Entrevista a José Antonio Magán Wals

Realizada por:
Blanca San José Montano y Carmen Morales Sanabria
Vocalía de publicaciones de SEDIC

La entrevista a José Antonio Magan Wals era todo un desafío. Era partir de la base de la biblioteconomía y recorrer el cambio a la digitalización de nuestros materiales bibliotecarios.

José Antonio Magán es autor del Tratado básico de Biblioteconomía con el que todos hemos estudiado. Nos lo imaginábamos como un veterano y cincuentón bibliotecario, pero nada más lejos de la realidad. Cuando en 2006 la Universidad Complutense de Madrid, como primer socio no anglosajón, firmó el proyecto Google Print (que más tarde se convertiría en Google Books) con Google, José Antonio se hizo más visible. Le pudimos ver en jornadas, mesas redondas, etc… presentando el proyecto de su institución, argumentándolo y defendiéndolo, ya que generó gran controversia. Descubrimos a un hombre de mediana edad, emprendedor, que partía del amor hacia su trabajo y la ilusión en adaptarla a un nuevo contexto, sin miedo a enfrentarse a cosas desconocidas hasta el momento. Hoy, once años después, del inicio de este proyecto nos hemos reunido con José Antonio para hablar sobre su trayectoria profesional, ligada irremediablemente a este proyecto y a su biblioteca.

1.¿Cuándo y porque surgió el escribir el Tratado básico de Biblioteconomía, punto de partida de los estudios de biblioteconomía durante muchos años?

Fue un gesto de gratitud e inconsciencia. Primero porque quería compartir con otros compañeros mi experiencia en la preparación de las oposiciones, de ayudante y después de facultativo. Un agradecimiento a todos aquellos que éramos compañeros, estábamos en el mismo barco que era preparar una oposición, e intentar facilitarles aquel trámite tan duro. Quería que pudieran contar con un material útil, actualizado y que ofreciera una visión plural. Por eso me interesaba contactar con autores que pudieran hacer artículos concretos sobre temas especializados, y hacer un agradecimiento a quien para mí había sido el referente, Carrión, por ese Manual de Bibliotecas, fantástico, que me ayudó mucho.

Y también fue un gesto inconsciente porque era un trabajo ímprobo para una sola persona. Yo era muy joven entonces y no lo pensé dos veces. Me presenté con la idea en la editorial que conocía, que era la Complutense y tuve suerte. Les gustó el proyecto y fuimos adelante.

Más tarde, en 2002, saqué una especie de continuación, actualizada, Temas de Biblioteconomía Universitaria y General y de este libro sí me siento realmente orgulloso porque el Tratado básico de Biblioteconomía por ser el primero fue muy desigual. Pero Temas de Biblioteconomía Universitaria y General me sorprendió porque los colaboradores hicieron un trabajo fantástico que sigue estando actualizado a pesar de los años transcurridos.

Y ahora estoy embarcado en un nuevo proyecto. Me han ofrecido la posibilidad de hacer una visita renovada a ese primer tratado de biblioteconomía.

2. ¿Cuál es la situación de la biblioteca de la Universidad Complutense respecto al Consorcio Madroño?

La cooperación bibliotecaria es la base. Y yo como bibliotecario estoy disgustado porque la Universidad Complutense haya abandonado Madroño. Es una de las mayores decepciones profesionales que he tenido, sobre todo porque uno se considera con responsabilidad ante la institución y ante el ciudadano y desde este punto de vista es inadmisible que la biblioteca de la Universidad Complutense no colabore con las otras bibliotecas públicas de Madrid. Hemos luchado mucho por la cooperación y entristece no poder participar en el entorno más próximo.

Cuando fui secretario de REBIUN una de mis mayores satisfacciones profesionales fue participar en el primer Consejo de Cooperación Bibliotecaria, convocado por Toñi Carrato y Rogelio Blanco. Fue un momento muy grato profesionalmente porque creemos en la cooperación, tanto en aquellos casos en los que eres tú quien tienes que aprender de los demás, como en aquellos otros, en los que se plantea la necesidad de ayudar a compañeros que están en países que necesitan un apoyo por parte de quienes se lo podemos prestar. Por todo esto me duele profundamente la situación de la Universidad Complutense con esta decisión de haber abandonado Madroño.

