El futuro de las bibliotecas

Debate coordinado por Ana Ordás

Sobre el futuro de las bibliotecas a nivel mundial vamos a conversar con cuatro personas involucradas en difundir el papel de las mismas en la sociedad: Anna María Ballester, Biblioteca del Goethe-Institut, Andoni Calderón, Biblioteca de la Universidad Complutense, Carme Fenoll, Biblioteca de Palafrugell y Alicia Sellés, de MASmedios.

Ese compromiso de la profesión bibliotecaria con la sociedad a la que sirve sigue intacto tras 83 años celebrando el Congreso de la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA), pero si algo puede caracterizar la edición de 2017 celebrada en Polonia, con 3.100 delegados de 122 países, es la de dar la bienvenida a la primera presidenta hispanohablante de la IFLA, la presidenta de FESABID Glòria Pérez-Salmerón, y el lanzamiento del debate sobre la “Visión Global de la IFLA” (IFLA Global Vision).

La Visión Global pretende desarrollar planes de trabajo conjuntos para fortalecer la posición de las bibliotecas y de los bibliotecarios a nivel internacional. Unir al sector bibliotecario mundial es una gran tarea, pero es la única forma de ser más eficaces en la lucha por que las bibliotecas cumplan con su verdadero potencial y aborden los desafíos del futuro.

Despina Gerasimidou‏ #wlic2017

A lo largo de 2017 la IFLA ha reunido a representantes de asociaciones de más de 140 países en 7 talleres regionales, el Taller Europeo se celebró en Madrid los días 5 y 6 de julio. Una lluvia de ideas global sobre el futuro en el campo de las bibliotecas que se incorporó a la encuesta de la “Visión Global”.

La IFLA recopilará y analizará los resultados y las conclusiones de esta encuesta para la elaboración de un completo Informe sobre la Visión Global que será publicado a comienzos de 2018. Sobre la base de este informe, el sector bibliotecario podrá definir la agenda para crear un sector bibliotecario más unido y llevar a la práctica la visión colectiva del futuro.

También se han realizado talleres a nivel mundial para dar herramientas a los bibliotecarios para que sensibilicen y promuevan en su país el reconocimiento por parte de los gobiernos de las bibliotecas como aliadas para lograr los 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y por tanto su contribución a la Agenda 2030. Es lo que se denomina International Advocacy Program (IAP).

Por último, conversaremos sobre un tema que me inquieta, la participación de los profesionales más jóvenes del sector.

El Congreso Mundial de Bibliotecas e Información de la IFLA 2017 llevaba por título “Bibliotecas. Solidaridad. Sociedad”. En él, la presidenta saliente Donna Scheeder, que ha dado paso a Glòria Pérez-Salmerón como presidenta de la Federación internacional para los años 2017-2019, dijo que “La solidaridad de un sector bibliotecario unido puede garantizar nuestra capacidad continua para marcar la diferencia en la vida de las personas y para usar el conocimiento con el fin de mejorar el estado de la sociedad”. ¿Cómo crees que se podría conseguir un sector bibliotecario unido? ¿Consideras que estos congresos promueven el contacto entre profesionales del sector o van más allá?

Anna María Ballester – Biblioteca del Goethe-Institut

Creo que los congresos como la IFLA hacen que el sector bibliotecario sea visible como una fuerza de cambio en la sociedad. Además, creo que el contacto entre profesionales es un valor importantísimo en sí mismo, porque sólo cuando salimos de nuestra pequeña burbuja nos damos cuenta de que todas nos enfrentamos a los mismos retos, y sólo creando redes de contactos e ideas podemos encontrar soluciones para superar estos retos.

Ahí está en mi opinión la clave para un sector bibliotecario unido: ser siempre conscientes de que no estamos solas o solos, que nuestros problemas y nuestras ilusiones son compartidos por muchas personas. Cuando te das cuenta de eso es mucho más fácil dar un paso al frente y pasar a la acción, y ahí la IFLA como motor de impulso es imprescindible.

Andoni Calderón – Biblioteca de la Universidad Complutense

Depende qué es lo que se considere unido, porque en buena medida las inquietudes son similares, al menos en ámbitos geográficos y en tipos de bibliotecas similares. La cooperación bibliotecaria siempre es un elemento vertebrador, aunque en cierto grado las bibliotecas también puedan competir entre sí.

