aunque he pasado por varios centros, no he dejado nunca de trabajar en bibliotecas o archivos.

Hace unos años, encontrar trabajo en nuestro ámbito era más fácil. Existía una mayor oferta pública para cubrir puestos en bibliotecas y archivos de la administración, y se repartían muchas más subvenciones para la realización de proyectos que permitían a las empresas incorporar nuevos trabajadores. Actualmente, el mercado laboral en nuestro ámbito está mucho más parado, en parte porque la oferta pública y las subvenciones se han reducido drásticamente. Como pasa en otros sectores, la mayoría de los que se incorporan al mercado laboral en estos momentos lo hacen en unas condiciones de precariedad respecto a los que se incorporaron años atrás. También los que venimos trabajando desde hace algunos años hemos visto como, en muchos casos con la excusa de la crisis, se ha aprovechado para recortar nuestros salarios, jornadas y derechos laborales. Unos ajustes que nunca llegan por igual a las partes más altas de los organigramas.

Respecto a la incorporación de los titulados al mercado laboral, uno de los principales problemas que observo es el desconocimiento de las empresas del perfil profesional del bibliotecario/documentalista. Para ellas, seguimos demasiado asociados a las bibliotecas o centros de documentación tradicionales y no nos ven como un perfil capaz de encargarse de la gestión de contenidos web, la arquitectura de la información de un portal, la analítica web, SEO, minería de datos, big data, vigilancia tecnológica… Esta percepción va en contra de nuestro interés de que la sociedad demande profesionales de la información y la documentación. Este es seguramente, el verdadero problema (y no precisamente un problema nuevo) al cual deberíamos dedicar mucha más atención.

Otro gran problema es el desconocimiento absoluto de una gran parte de las empresas de los nuevos perfiles profesionales. No es difícil ver como en una misma oferta se pide a un community manager que también sea experto en SEO, SEM, analítica web, experiencia de usuario y que además sepa crear y mantener una página web con Prestashop u otra plataforma de e-commerce. Una oferta como esta, salvando las distancias, equivaldría en el ámbito de la medicina a buscar a un traumatólogo experto también en pediatría, oftalmología y oncología.

Además, tenemos competencia. Del fenómeno de la información se ocupan muchas disciplinas y por tanto, existen otros profesionales con perfiles muy diversos que pueden reclamar estos puestos de trabajo como propios.

También he observado un cierto rechazo por parte de algunos compañeros de profesión hacia estos nuevos perfiles. Muchos creen que no son para ellos o que “no lo sabrán hacer” y, finalmente, no se atreven a enviar el currículum si el perfil demandado en la oferta no incorpora palabras como “bibliotecario” o “documentalista”. Debemos comprender que, como consecuencia del gran desconocimiento que existe en la sociedad tanto de nuestra profesión, como de estos nuevos perfiles profesionales, una gran parte de las ofertas de trabajo a las que podemos optar, hablarán de “Gestor de contenidos”, “Diseñador de experiencia de usuario”, “Data analyst”, etc., y no de documentalistas, aunque las tareas que realicen sean, en parte, las mismas que cualquier otro profesional de la información.

2. ¿Consideras que la formación universitaria se ha adaptado a la nueva demandas del sector que reclaman profesionales especializados en la gestión de la información con perfiles muy relacionados con las tecnologías y la información digital?

Elsa Rubio Molina:

Definitivamente se ha producido un gran avance desde los años noventa hasta hoy. En la actualidad, no se puede concebir la Documentación dándole la espalda al desarrollo tecnológico, a la inmediatez y ubicuidad de la comunicación on line, a las estrategias de posicionamiento, a las herramientas de análisis o a las múltiples plataformas interactivas. Poco a poco, la formación universitaria se aproxima más a la realidad digital, aunque sería deseable considerar una mayor inversión dentro de los planes académicos generales o grados con la misma profundidad con la que se hace en las especializaciones de los másteres.

