El Observatorio Astronómico de Madrid y su biblioteca

Dr. Pere Planesas
Astrónomo del Observatorio Astronómico Nacional

La fundación de observatorios astronómicos nacionales en Europa se inició en el s. XVII, con la de dos de los más emblemáticos, el Observatorio de París en 1667 y el de Greenwich, cerca de Londres, ocho años después. En la segunda mitad del siglo XVIII se fundaron dos observatorios astronómicos en España, tomándolos como modelo. El primero fue el de Cádiz, creado en 1753, como observatorio de la Academia de Guardiamarinas (fundada en 1717) dependiente de la Marina.

El segundo observatorio nacional se creó en Madrid en 1790, época en que la ciudad contaba con unos 175.000 habitantes (5 % de la población actual). El Real Observatorio Astronómico de Madrid iba a constituir, junto con el Real Jardín Botánico (1755) y el Real Gabinete de Historia Natural (1771), parte principal del equipamiento cultural de la llamada Colina de las Ciencias junto al reurbanizado paseo Salón del Prado. El arquitecto Juan de Villanueva (1739-1811) fue el encargado de diseñar el edificio principal del Observatorio, con planta central en cruz con un gran pórtico de acceso con ocho columnas y coronado con un templete circular jónico. El Real Observatorio de Madrid fue una de las últimas instituciones ilustradas fundadas en España. Estaba destinado a ser un centro de estudio de los movimientos celestes, de enseñanza teórica y práctica de la astronomía, de construcción de instrumentos científicos y un referente cultural más para la ciudadanía.

Además de los pequeños instrumentos traídos de París y Londres y los construidos en el propio observatorio, en 1802 se recibió el gran telescopio de William Herschel de 25 pies de longitud (7,5 m.), el mejor de los que construyó el que fue el más destacado fabricante de grandes telescopios de la época. El telescopio, que se trasladó desde Inglaterra desmontado en 52 cajas, llegó acompañado de nueve cuadernos manuscritos y de dos libros ilustrados de gran formato, únicos, que contienen los planos totales o parciales del telescopio, detalles de muchas de las piezas e ilustración de maniobras. Unos y otros debían servir para su correcto montaje y operación. El 18 de agosto de 1804 pudo ya mirarse por el telescopio. Los cuadernos y planos han permitido, en el s. XXI, llevar a cabo la construcción de una réplica a tamaño real del gran telescopio de Herschel, que se puede admirar en las visitas guiadas que, de viernes a domingo, se realizan en el Observatorio de Madrid.

La exposición de instrumentos antiguos se completa con los expuestos en el edificio de Villanueva, tanto en la rotonda central (en el centro de cuyo suelo se encuentra un clavo que indica el lugar exacto del meridiano de Madrid, sobre el que oscila un péndulo de Foucault), como en la sala del círculo meridiano donde, además del círculo de Repsold (1854), hay una colección de relojes de precisión empleados en las distintas épocas de la historia del Observatorio. Otros instrumentos están expuestos en el Museo de Ciencias de la Tierra y del Universo que también se encuentra en el recinto del Observatorio.

El 2 de diciembre de 1808 el Observatorio fue ocupado y parcialmente destruido por las tropas invasoras francesas, que quemaron el telescopio de Herschel. En 1851 una real orden constituyó de nuevo el Observatorio Astronómico de Madrid, nombrando a un director, bajo la supervisión de un Comisario Regio. Se construyeron edificios adicionales, se adquirieron instrumentos y libros, y se inició la publicación de trabajos científicos y divulgativos. En efecto, sus fines declarados fueron dos: contribuir al adelanto de la astronomía y difundir entre los españoles los conocimientos astronómicos. Al reorganizarse el Observatorio en 1851 no contaba con una biblioteca, por lo que en años sucesivos se destinaron cuantos recursos se pudo a la adquisición de libros, sin detrimento de las demás necesidades del Observatorio. En la actualidad dispone de unos 10.000 volúmenes, entre libros, catálogos, folletos y tomos encuadernados de revistas científicas periódicas.

El Observatorio inició la publicación de un anuario astronómico en 1860, con el fin de difundir los fundamentos y los resultados más elementales y los más importantes de la Astronomía y ciencias relacionadas. El anuario del Observatorio Astronómico se sigue publicando en la actualidad (se han cumplido 130 ediciones en 2018) y cada año incluye un par de artículos de divulgación. (Este texto se basa en uno de ellos, “La Biblioteca del Observatorio Astronómico de Madrid”, cuyo autor es Pere Planesas).

A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y durante el XX se adquirieron libros y catálogos, se coleccionaron publicaciones periódicas de diversa índole, así como anuarios con efemérides astronómicas y almanaques náuticos, y se recibieron anales y boletines de observatorios y sociedades científicas. El ala oeste del edificio de Villanueva se convirtió en biblioteca, habiéndose extendido posteriormente al edificio del Gran Ecuatorial.

Tras una época de declive en el último tercio del siglo XIX, el primero del XX fue una época de gran actividad y de adquisición de modernos instrumentos, propiciadas por la sucesión de cuatro eclipses totales de Sol (tres de ellos en España) y el paso del cometa de Halley en 1910. Sus actividades se detuvieron durante la guerra civil y fueron escasas durante la posguerra. Las necesidades propias de la instrumentación moderna (en altura y lejos de la contaminación lumínica) propiciaron que en la década de 1970 se decidiera la instalación de los nuevos telescopios fuera de la ciudad de Madrid, en el Observatorio de Calar Alto (Almería) y el Centro Astronómico de Yebes (Guadalajara).

En la actualidad el Observatorio Astronómico de Madrid forma parte del Observatorio Astronómico Nacional y es un centro de investigación en astrofísica de muy alto nivel en que se estudian temas tales como el nacimiento y la vejez de las estrellas, la astroquímica y los fenómenos que influyen en la estructura y la evolución de las galaxias, para lo cual sus científicos hacen uso de los mejores telescopios del mundo, instalados en Europa y en América.

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