3. ¿No se ha tratado de una decisión motivada por posibles problemas con las editoriales y la colaboración podrá retomarse más tarde?

Yo creo que la razón de peso ha sido económica, el modelo de cuotas dentro del Consorcio. Y esa razón de peso cala mucho en quienes adoptaron esta iniciativa en el marco de la Universidad. Y aún hoy queda el poso de que es por una cuestión económica y cuesta mucho hacer ver que es inadmisible que estemos fuera del entorno en el que debemos estar, que nos permite colaborar con otras entidades y dar un servicio más eficiente a los ciudadanos. Pero el coste siempre está en relación con el beneficio que se obtiene y si solo nos fijamos en los costes, en momentos complicados económicamente como los que hemos pasado, es muy difícil que la gente repare en los beneficios que va a obtener y este último argumento no se hizo valer debidamente.

4. En 2006 participasteis en el proyecto de digitalización masiva de Google, con 120.574 libros del patrimonio bibliográfico de la Universidad. A día de hoy seguís con el mismo proyecto, lo habéis ampliado, mejorado ¿en qué situación está vuestro acuerdo con Google?

La Universidad Complutense sigue colaborando con Google pero ya no de forma tan masiva como en los primeros años. Además de estos 120.000 libros iniciales, hemos digitalizado 25.000 más. En la primera fase estábamos digitalizando 500 libros semanales, es decir en un mes habíamos digitalizado tanto como en los trece años anteriores con el proyecto Dioscórides, que era el más importante en materia de digitalización del patrimonio bibliográfico que había habido en España hasta la fecha.

Pese a todo, nuestro proyecto era muy reducido dentro de las cifras que maneja normalmente Google. Cuando ellos establecieron el acuerdo con la Universidad Complutense lo que nos ofrecieron era digitalizar 4.000 libros al día, es decir, lo mismo que habíamos digitalizado en el proyecto Dioscórides, pero nosotros no estábamos preparados para asumir ese volumen, por lo que establecimos un acuerdo con Google para acogernos a un modelo de digitalización reducido.

El centro de digitalización que ellos montaron en Madrid era para 500 libros diarios, no para los 4.000 de los que se hablaba. En aquella época, además, Google digitalizaba cada libro dos veces para evitar errores pues en un principio se achacó a Google la mala calidad de algunas de las obras digitalizadas, algo natural teniendo en cuenta que el volumen en el que había trabajado era muy elevado, más de un millón de libros en solo unos meses, casi la misma cantidad que habían escaneado todas las instituciones del mundo hasta ese momento. Google decidió digitalizar cada libro dos veces pensando que sería prácticamente imposible que el mismo libro tuviera en la misma página el mismo error dos veces.

Nosotros en estos momentos estamos preparando un envío a Google de aproximadamente 5.000 libros ya que, cada dos o tres años, revisamos todos aquellos que han quedado libres de dominio público desde la última fecha de digitalización. Ahora mandaremos los impresos hasta hace ciento cuarenta años.

5. Este proyecto de Google, aunque no os pilló por sorpresa, ya que en aquel momento la Biblioteca de UCM tenía la mayor colección española de libros antiguos digitalizados. Si fue la pionera, la primera universidad que se lanzaba a participar de este proyecto privado. ¿Cómo surgió la oportunidad y como se venció ese miedo que existía en aquel momento de dar el salto al cambio digital apoyado por manos privadas?