Oskar Hernández Pérez:

Pienso que todos los planes de estudios de las facultades españolas que imparten el grado en Información y Documentación garantizan que el estudiante adquiera competencias tecnológicas avanzadas y domine los fundamentos de la información digital. He vivido dos años en Alemania, conocí a muchos colegas de profesión allí y os puedo asegurar que no tenemos nada que envidiarles en cuanto a formación. Otra cosa es lo que demande el sector, que quizás en algunos casos sea demasiado específico y a la vez también restrictivo: conocimiento de tal software de gestión de bibliotecas o dominio de tal programa de gestión documental como requisitos imprescindibles en el proceso de selección para un puesto de trabajo, por ejemplo, cuando en muchas ocasiones se trata de programas propietarios, a los que un recién graduado no puede acceder de ningún modo o quizás sólo en versión de prueba. Pero con respecto a la formación universitaria, no tengo ninguna duda de que la base es sólida y de que estamos entre los profesionales de la Información mejor formados de Europa.

Rubén Alcáraz Martínez:

Pienso que los antiguos estudios de Biblioteconomía y Documentación, ahora de Información y Documentación, nunca han sido ajenos a la tecnología. Si somos objetivos, nuestra profesión siempre ha ido incorporando las tecnologías de la información y la comunicación a medida que iban apareciendo. Todas estas novedades supusieron, como no podía ser de otra manera, la incorporación progresiva de nuevas competencias en los planes de estudio.

No obstante, sí es cierto que algunas competencias o disciplinas se han incorporado tarde a los planes de estudio de las carreras y másteres de nuestro ámbito. Un ejemplo paradigmático es el de la arquitectura de la información. Una disciplina que, a pesar de surgir dentro del ámbito de la información y la documentación, ha tardado demasiado en llegar a nuestras aulas. La incorporación tardía de esta disciplina, así como la de otras relacionadas con la gestión de la información en Internet, ha supuesto que profesionales de otros ámbitos se las apropiasen. En este sentido, quizá tampoco hayamos sido capaces de comunicar al mundo y, aquí no sólo culpo a las universidades, sino también a los colegios y asociaciones profesionales y a cada uno de nosotros (que hemos publicado poco y tarde en relación a estas disciplinas), que nuestro perfil podía ofrecer mucho en este terreno.

He citado el caso de la arquitectura de la información (como podría haber hablado de otras disciplinas relacionadas con el diseño web o la experiencia de usuario) y no determinados conocimientos específicos en un software documental u otro. Esto no es casual, pues pienso que la prioridad está en incorporar definitivamente todas estas disciplinas surgidas a finales de los 90 con la llegada de Internet, y no tanto en formar a expertos en el uso de programas específicos como Alfresco, Documentum, WordPress, DSpace…, que deben ser sólo ejemplos con los que trabajar el contenido teórico de las asignaturas que realmente deben formar parte de los planes de estudio. El verdadero valor está en seguir siendo expertos en la descripción, organización, recuperación y reutilización de la información. Evidentemente, la evolución de la tecnología impone dejar de pensar en fichas en papel (y también en bases de datos tradicionales) y comenzar a pensar en tecnologías como XML, JSON, RDF, SPARQL, SQL, HTML… que, estas sí, deben formar parte de nuestros planes de estudio. No somos, ni seremos, informáticos (al menos no la gran mayoría), pero sí urge incorporar algunos conocimientos de estos estudios, sin desdibujar nuestro perfil.

3. ¿Crees que bibliotecarios y documentalistas han sabido adaptarse al nuevo mercado de trabajo que requiere más este tipo de perfiles que otros más tradicionales?

Elsa Rubio Molina:

Considero que los profesionales de la Información vivimos nuestro oficio como una vocación. Aquellos a los que la diplomática o la ciencia de la archivística les ha inspirado se han reciclado y aproximado a las nuevas herramientas siendo elementos imprescindibles para esta sociedad, capaces de trabajar tanto un archivo histórico como uno de gestión. Ocurre igual para un profesional apasionado por la ciencia de la biblioteconomía, constituye un elemento fundamental para la salud de la sociedad y es capaz de gestionar tanto una biblioteca con las herramientas tradicionales como con las nuevas tecnologías.

Un especialista de la Documentación y Gestión de Información es un individuo con habilidades estratégicas transversales suficientes como para aplicarlas en todos los ámbitos empresariales, archivos y bibliotecas.

