Entrevista a Lluis María Anglada i de Ferrer

Realizada por:
Blanca San José y Carmen Morales
Vocalía de Publicaciones de SEDIC

Lluísclip-69-LluisM-Anglada María Anglada i de Ferrer

Director del Consorci de Biblioteques Universitàries de Catalunya (CBUC)

Lluís M. Anglada es desde hace 16 años Director del CBUC, lugar desde el cual, ha fundado e impulsado la cooperación y colaboración bibliotecaria de estas últimas décadas. A lo largo de su vida profesional, inspirado en el contexto de la sociedad y las nuevas tecnologías, y con el firme convencimiento de la cooperación como herramienta de crecimiento y fuerza, nos ha ido narrando a través de sus trabajos, la evolución de nuestras bibliotecas.

Con el objetivo de hacer un repaso reflexivo de la historia más cercana de las bibliotecas universitarias, de mano de uno de sus máximos cronistas, nos atrevimos a plantearle una entrevista basada en el repaso de sus propios trabajos de los últimos 10 años. El resultado que podéis leer a continuación es un texto lleno de sabiduría y sobre todo, de mucha ilusión en nuestra profesión.

1. En 2002, en el artículo ¿Qué es justo?: modelos de precios en la era electrónica decías que “las compras consorciadas se realizaban para ahorrar dinero… y hacer más efectivo el gasto… aunque los modelos de negocio no eran favorables para los consorcios”. ¿Crees que actualmente con los nuevos modelos de negocio, licencias, precios… esta situación ha cambiado y mejorado la situación de los consorcios bibliotecarios al realizar las compras de su material electrónico?

El artículo es de hace mucho tiempo. En los momentos iniciales de los acuerdos consorciados algunos modelos de precios estaban hechos en base las características de las bibliotecas universitarias de los Estados Unidos de America (EUA). Esto hacía que, aplicados a Europa, fueran injustos. Para dar un ejemplo, a veces los modelos tarifaban costes a partir de número de usuarios. Esto en los EUA suponía hacerlo en base a los usuarios a tiempo completo (Full Time Equivalent), pero este dato ni aún hoy está disponible en las bibliotecas españolas. Con el tiempo los modelos de precio se han ido adaptando a las características de las instituciones de educación superior en diferentes países.

Hoy hay acuerdos de compra consorciada en casi todo el mundo, lo que indica que son acuerdos que han sido considerados beneficiosos por diferentes instituciones y diferentes personas. La no participación en acuerdos consorciados, o una participación baja, no es indicativo de la maldad de los acuerdos, sino más bien de la poca capacidad organizativa de llegar a acuerdos con instituciones similares y formar consorcios de compras.

Esta extensión de los acuerdos consorciados es la mejor muestra de su bondad ya que, de no considerarse beneficiosos, no se harían. A mi entender y para España han supuesto un cambio radical con respecto al acceso a la información. En el caso que conozco mejor (las universidades de Cataluña) con estos acuerdos los investigadores han tenido acceso a revistas científicas de calidad a unos precios muy razonables, cosa que no fue posible en el entorno impreso. Otra cosa son las desventajas de los acuerdos consorciados que las hay. La venta de información en paquetes por parte de las editoriales fortalece económicamente a las revistas que están dentro de los paquetes y debilita a las que no lo están.

Los modelos de precio criticados en el artículo de 2002 evolucionaron y se estabilizaron permitiendo la gran extensión de acuerdos que hubo entre los años 2000 y 2005. Pero estos modelos se basaban en el gasto que un conjunto de instituciones hacía en revistas impresas. Esta base ha dejado de tener sentido en el momento en que la mayoría de accesos son digitales, pero aún es la que se usa como cálculo básico. Los modelos actuales tienen, por tanto, que cambiar. Algunas editoriales han elaborado modelos de precio basados únicamente en las revistas digitales. En sí mismos, son modelos ‘mejores’. El problema está en que cuando se aplican generan desequilibrios (algunos consorcios deben pagar más que antes) que no se sabe como compensar.

2.- En 2003, en tu artículo Impacto e influencia de los consorcios en la gestión de colecciones decías que habían existido dos oleadas de cooperación “la primera en los años 70 con la automatización con consecuencias en el préstamos interbibliotecario… la segunda, a finales de los años 90… con los consorcios de información electrónica y con consecuencia en las colecciones (catálogo, préstamo y compras conjuntas)…”¿Crees que nos encontramos ante un tercera oleada de cooperación?, si es así ¿cuál consideras que son sus consecuencias?