Yo soy una persona ambiciosa profesionalmente. Creo que hay que tener mucha imaginación para lograr que nuestra responsabilidad, conseguir que la memoria escrita de la Humanidad no sólo perdure, sino que se difunda. Que una persona pueda tener contacto con otra que vivió hace 1.000 años gracias a la lectura es un milagro, y nosotros somos los intermediarios, es algo maravilloso en lo que trabajamos. El patrimonio bibliográfico que guardan las bibliotecas universitarias no es nuestro, de las bibliotecas, es de la Humanidad, nosotros sólo somos los responsables de su preservación para su difusión. Y si tenemos en cuenta que las bibliotecas teníamos tanto que hacer en materia de difusión del patrimonio, cuando tuve conocimiento del proyecto de Google y de que trabajaban con Oxford, con Harvard y con la New York Public Library … con cinco de las grandes, pensé que deberíamos estar ahí.

Cuando se hizo la propuesta al Rector de la UCM éste nos ofreció todo su apoyo. Carlos Berzosa, que era presidente de REBIUN, nos respaldó totalmente. Establecer un contrato con Google era complicado, es una empresa muy ágil y los trámites en las grandes instituciones son lentos, además había posturas muy suspicaces respecto al proyecto pues lo veían como una venta de nuestro patrimonio a los americanos.

Ahora hay muchas instituciones participantes en Europa, como la British Library, la Biblioteca Nacional de Baviera, que es la biblioteca de patrimonio bibliográfico más importante del mundo, las bibliotecas nacionales de Italia, Holanda, Austria… además de las de Estados Unidos, pero en aquellos momentos no era fácil. La Complutense fue la primera institución no anglosajona que se sumó al proyecto puesto que veíamos lo que podría suponer para la difusión de nuestros tesoros. Por eso os digo que hay que ser muy ambicioso profesionalmente, tener una fuerte responsabilidad social y creer en la necesidad de democratizar realmente el conocimiento para llevar a tu biblioteca al lugar en el que crees que ha de estar, y que el contenido de los libros pudiera ser conocido por el público general y por los investigadores.

De modo que cuando vi que había esa mínima oportunidad fui a por ella. Tuve la suerte de contar con un equipo en la Universidad de bibliotecarios, informáticos, personal de administración y académicos, que nos apoyaron para sacar el proyecto adelante.

Tenemos que tener en cuenta que, con anterioridad al proyecto Google, la mayor descripción respecto al contenido de un libro con el que contábamos, eran por lo general dos o tres materias descritas por los bibliotecarios. Y Google lo que ofrecía era hacer recuperable cada palabra de cada línea de los hasta ahora treinta millones de libros digitalizados, incorporarlas al buscador que la gente utilizaba y hacerlas accesibles en caso de que estuvieran en el dominio público. Era impensable poder hacer lo mismo en un tiempo tan breve las bibliotecas solas. Los bibliotecarios de todo el mundo habíamos conseguido ofrecer dos o tres materias de cada obra, a pesar de toda nuestra tradición de colaboración, de normas catalográficas importantísimas y de nuestros catálogos abiertos. Aún así, eso comparado con que cada palabra sea recuperable, y que podamos descargar el contenido de la obra es otro mundo. Pero hay algo más importante, la herramienta de búsqueda estaba inmersa dentro de lo que gente utilizaba normalmente para localizar información, el buscador de Google. Un buscador multilingüe, inmediato, eficaz y usado por todo tipo de público. Gracias a este proyecto las bibliotecas hemos acercado el contenido de nuestro patrimonio a los resultados de las búsquedas de cualquier ciudadano. Y ahora cuando alguien hace una búsqueda en Internet busca páginas web pero también en el contenido de los libros.