Si por unidad se entiende que se defiendan al unísono las mismas cosas, con una única voz, resulta tan complicado como hacerlo a nivel político. En todo caso, se podría partir de los elementos comunes, aquellos que no generan controversia y que igualan más que diferencian. Los congresos si promueven el contacto entre profesionales.

El problema es que casi siempre van las mismas personas, de los mismos países, de las mismas instituciones. Y hay una gran disparidad en cuanto a la implicación de los diferentes grupos, secciones y personas.

Carme Fenoll – Biblioteca de Palafrugell

Creo que el espíritu de solidaridad interprofesional es alto, pero considero que podríamos trazar un reto común que nos propulsara más al exterior. De la misma forma que el sector educativo está realizando una gran tarea a nivel de innovación y reflexión, considero que las bibliotecas que tenemos esta visión, podríamos agruparnos y reivindicar nuestro papel. Podría ser un movimiento tipo ‘Bibliotecas innovadoras’ que supieran abanderar un movimiento de revolución: ya sea en gestión bibliotecaria (hay pocos ejemplos de gestión total innovadora), de servicios, de personal…

Solo he tenido la posibilidad de asistir a un congreso de IFLA, en 2006, en Seúl. Si IFLA tiene 90 años de historia es señal que ha sabido adaptarse a cada momento histórico. Para mí, un buen trabajo previo y posterior a los congresos es básico: que todos los profesionales podamos enriquecernos de las aportaciones más destacadas. También considero importante aprovechar las nuevas posibilidades tecnológicas para sumar aportaciones: streaming, relato en las redes sociales, son dos buenos ejemplos.

Para conseguir un sector bibliotecario unido tenemos que levantar los ojos de nuestro puesto de trabajo y mirar un poco más alto. Tenemos que trabajar desde arriba. Eso se traduce en quitarnos especializaciones y particularidades varias para que todos podamos sentirnos identificados tanto en el discurso como en los objetivos. Es la única manera de poder ir aterrizándolo y adecuándolo a la realidad de cada uno.

Alicia Sellés – MASmedios

Creo que cualquier encuentro (jornadas, congresos) favorece el contacto entre profesionales y esto sirve para que surjan sinergias, oportunidades, retos, para que tu visión y tu mundo se amplíen. Un congreso internacional, lógicamente mucho más.

Wroclaw ha sido mi primer congreso de IFLA y literalmente me ha parecido espectacular, desde los espacios y puestas en escena, hasta las temáticas y las participaciones. Sentarte junto a diez personas de otros continentes a pensar en cómo es el bibliotecario llamado a hacer el cambio…es algo que le recomiendo a todos los profesionales.

Finalmente, añadiría otra cosa, que considero que este congreso también va un poco más allá, y que para mí es muy importante, y es la identificación, todo el mundo se identifica y se siente parte de IFLA y eso se respira en el ambiente.

La IFLA Global Vision ha realizado talleres regionales a lo largo de todo el mundo y creado una encuesta internacional que se lanzó en el Congreso IFLA de este año y que dará lugar a un Informe sobre el que se podrá definir la agenda para llevar a la práctica la visión colectiva del futuro. ¿Crees que los retos a los que se enfrenta el sector bibliotecario son los mismos en todo el mundo? ¿Se puede hablar de un reto común?

Anna María Ballester – Biblioteca del Goethe-Institut

Aunque todos los profesionales del sector se enfrentan a su propio rango de retos y problemas, precisamente asistir al congreso de la IFLA me ha dejado muy claro que nuestros problemas se parecen muchísimo: cómo adaptarnos a la sociedad digital, instituciones obsoletas, falta de fondos y reconocimiento… Siempre son variaciones de los mismos temas.

Si tuviera que definir un reto común sería el posicionar las bibliotecas como una verdadera fuerza de cambio en la sociedad, y para eso el primer paso es que las mismas profesionales nos lo creamos. Que decir “soy bibliotecario” o “soy archivera” o documentalista, tenga la misma relevancia que decir soy juez, o abogada, o médico. Algunos dirán “qué exageración”, pero sinceramente no creo que lo sea. Nuestra contribución a la sociedad es valiosísima, y debemos a empezar a comportarnos como tal.