Sí, incluso creo que deberíamos citar una oleada anterior generada por las facilidades de crear catálogos colectivos a partir de la reproducción fotográfica de fichas, el ejemplo más conocido de los cuales es el National Union Catalog (NUC). Sí también al hecho que la tecnología ha actuado como facilitadora de la cooperación bibliotecaria. El uso de los ordenadores en los 70 y la compra de revistas digitales en los 90. Pero el hecho a resaltar es que la tecnología es capacitadora, pero incapaz de crear necesidades a no ser que esta preexistan. Quiero decir con esto que las bibliotecas llevan en su código genético la necesidad de cooperar.

La cooperación no es un bien en sí mismo, es un instrumento. Cooperar o hacer cosas colectivamente puede ser un inconveniente en muchos casos, pero si tu misión es proporcionar información (esté esta dónde esté), solo hay dos maneras de hacerlo: o tienes toda la información existente, o te asocias con instituciones semejantes (es decir, otras bibliotecas) para que, conjuntamente, al oferta de información se incremente en cantidad y en nivel de satisfacción de peticiones. Las bibliotecas han elegido el segundo camino ya que el primero no solo es caro sino que es imposible. En los años 60 y 70 las bibliotecas de las universidades más ricas comprobaron que por dinero que tuvieran y por mucho que cientifizaran el proceso de compra nunca conseguiría tener toda la información que sus usuarios les pedían.

En los 90 la información se hizo digital y esto propició la cooperación alrededor de las compras consorciadas. En estos momentos el cambio tecnológico que más afecta a las bibliotecas es que la información va a pasar a instalarse en la red. No, no lo está aún, es accesible desde la red. La información en la red estará físicamente en algún lado, pero estará preparada para ser interoperable. Esto se está haciendo hoy a partir de portales que recolectan la información digitalizada y almacenada a nivel local, pero ‘puesta’ en la red a nivel colectivo.

En segundo lugar, lo que estamos construyendo es una biblioteca digital mundial. Para ello hemos de pasar a formato digital los muchos documentos manuscritos o impresos que las bibliotecas han atesorado y que hasta ahora solo eran consultables desde dentro de sus paredes (de las de las bibliotecas). Muchos de estos impresos están en diferentes bibliotecas, no tienen sentido que cada una de ellas produzca una copia. La biblioteca digital mundial será un mosaico compuesto de muchísimas piezas, para que todas formen una figura reconocible, las bibliotecas deberán trabajar conjuntamente.

3. En 2005, en INFODOC definiste los consorcios de bibliotecas como “agrupación cooperativa para coordinar esfuerzos… y con el objetivo de mejorar los servicios bibliotecarios a través de la colaboración… sobre todo de contenidos electrónicos”. Actualmente, ¿Cuáles consideras las actividades cooperativas más importantes que pueden llevar a cabo las bibliotecas para mejorar su infraestructura, colección, servicios…? Y ¿cuáles son los apoyos más importantes que necesitan para su ejecución?

Sí, en 2005 la actividad cooperativa con mayores beneficios era la de contratar conjuntamente recursos electrónicos. Probablemente esta sea aún (y para los próximos 5 años, al menos) la principal actividad cooperativa. En las preguntas anteriores ya he destacado el hecho que la agrupación de las bibliotecas en cooperativas de compra ha supuesto un cambio sustancial en los servicios que ésas ofrecen ya que permiten ofrecer mucha más información de la que habrán podido ofrecer a sus usuarios en el entorno papel y comprando de forma individual. Quisiera destacar que esto ha supuesto además, para las bibliotecas que lo han hecho, una ganancia enorme en prestigio para las bibliotecas ya que sus usuarios han percibido la enorme ganancia del acceso electrónico a revistas como una aportación de las bibliotecas a pesar que esto ha sido un resultado de una agrupación de factores (tecnología, más modelos de precio para compras conjuntas más la capacidad de las bibliotecas de agruparse).

Con consorcios constituidos, las actividades cooperativas que representan beneficios claros para las bibliotecas consorciadas son diversas. Los objetivos de la cooperación de los años 70 y 80 continúan siendo válidos ya que los catálogos colectivos y el préstamo entre bibliotecas mejoran mucho los servicios que las bibliotecas ofrecen. Las colecciones impresas tendrán una importancia decreciente en el futuro próximo pero continuarán siendo las únicas fuentes para algunas actividades de investigación y aprendizaje. La constitución de almacenes cooperativos donde guardar de forma eficiente impresos importantes para la investigación pero de poco uso será otro ámbito de cooperación en los próximos años, tal como lo está siendo ya en los países más avanzados en estructura bibliotecaria.