Era un cambio de paradigma y cuando lo atisbé, conociendo el fondo de la Complutense, estaba convencido de que lo iban a acoger. Solo en digitalización Google invirtió más de veinte millones de euros en digitalizar el fondo de la Complutense; una cantidad que ninguna otra empresa ni ninguna institución pública ha podido aportar. La oportunidad de digitalizar este patrimonio y ofrecerlo al público no se podía dejar pasar. Por ejemplo, la primera edición del Quijote disponible el Google Books procede de Oxford, no de la Complutense pues no tenemos esta primera edición. Pero, por otra parte, la primera edición de la gran obra de Isaac Newton, Principia mathematica, quizá la obra científica más importante del Reino Unido, y tal vez de Europa, no la tenía Oxford, sino la Complutense. Es decir, el patrimonio no es ni del país ni de la biblioteca que lo conserva, sino de la humanidad. Ahora mismo, esas obras están al alcance de cualquier ciudadano y de cualquier investigador. Cada seis meses más del 90% de los libros de la Complutense son consultados por alguien y en su mayor parte se trata de libros anteriores a 1870, era impensable que nuestro fondo histórico suscitara este interés que se traduce en hasta 22 millones de visitas a nuestros libros cada año.

6. Cuando los usuarios acceden al fondo bibliográfico de las bibliotecas a través de una búsqueda en Internet ¿crees que son conscientes de ello, de la calidad que están encontrando? ¿De que el acceso se lo facilita una biblioteca y de todo el trabajo que hay detrás?

Creo que no, pero no es lo importante. Cuando me planteé ser bibliotecario la imagen que tenía de ellos no era muy atractiva. Tenía la impresión de que el bibliotecario debía aburrirse mucho detrás del mostrador de préstamo, ni siquiera sabía si tenía formación bibliotecaria, ni me importaba. A veces los bibliotecarios creemos que el público que acude a nuestros centros sabe que somos bibliotecarios, pero ellos no saben lo que hacemos, incluso creen que los libros aparecen solos, se colocan solos, que los programas no tienen que ver con los bibliotecarios… Lo que a mí me interesa es que se difundan el conocimiento y la información, que se pueda acceder a ellos. Las nuevas tecnologías han sido de gran ayuda para el bibliotecario al permitir que los fondos puedan llegar a millones de personas. Este es nuestro nuevo trabajo aunque el público lo desconozca.

7. Desde 2006 hasta la fecha ¿cuántos libros del patrimonio de la universidad se han digitalizado con Google? Y ¿cuántos son accesibles por las tres plataformas disponibles (Universidad, Europeana y Hathi Trust)?

Los libros digitalizados por Google son accesibles desde Google, desde nuestro catálogo y desde otras pasarelas en las que laUCM participa como Europeana o Hispana. En Hathi Trust solo están alrededor del 70%, a causa de sus propias políticas de funcionamiento, ya que si alguno de los libros ya está digitalizado por alguna de las bibliotecas de Hathi Trust, en ese caso ellos permiten la ingesta de tus fondos pero no la difusión, para evitar duplicidades. Es decir, solo se difunden aquellos que ellos no tienen ya en sus listados por parte de otro miembro.

También hay otras plataformas en las que están disponibles los libros de la Complutense, sobre todo en Internet Archive, donde la UCM es la entidad española que tiene mayor número de libros digitalizados.

8. Parece que una de las grandes controversias de este proyecto en 2006 fueron los derechos de autor por parte de los editores y asociaciones, con los cuales Google llego a sucesivos acuerdos. En el caso de las bibliotecas la controversia se basaba mayormente en el peligro de monopolización del conocimiento albergado por Google. ¿Cómo habéis trabajado desde la Universidad para lograr el máximo equilibrio en estos aspectos?

Desgraciadamente los acuerdos entre Google y los editores, en la práctica, han paralizado significativamente el proyecto. Los Tribunales dieron la razón a Google, pero la empresa ha cambiado los objetivos de su plan reduciéndolos para no enfrentarse a los editores. Es triste porque el potencial del proyecto, lo que Google podía ofrecer a ciudadanos, bibliotecas, editores y autores para la difusión de sus obras, estaba a años luz de lo que bibliotecas, autores y editores son capaces de generar solos. De hecho las funcionalidades que hay en Google Books a día de hoy son prácticamente las mismas que hace doce años. Desde el principio, lo que Google quería era llegar a un acuerdo con los autores para no paralizar este proyecto, pues muchos autores y editores estaban temerosos de lo que Google podía hacer. Aunque tenemos que tener en cuenta que más de 60.000 editoriales trabajan con Google Libros, es decir, que han confiado en Google.