Los profesionales de la Información nos hemos adaptado siempre a los diferentes formatos, herramientas, políticas y necesidades de los usuarios a lo largo de la historia: desde el papiro a la era digital, pasando por el pergamino y la enorme revolución que supuso la imprenta. Ésta era no es distinta, siempre hemos desempeñado nuestro trabajo con gran devoción y garantía porque nuestro objetivo siempre se centrará en satisfacer demandas de información, independientemente de la época, las políticas de gestión o las herramientas empleadas.

Oskar Hernández Pérez:

Cuando fuera de nuestro ámbito hablo con colegas de otras profesiones sobre este tema de la capacidad de adaptación al cambio, siempre pongo el mismo ejemplo cercano de una compañera bibliotecaria de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde trabajo, que tiene más de 60 años y que ha sido capaz de adaptarse durante su vida laboral desde el catálogo en fichas, pasando por la informatización y automatización de los catálogos en los años 90 y la implementación de los primeros catálogos colectivos, hasta la explosión de la información digital en la primera década de este siglo. En poco más de 20 años el salto ha sido brutal y cuando pienso en profesionales de la información como ella, opino que definitivamente sí: nuestro colectivo es uno de los que mejor ha sabido, sabe y creo que sabrá adaptarse a los cambios que vendrán en las relaciones de la sociedad con la información.

Rubén Alcáraz Martínez:

Durante mis años en la facultad, fueron varios los profesores que insistieron en la necesidad de la formación continuada. En este sentido, los titulados que han seguido a pies juntillas esta recomendación después de finalizar sus estudios, por ejemplo, realizando un máster o postgrado, o incluso han seguido formándose por su cuenta a través de cursos, seminarios, etc., se han adaptado mejor al nuevo mercado y han tenido menos problemas para incorporarse a estos nuevos puestos de trabajo.

4. ¿Cuál es tu visión de la profesión en un futuro próximo?

Elsa Rubio Molina:

Big Data. Debemos tener en cuenta cómo es el nuevo formato de la información, cuáles son sus canales, cómo podemos almacenarla, cribarla, definirla, recuperarla, distribuirla. Este reto está por alcanzarse: los profesionales de la información tenemos mucho que aportar a todas estas nuevas técnicas y herramientas que se están desarrollando; a esta nueva concepción de la realidad informativa. Actualmente estas implementaciones suponen fuertes inversiones económicas, por lo tanto, son pocos, dentro de los mercados, los que verdaderamente trabajan en el control de la información. Nuestro reto es participar en la definición de políticas de información, así como en los procesos de gestación, desarrollo y gestión para facilitar el acceso en tiempo real a los datos, de una manera transparente y en beneficio de todos.

Oskar Hernández Pérez:

La profesión tiene la función social de dar respuesta a las necesidades que tiene la sociedad de que existan unos profesionales especializados en Información y Documentación. En algunos casos esas necesidades han sido básicamente las mismas desde hace miles de años y creo que no cambiarán en un futuro, ni próximo ni lejano: no me imagino que de aquí a 100 años la sociedad convenga que la Biblioteca Nacional tenga que dejar de existir, o que los centros de documentación especializados pierdan su razón de ser. En otros casos, desde la profesión se ha impulsado que la sociedad nos reconozca como interlocutores válidos para satisfacer necesidades que inicialmente no se nos atribuían: podemos tener un lugar en asuntos como el Big Data, de la misma manera que lo tuvimos con la expansión de la Web 2.0. Para mí la profesión es actualmente un mosaico que da respuesta a muchas y variadas necesidades, que también promueve cambios en la sociedad y en el que conviven intereses diversos: en un futuro quisiera seguir viendo este “diálogo”.

Rubén Alcáraz Martínez:

Esta es una pregunta difícil de responder y no me atrevo a predecir el futuro. Tampoco quisiera ser demasiado pesimista, pero la falta de visibilidad de los estudios entre los estudiantes de bachillerato y de la profesión en la sociedad, seguirá provocando un descenso en las matriculaciones de los Grados de Información y Documentación si no se actúa de inmediato, y esto va en contra del desarrollo de la profesión. Creo que nuestro mayor reto para los próximos años es el de posicionar los estudios en información y documentación y a nuestra profesión en el lugar que les corresponde. Si no lo conseguimos, los problemas actuales derivados de este desconocimiento, seguirán creciendo.