También lo serán la construcción de plataformas o portales de visualización conjunta de información digital. Estos portales pueden hacerse al margen de la cooperación, pero su efectividad está asociada a compartir normas, conocimientos infraestructura y planes de digitalización. Quisiera destacar que hay ámbitos en los que la cooperación no tiene papel. Estos serían los más asociados al usuario final: la atención al usuario, la detección de sus necesidades, el acompañamiento en hacer posible el Open Access, la formación…

Para cooperar (da igual en qué cooperemos) se necesitan de forma indispensable dos cosas: visión compartida y generosidad. Tener una idea clara de lo que se debe hacer no es fácil, que esta visión lo sea con otros lo es menos, pero no podemos hacer cosas conjuntamente si no vemos de forma igual o parecía los retos a los que nos enfrentamos y no compartimos una determinada solución como la mejor o como la menos mala. La dificultad de tener una visión compartida depende del momento. A veces los objetivos son compartidos pero se carece de la fuerza para llevarlos a cabo, sería el caso hoy de hacer un catálogo colectivo, por ejemplo. En otros casos la necesidad no es compartida y el problema entonces es de liderazgo, de mostrarla y de encontrar aliados para ejecutarla. La generosidad no significa hacer cosas que uno no quiere, sino ser lo suficientemente flexible como para no impedir la cooperación con exigencias que lo son para uno pero que no pueden satisfacer los demás. Cooperar quiere decir estar entrenado en el gana-gana, es decir, en observar las ganancias propias sin fijarse (demasiado) en si las de los compañeros de viaje son mayores o menores que las nuestras.

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4. En 2005, en la ponencia Los repositorios como componentes esenciales de las bibliotecas digitales: la experiencia de las bibliotecas universitarias de Cataluña (CBUC) pronosticasteis que los repositorios “tendrían una función de dar soporte a servicios de valor añadido de diferentes tipos: revistas electrónicas, entornos de aprendizaje… que se crearían extrayendo objetos digitales de distintos repositorios…”. ¿Puedes enumerar los servicios de valor añadido que se prestan actualmente?

Bueno, esto se ha demostrado ser una predicción falsa. El concepto de repositorio es relativamente reciente. El texto ‘fundacional’ de SPARC (The case for institutional repositories: a SPARC position paper, release 1.0) es del año 2002. Lo que entonces parecía ser el problema era la gestión de los objetos digitales (libros y fotografías digitalizados, pre-prints, tesis doctorales…): Los repositorios institucionales concebidos como el lugar único en el que una institución depositaría TODA su producción académica parecían ser la solución. Mi afirmación de entonces se produce dentro de este contexto: un repositorio único que no tienen más función que la de almacenar ordenadamente (para el presente y para el futuro) la producción académica de una universidad. Otras aplicaciones o funciones de realizarían yendo al repositorio a buscar los objetos pero sin necesidad de que fueran estas aplicaciones las que los contuvieran.

Esto no ha resultado ser así. Los campus virtuales y las revistas digitales se han construido de forma independiente a los repositorios. A estos les queda el papel de ser el archivo perpetuo de la producción. Quizá sea una lástima, pero en todo caso ha sido así. La evolución de los repositorios no está terminada aún. Creo que la idea de que sean almacenes únicos de una universidad no ha terminado de funcionar. Está claro, por ejemplo que los materiales de aprendizaje se están escapando de los repositorios, estos, por otra parte, han pasado a jugar en la liga del acceso abierto y esta competición tiene sus propias reglas. Actualmente los CRIS (Current Research Information System) parecen ser los instrumentos de la vía verde del OA para hacer posible la creación de una infraestructura de acceso a la producción científica y en este movimiento el papel de los repositorios queda relegado a la preservación y a servir de archivo para los CRIS.

Pero es relativamente poco importante con qué instrumentos concretos se consigue una finalidad. La biblioteca es la organización que dentro de una institución debe guardar la información que la institución produce. Esto ya es un valor, y es un valor no asegurado ya que la preservación digital no es un tema resuelto aún. Seguramente será un papel que asuman las bibliotecas ya estas son las organizaciones ya comprometidas con la preservación futura de la información (lo están también los archivos y los muesos, pero la experiencia de las bibliotecas es mayor y sobre más diversidad de objetos documentales).