Andoni Calderón – Biblioteca de la Universidad Complutense

Los retos no son los mismos dado que el mundo, por muy global que sea, es desigual. Si es cierto que, aunque con efectos diferentes, son las mismas fuerzas las que están generando esos retos. Uno de ellos es el de la posible desaparición de las bibliotecas o al menos de las bibliotecas concebidas de la manera tradicional. La desigualdad que mencionábamos se puede observar ante este reto de la siguiente manera: la preocupación de unos porque desaparezcan las bibliotecas y de otros porque no han conseguido tenerlas.

La garantía del acceso a la información a cualquier ciudadano del mundo con independencia de sus condiciones económicas o sociales puede ser uno de los retos comunes, que además está recogido en la Agenda 2030 cuyo objetivo es el desarrollo sostenible.

Carme Fenoll – Biblioteca de Palafrugell

La respuesta es doble: con una mirada alta, creo que sí que tenemos un reto común, que es el de ser útiles a la sociedad a la que servimos, poniendo el acento en asegurar un acceso democrático a la información.

Con una mirada baja, y habiendo visitado bibliotecas de muchos países, creo que las prioridades varían según el contexto y los recursos. Difícilmente en países donde las bibliotecas tienen un presupuesto muy bajo o inexistente, se pueden plantear grandes retos. Mientras muchos países se plantean cómo abrir livinglabs, otros se rompen la cabeza para tener un ordenador anticuado con una conexión ínfima a Internet.

Alicia Sellés – MASmedios

Por supuesto que hay un reto común en todo el mundo, el reto común es el acceso a la información y la cultura de forma democrática, igualitaria, gratuita, etc. Esto significa trabajar en muchos ámbitos, el técnico, el legal, el político, el social, … y ahí es donde hemos de ir trabajando los profesionales, adaptando ese reto y superando barreras, algunas veces solos, otras con otros profesionales (dentro y fuera del sector bibliotecarios) y otras con políticos o con los que toman las decisiones.

Un claro ejemplo es el copyright, lo que buscamos es que todas las bibliotecas puedan prestar los servicios de préstamo y puedan generar sus colecciones, independientemente del soporte físico y papel, aunque las barreras no son las mismas en Europa que en África.

El International Advocacy Program (IAP), sobre el que también se están realizando talleres a nivel mundial, pretende dar herramientas a los bibliotecarios para que sensibilicen y promuevan en su país el reconocimiento por parte de los gobiernos de las bibliotecas como aliadas para lograr los 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y por tanto su contribución a la Agenda 2030. ¿De qué crees que depende la capacidad de influencia de los profesionales de la información en la toma de decisiones estratégicas? ¿Podrías decir si tú la ejerces en tu organización y cómo?

Anna María Ballester – Biblioteca del Goethe-Institut

La capacidad de influencia depende en gran medida de justo lo que decía en la pregunta anterior, que se resume en saber venderse, y para vender bien hay que transmitir confianza en lo que se está vendiendo. No es lo mismo decir “bueno, sólo soy bibliotecaria, pero es que tengo un par de ideas…” que decir “soy bibliotecaria, represento un sector de gran influencia, tengo experiencia de primera mano, y estas son mis ideas”.

Por supuesto, saber venderse por sí mismo no es suficiente, la verdadera influencia sólo se consigue cuando el sector está respaldado por asociaciones fuertes que tienen una voz en la sociedad, que tienen ideas novedosas y que no temen arriesgarse a ponerlas en práctica.

En la organización para la que trabajo, el Goethe-Institut, tenemos exactamente el mismo problema, las bibliotecas nos sentimos el departamento más flojo, y cuando se van a hacer recortes (sí, también hay recortes en Alemania) en lo primero en que se piensa es en la biblioteca. Yo intento cambiar esta actitud implementando proyectos novedosos (ahora estamos trabajando con realidad virtual) que den relevancia a la biblioteca, y hablando de ello siempre que puedo. Va un poco en contra de mi naturaleza, pero hay que hablar alto y fuerte y sin parar de la importancia de la biblioteca.

Otra parte muy importante, por supuesto, es mi colaboración con SEDIC. Como ya he dicho, creo que las asociaciones fuertes son un elemento imprescindible para nuestro éxito futuro, y eso para mí va más allá de pagar una cuota mensual. La colaboración con SEDIC me permite conocer a todo tipo de profesionales con las que quizá no tendría contacto de otra forma, me mantiene motivada e inspirada y espero así poder motivar e inspirar a otros.