Los ciudadanos necesitamos que haya autores y editores y que estos puedan vivir de su trabajo. Es errónea la perspectiva de algunas personas al creer que la autoedición o la edición libre en Internet puede evitar que haya editores. Eso no es así. El trabajo de un editor es esencial, filtra y apoya la genialidad, consigue descubrir dentro del maremágnum de autores que hay en el mercado a aquellos esenciales y permiten que podamos conocerlos y leerlos.

Es un trabajo esencial y arriesgado, que debe protegerse. En cuanto a la piratería, un artista debe poder vivir de su trabajo. Infravaloramos la literatura y la investigación si consideramos que una persona solo puede vivir de ella compaginándolo con otras actividades. Porque no es cierto, es irreal pensar que llegar a ser un escritor profesional no requiere todo el tiempo del mundo. Uno tiene que vivir de su trabajo y para ello debe acostumbrarse a pagar por el trabajo de los demás.

En cuanto a los libros digitalizados en la UCM siempre han sido libros de dominio público y cuyo estado de conservación no pudiera sufrir alteración con el proceso de digitalización.

9. ¿Crees que plataformas como Europeana o Hathi Trust podrían ofrecer el acceso a las colecciones que tienen actualmente sin proyectos de digitalización privadas tipo Google Books?

Claramente no podrían ofrecer los servicios que ofrecen sin tener en cuenta a las bibliotecas que somos socias de Google pues somos las que aportamos mayor cantidad de libros. Hace años asistí a una reunión en torno a Europeana, me sorprendió porque lo que se quería hacer era una especie de Google Libros europeo para competir con ellos pero teniendo en cuenta que nunca se iba a poder ofrecer tal cantidad de libros y con la misma variedad de servicios. No querían que las bibliotecas de Google Books participáramos pues no podían asumir tal cantidad de libros. Afortunadamente esta idea evolucionó de acuerdo con la propia tecnología con el paso del tiempo y se permitió que pudiéramos colaborar con Europeana o Hispana en el caso español.

No obstante hay una gran diferencia entre Hathi Trust y Europeana. Hathi Trust es una biblioteca digital pues permite el acceso y la preservación del objeto digital, mientas que Europeana es un repositorio de metadatos que no permite el alojamiento de los objetos digitales. Europeana es una cosechadora de metadatos para la difusión, pero no hay contenidos dentro de la misma, no es una verdadera biblioteca digital.

10. La Biblioteca de la UCM es la única no norteamericana que tienen un acuerdo con Hathi Trust para el alojamiento físico de los objetos digitales de cara a su preservación a largo plazo y difusión. ¿Por qué elegisteis esta biblioteca digital?

Durante un par de años, en representación de la Complutense, mantuve diferentes reuniones con el objeto de defender la creación de una biblioteca digital donde pudiéramos alojar y difundir los objetos digitales de forma cooperativa, a nivel europeo o nacional, para lograr un coste más eficiente y mejores servicios y estándares.

Sin embargo, frente al modelo cooperativo norteamericano, en Europa hemos optado porque cada institución tenga su propia biblioteca digital, aunque con muchas carencias y duplicidades, porque no pueden lograr lo que sólo puede conseguirse con la cooperación. Nos dimos cuenta de que en Europa y España no podíamos encontrar lo que debíamos tener, así que contactamos con Hathi Trust y les solicitamos ser miembros de pleno derecho. Éramos la primera institución no americana que contactaba con ellos en estos términos pero aceptaron. Desde entonces alojamos con los mayores estándares de preservación, archivo a largo plazo y difusión para objetos digitales bibliográficos que hay en la actualidad nuestra colección digital. Las demás soluciones no ofrecen las garantía y servicios de Hathi Trust.