La existencia de repositorios y las orientaciones de servicio y los conocimientos de los bibliotecarios posibilitan que la biblioteca-organización ayude a la institución a la que sirve a conseguir objetivos a través de la información. Hoy los repositorios están realizando la función de proyectar información a la red de forma que esta sea no solo se encuentre en los buscadores sino que además sea fácilmente utilizable por aplicaciones o portales de cara a construir nuevos servicios.

5. En 2006, en el artículo Colaboraciones y alianzas: la inteligencia social aplicada a las bibliotecas universitarias, decías que “en el siglo XXI la sociedad dominante sería en red… con un funcionamiento más abierto, dinámico y expansivo sin límites… ya que las bibliotecas se desarrollan por su capacidad de cooperar”. ¿Crees que este pronóstico se está cumpliendo en el mundo bibliotecario? En cualquier caso ¿por qué?

La primera parte de la cita debe ser a su vez una cita de Manuel Castells. Su obra “La era de la información: economía, sociedad y cultura” me ha influido mucho. Creo que da algunas claves para entender esta época del cambio de siglo y que señala algunos cambios que son sustanciales para la comprensión de nuestro presente y prepararse para el futuro. Una de ellas es que las cosas ya no se van a hacer de la misma manera que se hicieron en el pasado y esto no es debido a que la tecnología usada sea o vaya a ser distinta, sino que los grupos tienen de organizarse va a ser distinta. El cambio que destaca Castells es que la organización jerárquica, vertical y en forma de árbol, de los grupos se debilitará y que formas colaborativas, horizontales y en forma de red adquirirán más relevancia. Esto no tiene pretensiones de contenido ético, es descriptivo. La sociedad red puede contener tantas injusticias o más que la sociedad árbol, pero es la forma de organizarse de una sociedad distinta, no diferente, sino paradigmáticamente distinta. La importancia que han tomado las redes sociales en nuestras vidas es un ejemplo de ello. Las tecnologías han hecho emerger una capacidad de socialización que los humanos teníamos en estado latente pero que no habíamos desarrollado por falta de medios.

Esto tiene consecuencias en la organización social a diferentes escalas y también en la organización corporativa del trabajo y los servicios. Hacer cosas juntos es más fácil y las barreras tradicionales (entre comunidades, entre instituciones, entre objetos) pierden importancia. A nivel bibliotecario esto es así también y las posibilidades, por ejemplo, de crear catálogos colectivos nacionales, continentales o mundiales son mucho mayores. Pero lo sustancial aquí no es que los vayamos a hacer porqué son tecnológicamente posibles, sino porqué serán socialmente necesarios. La tecnología solo es potenciadora de lo que subyace como necesidad humana. Algunas invenciones pueden ser una muestra admirable del ingenio humano, pero no encontraran lugar en la vida social sino responden a una necesidad determinada. Creo que esto es un aspecto que no se puede soslayar. Las bibliotecas acercan información a las personas y para hacerlo tienen en las demás bibliotecas a suministradores de información, ¿por qué no utilizarse mutuamente, pues, para prestar mejor servicio?.

Lorcan Dempsey resume este postulado de futuro afirmando que las bibliotecas son entidades multi-institucionles. Con ello -interpreto yo- está diciendo que la biblioteca es un centro independiente prestador de servicios que usa productos producidos por la red de sus congéneres: otras bibliotecas. La agrupación de las bibliotecas en alianzas, consorcios, asociaciones, etc. Nos permite crear servicios que potencian los propios hasta extremos no imaginables en el pasado. Esta es nuestra fuerza, ser organizaciones bien preparadas para trabajar en red.

6. En 2010 en un análisis sobre la situación de las bibliotecas “Bibliotecas: un enfermo con una mala salud de hierro” decías que “los avances tecnológicos y la exuberancia de la información digital habían producido cambios en los hábitos y expectativas de los usuarios”. ¿Crees que estos cambios de hábitos y expectativas de los usuarios que requieren cada vez mayor volumen de información en línea?