Andoni Calderón – Biblioteca de la Universidad Complutense

Esa capacidad de influencia depende de la relevancia que les den en la propia sociedad en la que desarrollan su actividad. Allí donde las bibliotecas tienen un reconocimiento su valor será tenido en cuenta; donde no, no. Se puede pensar que depende de la propia valoración de los profesionales y de su capacidad de “venderse bien”; pero, aunque es importante, no es lo fundamental. Sin lo primero, lo segundo será como plantar en tierra estéril.

No tengo mucha capacidad de influencia. Estamos en un momento delicado y además soy relativamente nuevo. Con conseguir atravesar este momento de la mejor manera posible me parece suficiente.

Carme Fenoll – Biblioteca de Palafrugell

La capacidad de influencia depende del carácter del profesional y de la capacidad de dar ejemplo con su trabajo. Cada vez estoy más convencida que los estudios y el currículo no son determinantes en según qué posiciones. Una persona empática, capaz de tender puentes y aportar ayuda o anticiparse a ella, ejerce un liderazgo natural. En nuestro sector, estamos necesitados de profesionales visibles, bien posicionados, capaces de dejarse de mirar al ombligo para compartir estrategias.

Soy una persona más de hechos que de palabras. Intento hacer mi trabajo lo mejor posible y reinventarme constantemente, aprendiendo buenas prácticas y escuchando mucho a personas que admiro.

Alicia Sellés – MASmedios

Esta pregunta tiene difícil respuesta. El nivel de influencia no es unilateral, depende tanto de los influenciadores como de los influenciados.

He tenido la suerte de ser una de las personas que ha participado en el IAP Program representando a España y participé en un workshop en el que precisamente trabajábamos cómo elaborar y abordar un plan de “advocacy”, de sensibilización con el objetivo preciso de influir favorablemente para las bibliotecas en la toma de decisiones. Creo que puedo resumir diciendo que, lo que necesitamos para tener esa influencia por la que preguntabais es organización, estrategia y mensaje y resultados. Esto nos haría no sólo visibles, también reconocibles.

El ejemplo del logro de IFLA en la Declaración de Lyon o en la meta 10 del objetivo 16 son un ejemplo de lo que digo.  Las siglas de IFLA se reconocen más allá del sector bibliotecario, se ha tenido una visión y un mensaje claro en lo relativo al acceso a la información y se ha creado una estrategia para conseguirlo. En paralelo, se han ido trabajando datos y resultados que evidencian la veracidad y la validez del mensaje.

Ahora se está descendiendo de nivel, se está trabajando con los países y las organizaciones en cada país con dos objetivos claros. En primer lugar, sensibilizar a los profesionales sobre la Agenda 2030 y el desarrollo sostenible, familiarizarnos con el marco político y en segundo, fortalecer a los profesionales para que se hagan visibles y ejerzan esa influencia en sus países.

Una pequeña reflexión, si revisamos los 17 objetivos de la agenda y todas sus metas, la palabra biblioteca no la encontramos, pero sí encontramos varias veces, en casi todos los objetivos, la palabra información (en algunos de los casos vinculada al acceso). En realidad, de una forma muy simplificada, se trata de ofrecer a los que toman las decisiones, lo que ya venimos haciendo, pero de una forma estratégica enmarcada en una política global.

Respecto a mi influencia, puedo hablar en dos ámbitos totalmente diferenciados, pero no de forma personal, sino como equipo. Desde el COBDCBV considero que todo el equipo de gobierno hemos tenido esta capacidad de influir en algunos temas, por ejemplo, se está trabajando con los grupos parlamentarios para el cambio de la legislación sobre bibliotecas. En mi trabajo, como parte de un equipo multidisciplinar en una empresa de consultoría tecnológica, los profesionales de la información hemos conseguido que nuestro perfil profesional sea bienvenido y bien valorado en una amplia gama de tipología de proyectos que (habitualmente) capitalizan otros sectores.

Los datos nos indican que las tasas de asociacionismo y participación juvenil se mantienen en torno a un tercio de la población joven y eso se refleja en encuestas como la de la Visión Global de la IFLA. ¿Cómo crees que se podría incentivar la participación de los profesionales más jóvenes? Y si uno de ellos te estuviera leyendo ¿Le podrías explicar que te aporta pertenecer y/o participar en programas y asociaciones para la cooperación bibliotecaria?