5. Centrándonos en el desarrollo de proyectos como el que has elaborado y te ha llevado a la ganar el I Premio al Proyecto Universitario más Innovador en el ámbito de la Gestión de la Información y la Documentación, ¿cuáles son las principales dificultades que has encontrado en su elaboración y en su posible comercialización?

Elsa Rubio Molina:

Considero que la principal dificultad a la hora de elaborar un proyecto universitario está en decidir bien el objeto del estudio. Una vez identificado éste, investigar sencillamente depende de una misma, y de sus habilidades y capacidades para alcanzar las metas planteadas. No dispongo de la experiencia suficiente como para aseverar taxativamente sobre la idoneidad de un Modelo de Negocio frente a otro a la hora de comercializarse. Sin embargo, sospecho que tiene mucho que ver con lo que anteriormente mencionábamos: si se desea alcanzar el éxito es importante saber adaptarse, ser consciente de las dificultades y riesgos, también de las oportunidades que se esbozan y tratar de ser flexibles en los planteamientos.

Oskar Hernández Pérez:

Mi proyecto era de orientación investigadora y tuve mayores dificultades durante la primera fase, cuando partiendo “de la nada” tenía ante mí el reto de diseñar un proyecto de investigación. Fue mi primera experiencia seria en investigación y concretar una idea inicial vaga, aunarla con mis intereses personales para mantener la necesaria motivación, empezar a darle forma con la redacción de las preguntas de investigación, delimitar los objetivos, empezar a buscar la fundamentación teórica… todo lo que ocurrió en esta primera fase fue lo que recuerdo como más arduo del proceso. Respecto a la segunda parte de la pregunta, la verdad es que no he intentado comercializarlo pero tiene unas cuantas aplicaciones prácticas que ayudarían a mejorar el rendimiento de los equipos de trabajo.

Rubén Alcáraz Martínez:

En mi proyecto final de máster es posible diferenciar dos grandes apartados. Una primera parte en la que se analiza un problema y se plantean una serie de soluciones técnicas en vistas a resolverlo. Y una segunda parte en la que se desarrolla una aplicación según los requerimientos descritos anteriormente. La primera parte es para la que forma el Máster en Gestión de Contenidos Digitales de la Universidad de Barcelona/Universidad Pompeu Fabra. La segunda parte requiere de conocimientos en programación, estándares web y en el uso de la API de Google Maps. Esta segunda parte es la que más me costó, pues aunque siempre he orientado mi perfil hacia el ámbito de las TIC, tuve que dedicar prácticamente un curso a empezar a aprender programación. Por lo que respecta a su comercialización, no la he llegado a plantear.

6. ¿Cuáles consideras que son las claves para elaborar un proyecto de éxito en este sector?

Elsa Rubio Molina:

Nunca he creído en las fórmulas mágicas o que existan claves para el éxito. Así como protagonista de El Viejo y el Mar, de Hemingway, tampoco podía intuir cuáles serían los derroteros por los que le llevaría a transitar el tratar de materializar su obsesión. Quizás se trate más bien de una actitud. Una manera de vivir. Tal vez sea sólo cuestión de no dispersarse, no ir a la deriva, no cejar, no venirse abajo, no abandonar. Que la motivación nos permita adaptarnos, amoldarnos, pero no cambiar el rumbo. Quizás el éxito radique en que nuestras formas de ser y de actuar confluyan y no diverjan, de modo que sepamos aprovechar la experiencia, aprender y madurar junto con ella.

Oskar Hernández Pérez:

Para innovar en cualquier sector creo que se requiere una cierta curiosidad: es importante estar al día sobre las cosas que pasan en tu ámbito, pero sobre todo tener interés por conocer, tanto a nivel conceptual (“qué se cuece” en las universidades y en los centros de investigación), como a un nivel más concreto (saber qué hace tu competencia, saber qué hacen los que no son competencia, saber qué se hace en otros países). Creo que la curiosidad es un factor clave: te mantiene despierto, te hace pensar, te hace relacionar una cosa con la otra, y de todo ello surgen ideas en las que quizás otros no habían reparado antes.