Tienen la mejor biblioteca digital, con los mejores expertos, gracias a la colaboración y el apoyo de los especialistas de instituciones como la Biblioteca del Congreso, Cornell, Harvard, Michigan o California. Frente al modelo europeo, en Norteamérica son conscientes de que las instituciones con los presupuestos mayores para bibliotecas, no pueden ofrecer lo que todas juntas colaborando pueden llegar a conseguir. Estamos por tanto orgullosos de participar en este proyecto para difusión y preservación a largo plazo del patrimonio bibiográfico digitalizado.

11. Y a vosotros como biblioteca ¿el hecho de que Google os facilitara la digitalización del fondo os permitió mejorar la gestión y difusión del fondo bibliográfico?

Repercutió de una manera mucho mayor de lo que era de esperar. Al principio, creíamos que Google Books era un proyecto tecnológico, pero acabó siendo también el proyecto bibliotecario tradicional más importante que hemos hecho en la UCM.

Lo primero que tuvimos que hacer fue catalogar todo nuestro fondo antiguo, pues el 80% aún no estaba incluido en el catálogo automatizado con la calidad que requeríamos. Los recursos para catalogación, conservación y gestión del patrimonio se incrementaron; se acondicionaron los depósitos, se encuadernaron libros. Hubo cientos de libros intonsos que, por primea vez, se abrieron para alguien. Se hizo un proyecto de valoración del estado de preservación de cada ejemplar. Los responsables de metadatos de la Universidad pasaron a estar en primera línea de las necesidades de la biblioteca, en constante contacto con Google.

Nadie se imaginó que iba a ser lo que realmente fue. Google invirtió más de 20 millones de euros solo en digitalización. Y permitió que el dinero que la Complutense estaba destinando a digitalización se destinara a otras obras que no debían ser digitalizadas por Google, debido a su riqueza, estado de conservación o singularidad. La colaboración con la empresa privada es buena, en otros ámbitos culturales siempre se ha hecho por muchos motivos. Sin embargo, en España apenas ocurre, y mucho menos en el ámbito de las bibliotecas. Por lo que la oferta de Google fue una gran oportunidad. De este modo el dinero del que disponíamos hemos podido destinarlo a un material que Google no iba a digitalizar pero que para nosotros sea de interés, y eso ha enriquecido nuestra colección.

12. ¿Consideras que tiene que existir un equilibrio entre la digitalización pública y la privada? ¿Cuáles serían los beneficios de ambas? ¿En cuántos proyectos cooperativos de digitalización privados y pública está participando hoy en día la UCM?

Por supuesto la responsabilidad de protección y difusión del patrimonio debe contar con los fondos no sólo públicos, sino con los de las empresas e instituciones privadas o particulares que quieran participar. Pero, en la práctica, en el ámbito de la digitalización, la aportación del sector privado ha sido minoritaria con la excepción de Google.

Recordemos que pocos meses después de presentarse el proyecto de Google Books, Microsoft sacó un proyecto similar que abandonó un par de años después, tras digitalizar un millón de libros, dado que no lo veía rentable. Y es que salvo Google, nadie ha creído verdaderamente en un proyecto de estas características ni ha invertido tanto dinero en digitalización. Lo cual ayuda a explicar su predominio en el sector de las búsquedas a nivel internacional.

Desde la Complutense también hemos colaborado con la Fundación Ciencias de la Salud, Santander Universidades y con Proquest. Gracias a ello hemos digitalizado no sólo parte de nuestro patrimonio bibliográfico sino miles de tesis doctorales.

No obstante, el único proyecto activo actualmente es Google Libros.

13. ¿Estos proyectos, como era el caso del inicial con Google Books, benefician a varias bibliotecas o instituciones? Por ejemplo, con Google los libros digitalizados podían ser empleados en otros proyectos con de la Biblioteca Nacional de España, el Consorcio Madroño, y el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español.