Anna María Ballester – Biblioteca del Goethe-Institut

La participación de los profesionales más jóvenes es uno de nuestros mayores retos. Creo que el primer paso para conseguirlo es escucharles con condescendencia y sin dar lecciones. Creo que es demasiado frecuente que llegue alguien con una idea novedosa o quizá incluso un poco loca, y que reciba una respuesta como “eso no se puede hacer” y punto. Hay que atreverse a darles rienda suelta, atreverse también a fallar, a que algunas cosas no salgan bien. Sólo así aprendemos y avanzamos. 

Si alguien está leyendo esto y se pregunta de qué sirve participar en asociaciones o programas de cooperación, le diría que no le voy a mentir: no siempre es excitante y no siempre da resultados. Pero la satisfacción de estar trabajando no sólo por el futuro de tu profesión, sino por una sociedad mejor, no tiene precio. Sobre todo, para jóvenes (y no tan jóvenes) desencantados con la política, las asociaciones son una vía perfecta para entrar en acción directamente. 

Andoni Calderón – Biblioteca de la Universidad Complutense

El problema del asociacionismo es que no se ve claro para qué sirve; sobre todo cuando el sentido de utilidad se mide con los intereses personales. Por otro lado, la gran dispersión de iniciativas en asociaciones pequeñas o en programas minúsculos acaba desencantando incluso a los que tienen más interés.

El intercambio siempre es beneficioso: puede servir para reforzar planteamientos y posiciones, para no sentirse solo, para sentirse útil y valioso, para resolver problemas o conseguir objetivos que no son abordables de manera individual, para ayudar a los que cuentan con menos posibilidades, para convertir la cantidad en calidad… Incluso egoístamente para el reconocimiento, aunque sea en el otro.

Carme Fenoll – Biblioteca de Palafrugell

Una de las propuestas, sería situar a gente muy joven de líderes de estos grupos o programas. Darles la posibilidad de equivocarse y de innovar, y asumir nuevas miradas. Soy muy partidaria de dar la voz a los jóvenes, pero no es una tarea sencilla.

También considero interesante cambiar entornos, favorecer que sean flexibles y modernos, tener dotaciones para que viajen y hagan intercambios. Últimamente, en nuestro país, veo muy pocos profesionales de menos de 30 años y es una observación que me preocupa.

Recuerdo que cuando estaba acabando la carrera de Biblioteconomía, Adela d’Alós (actual presidenta de la Fundación Biblioteca Social) me propuso empezar a asistir a las reuniones de junta del Col·legi de Bibliotecaris i Documentalistes de Catalunya. Me gustó tanto que continué mi colaboración durante 7 años. Y ya no he dejado de colaborar en este tipo de asociaciones o programas. Creo que es importante detectar jóvenes clave y hacer lo posible para incorporarlos, sin miedo, en las instancias más altas.

Alicia Sellés – MASmedios

Creo que hay dos cuestiones que son clave para el asociacionismo, la identidad y la apertura.  Una asociación tiene que estar abierta y ser abierta. Todos tenemos que ver las múltiples opciones que tiene una asociación para que implicarnos, participar activamente o simplemente formar parte. Las opciones para una participación activa son muy amplias, van desde pertenecer a la junta de gobierno o a los grupos de trabajo, colaborar en proyectos concretos y/o proponer asuntos de tu interés en la asamblea. El mero hecho de asociarte ya indica que hay inquietud e interés y ese es el primer paso. Las asociaciones son lo que los socios quieren que sean. Las asociaciones no deben ser lo que unos pocos quieren que sean.

En cuanto a lo que aporta, primero diré dos obviedades, pero que creo que hay que recordarlas de vez en cuando. Una, que solos no conseguimos mucho y que juntos podemos más y dos, es mejor actuar y construir que sólo quejarse.

Desde mi experiencia, participar activamente en asociaciones me ha proporcionado un punto de vista muy amplio del sector y de lo que me gusta y lo que no. También me ha proporcionado la motivación para realizar propuestas y acciones para que las que no me gustan sean cada vez menos. ¡Sigue habiendo un largo camino que recorrer!

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