Rubén Alcáraz Martínez:

Creo que una de las claves es buscar soluciones a problemas concretos. Actualmente, la tecnología avanza tan rápido, que llega a nosotros antes de estandarizarse. En el caso de la accesibilidad digital, disciplina en la que se enmarcaba mi trabajo final de máster, esto supone siempre problemas de accesibilidad que deben ser corregidos en vistas a ofrecer productos accesibles. La accesibilidad digital es una disciplina por descubrir y un ámbito en el que todavía queda mucho por hacer. Por otro lado y, aunque pueda parecer un tópico, sin esfuerzo, dedicación y perseverancia no es posible alcanzar ningún objetivo.

7. ¿Cuál consideras que debe ser el papel del mundo universitario así como de las asociaciones profesionales a la hora de facilitar el camino a personas que como tú deciden emprender un proyecto en sector?

Elsa Rubio Molina:

Aparte de la orientación jurídica, y de invertir económicamente en proyectos potencialmente exitosos dentro del sector, deberían ser un vínculo entre los distintos emprendedores, para que ellos mismos puedan nutrirse de otras experiencias, así como ser el enlace con empresas y empresarios que deseen participar económicamente en estos proyectos. Hacer de nexo entre la vida académica y la realidad empresarial, ser un referente para aquellas organizaciones que deseen externalizar o innovar con proyectos de este tipo; premiar con un sello de distinción y reconocimiento público a aquellos proyectos que más repercutan en los beneficios de la sociedad. En definitiva -aunque quizás sea un sueño-: facilitar y facilitar.

Oskar Hernández Pérez:

Sin duda, iniciativas como las de SEDIC con la convocatoria de este premio ayudan, y mucho. Las universidades y las organizaciones empresariales llevan ya años creando sinergias y considero que eso es también un factor facilitador. Una de las acciones subvencionables por el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea es la realización de doctorados industriales europeos y uno de los requisitos es precisamente que uno de los socios sea una empresa. Es importante creer en el proyecto, empezando por uno mismo: a partir de aquí, creo que hay vías, siempre se pueden encontrar vías para todo en esta vida.

Rubén Alcáraz Martínez:

Dentro del mundo universitario se están empezando a ver iniciativas como la asociación de emprendedores Start UC3M de la Carlos III, el Centro de Iniciativas Emprendedoras de la Universidad Autónoma de Madrid o el Club d’Emprenedors dentro del Alumni de la Universidad de Barcelona, entre otros. En todos estos casos se ofrecen diferentes servicios de apoyo para algunas de las fases del proceso de creación de una empresa, especialmente para las iniciales. Esto está bien, pero lo realmente interesante sería que en nuestro territorio se adoptasen modelos como los de Silicon Valley, en los que existe una gran transferencia de tecnología entre universidad y empresa a través de relaciones muy estrechas entre estos dos actores.

Todo empresa recién nacida es frágil por naturaleza, depende de financiación, de los cambios del mercado y de una infraestructura. Las empresas que nacen en lugares como Silicon Valley en los que la infraestructura ya existe tienen muchas más posibilidades de prosperar.Además, este modelo también fomenta el crecimiento económico de la región con la creación y crecimiento de empresas satélite, de servicios y abriendo la puerta a otros empleados. Por ejemplo, se estima que cualquier empresa de tecnología genera 4 nuevos puestos de trabajo de administrativos y trabajadores manuales cualificados por cada ingeniero o ejecutivo. También se estima que cada ingeniero o ejecutivo suele crear unos 12 empleos adicionales en empresas de servicios. Evidentemente, la adopción de este modelo no sólo depende de las universidades, sino de la voluntad política del gobierno.

Por lo que respecta a los colegios y asociaciones profesionales, desgraciadamente no disponen de mecanismos que permitan a sus asociados emprender proyectos en el sector, más allá de algún servicio de asesoría u orientación laboral. Como en el caso de las universidades, también les queda mucho camino que recorrer.

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