La digitalización con Google genera dos copias: una para Google y otra para la UCM. La Complutense tiene la restricción de que dicha copia no pude utilizarse para fines comerciales sin el conocimiento de Google, aunque sí para fines públicos. En nuestro acuerdo con Google incluimos, además, que la copia de la UCM pudiera entregarse a la Biblioteca Nacional, al Consorcio Madroño y al Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español, pero aún no han pedido la copia de la Complutense.

14. En 2014, en las conclusiones del artículo Google Libros y la digitalización masiva: la aportación de la Universidad Complutense, decías que había que reflexionar sobre la razón por la que los libros de autores españoles guardados en una biblioteca de Estados Unidos y publicados en la segunda década del siglo XX son accesibles a texto completo en América pero no en España, ya que nuestras leyes nacionales de protección de derechos de autor son más restrictivas, situación que representa un perjuicio para los ciudadanos europeos ante los norteamericanos ¿Ha cambiado algo estos años? ¿Ves posibilidades de mejora?

Hay una diferencia de más de cincuenta años entre los libros que pueden verse a uno y a otro lado del Atlántico. Un libro español de 1920 digitalizado por Google puede verse en Estados Unidos pero no en Europa donde el límite de visualización llega a 1878. Es una brecha tremenda la que existe en el acceso al conocimiento entre los ciudadanos europeos y americanos. Nadie parece dispuesto a cambiar esta legislación en España, para permitir que podamos acceder a nuestro patrimonio digitalizado al menos en igualdad de condiciones que los ciudadanos americanos. No tenemos por qué tener menos derechos.

Otro tema es el de las obra huérfanas, nadie tiene interés en sacarle partido, pues aunque hay autores y herederos declarados que podrían sacar beneficio potencial de ellas, nadie tiene interés en su reedición. La cuestión es que las obras de estos autores no pueden ser digitalizadas, usadas y ser beneficiosas para la Humanidad pero tampoco son editadas por lo que el perjuicio es para autores y público.

15. Las editoriales que tienen acuerdo de distribución de sus obras con Google, tienen una información estadística sobre los intereses de sus usuarios que les facilita mejorar su oferta, ¿las bibliotecas también disponen de estos datos? ¿Cómo los utilizan?

En el caso de Google creo que es menor que con otras empresas. Solo Google ofrece la posibilidad de que el usuario pueda hacer uso de los datos que recopilan sobre nosotros mediante servicios gratuitos e innovadores. Cualquier empresa a la que autorizamos para instalar sus aplicaciones en nuestro teléfono recoge los mismos datos que Google pero no nos ofrecen servicios fruto de la información que nos recopilan. Un ejemplo de ello es el servicio de cronología dentro de Google Maps o el de compartir tu ubicación con otros usuarios. En teoría son servicios utilísimos que dan pavor, pero al menos solo son accesibles al usuario que consiente su uso.

17. La digitalización supone la democratización de los fondos bibliográficos preservados en las bibliotecas. En el caso de Biblioteca la Complutense, con un rico patrimonio, ¿cómo se está viviendo este proceso? ¿Y sus usuarios?

Para la UCM lo primero que supuso fue aprendizaje, colaborar con bibliotecas como la British Library, Michigan o Harvard nos ha ayudado, hemos aprendido mucho y, lo que es más importante, nos hemos quitado muchos complejos. Nos dimos cuenta de que nuestros especialistas estaban al mismo nivel y que podíamos trabajar muy cómodamente. Vimos que éramos mucho más capaces de lo que pensábamos.

Éste es un problema de las bibliotecas españolas, que no están dónde deberían a nivel internacional, no por falta de profesionalidad, sino de ambición profesional. Tener un sueño, tener ambición, es esencial. En el peor de los casos vas a hacer el ridículo. El fracaso es la fase intermedia del éxito, algo que tienen claro los norteamericanos. Tienes que fracasar varias veces para triunfar. Para la UCM ha supuesto aprendizaje y, además, hemos visto cómo crecía nuestra colección digital patrimonial. Ahora mismo tenemos 22 millones de visitas al año a nuestros libros. Es un dato impensable hace unos años. Hay numerosas descargas en latín, que en Google libros es todo menos una lengua muerta. Cuando ofreces calidad hay interés. Ahora mismo la segunda lengua más visualizada de los libros digitalizados por la UCM es el latín. Este tipo de datos te anima, te demuestra que es un acierto lo que se está haciendo para difundir el patrimonio pues hay público interesado cuando se trabaja en una escala global con los medios adecuados.