Estamos en un momento de cambio importante y se hace difícil calibrar cómo será la nueva realidad. Karen Calhoun en su magnífico libro “Digital libraries: foundations, practice, prospects” hace la biografía de las bibliotecas digitales y sitúa su nacimiento en 1991. Valga esto para señalar que vivimos en la tierna infancia de la información digital y en red. Las formas más consolidadas de expresión literaria, científica y cultual (los libros, las revistas y las bases de datos) están mutando y con sus cambios emergen nuevos tipos de documentos, nuevos usos de la información y nuevas formas de consumo. En el pasado creímos que podíamos acercarnos a los usos de la información de forma científica previendo su uso. Así en los años 60 y 70 las bibliotecas con más recursos construyeron colecciones que pretendían (just-in-case) anticiparse a las necesidades de sus usuarios. Pero la interdisciplinariedad del conocimiento y la inmensa capacidad humana de encontrar nuevos puntos de vista hacen que esta pretensión fracase. Cuando los sistemas para acceder a la información eran más limitados que los actuales, los usuarios usaban sistemas restringidos, por ejemplo, seguir los artículos publicados en las 8-12 revistas clave de la especialidad. Ahora que dentro de un entorno de biblioteca podemos acceder con facilidad a la práctica totalidad de la bibliografía publicada, las pautas de uso reflejan que el número de revistas que los investigadores usan se ha ampliado mucho.

¿Podemos anticipar algunas nuevas formas de uso? Brevemente, es probable que el uso de la información sea más global, más social, integrado en los flujos de lo cotidiano y regido más por la conveniencia que por la calidad. Más global porqué disminuirán las restricciones para acceder a la información; en el entorno científico es de prever que el Open Access se generalice y que dentro de poco cualquier científico pueda leer cualquier artículo de su materia. Más social porqué, entre tanta abundancia, la elección de lo que se va a usar estará regida por mecanismos sociales; la citación es uno de ellos, pero las recomendaciones explicitas o implícitas serán otro. Al contrario de lo que se supone, actualmente la mayor parte de visitas a un recurso digital no proviene de una búsqueda en Google sino de un click a un enlace. Más integrada en lo cotidiano porque somos cada vez más consumidores de información y con menos tiempo para hacerlo; esto hará que nuestros sitios preferidos (periódicos, revistas, puerta de entrada a alguna de las redes sociales que usemos, página web de la biblioteca…) sean dispensadores privilegiados e información que consideraremos usar antes de ir a un buscador. Finalmente, en este mundo de información abundante y tiempo escaso, lo más mejor será substituido por lo suficientemente bueno.

7. En tu blog Bdig (biblioteques digitals i cooperación), el pasado día 10 de febrero publicaste el post Poner en valor la biblioteca, en el dices que “la valorización de las bibliotecas pasa por dos ejes. Uno es la traducción económica de sus servicios… y otra es mostrar la contribución de la biblioteca a las finalidades de la entidad a la que sirve.” ¿Puedes decirnos cuales crees que son las líneas de actuación para trabajar en ambos fines?

Esta es fácil. La traducción económica del valor de la biblioteca significa encontrar algún tipo de medidor que traduzca los servicios prestados en un equivalente económico del tipo ‘esto que usted ha usado tendría un valor de mercado de tantos euros’. En esta línea estaría el reciente estudio de Fesabid “El valor económico y social de los servicios de información: bibliotecas”. Yo personalmente soy algo escéptico con respecto a esta aproximación, no es que no la crea útil, pero no la creo definitiva.

Creo más en la utilidad de trabajar en el segundo eje. Dado que toda biblioteca es un instrumento de una organización o colectividad, la valorización definitiva de la biblioteca pasaría por mostrar en qué grado los servicios de ésta contribuyen a realizar las finalidades de la institución a la que la biblioteca sirve. Así se están haciendo estudios que intentan mostrar que a mejores servicios bibliotecarios les corresponden mejores resultados académicos de los estudiantes de una universidad o que las bibliotecas municipales contribuyen a la cohesión social y alimenta el capital social y la confianza.

No es un camino fácil pero a mi entender es el camino definitivo. En el pasado las bibliotecas no fueron nunca cuestionadas por caras y esto fue así porqué se veían indispensables. La necesidad de mostrar nuestro valor ha surgido paralelamente a la duda social de nuestra necesidad: ¿para qué bibliotecas si todo está en la red?. No convenceremos a nuestros conciudadanos con argumentos economicistas, sino mostrándoles que con más y mejores bibliotecas las colectividades que las sustentan tendrán más y mejores resultados. En la vida personal, en la laboral y en la social.

 

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