18. La Biblioteca de la Universidad Complutense creó en 1995 la mayor colección de libros digitalizados de España, facilitando su acceso y preservando su fondo. Pero además, tiene otras colecciones digitales de revistas académicas, prensa digital, periódicos, etcétera ¿Por qué no se puede acceder libremente a los 450.000 periódicos escaneados, por qué está restringido?

Es un tema de legislación, la española solo permite que estos documentos se distribuyan con fines de investigación, ni si quiera podemos incluirlos en una Intranet local. Tenemos más de medio millón de periódicos, de cabeceras en español, que solo puede utilizar el investigador que se desplaza a la sala donde están los DVDs correspondientes.

19. Tenéis elaborado un plan de preservación y conservación de la documentación digitalizada y ¿de la almacenada en el repositorio institucional?

La colección digital de la UCM ronda los 800.000 documentos, medio millón de ellos son periódicos. En el resto hay fondo antiguo (150.000), artículos de revistas científicas complutenses (50.000), tesis doctorales (30.000) y grabados, fotografías, etc.

Tenemos un plan de preservación y digitalización para el patrimonio digitalizado pero aún no tenemos un mecanismo de preservación ni a medio ni a largo plazo del material alojado en E-Prints Complutense, aunque estamos trabajando en ello.

Ahora mismo trabajamos en una preservación a medio plazo, tanto en máquinas de la UCM como en la nube. La preservación a largo plazo queremos que sea a través Hathi Trust, pero previamente tenemos que organizar toda nuestra colección digital, 800.000 documentos digitales distintos que no dejan de crecer, son muchos teras de información, eso sin tener en cuenta que trabajamos con muchas representaciones en distintos formatos del mismo objeto digital y que algunas de ellas cuentan con diversas copias alojadas en ubicaciones distintas. Es decir, en realidad estamos hablando de una cifra mucho mayor de objetos. De un mismo documento tenemos una versión en JPG para difusión, en PDF para descarga de los investigadores y en TIFF a efectos de preservación; pero, además, tenemos diferentes copias del mismo formato en distintos lugares, por ejemplo una copia en Hathi Trust y otra en máquinas complutense de una misma versión JPG. Hablamos realmente de una cifra de objetos digitales muy grande. El mayor problema es la organización, es complejo porque no hay una experiencia clara de gestión de estos materiales, ni siquiera una normativa acerca de cómo deben describirse. Hay objetos únicos que en el catálogo no están descritos, no figura su ubicación, su flujo de trabajo, su formato, la indicación clara del número de ejemplares de los que se dispone y su política de acceso. Carecemos de descripción normalizada de estos objetos digitales. Lo que suele hacerse es un enlace desde la descripción del original impreso pero esto es claramente insuficiente para materiales que, en muchas ocasiones, son únicos.

20. El archivo institucional E-prints UCM sirve para incrementar la visibilidad de la producción científica y académica con las políticas de acceso abierto ¿Qué proyectos de asesoramiento tenéis para promover este tipo de acceso dentro de la universidad? ¿Y para mejorar su accesibilidad externa vía internet? ¿Y para facilitar a los miembros de la comunidad académica la visibilidad y valor de su currículum vitae?

La UCM optó por un sistema descentralizado en su política de acceso abierto, lo que implica que cada Facultad elige los mecanismos de difusión y exigencias de depósito. No hay un mandato unificado. Por ejemplo, los trabajos de fin de grado pueden resultar muy útiles para los alumnos, puede servirles de base para mejorar. Sin embargo, hay Facultades que consideran que no deben difundirse en el archivo institucional frente a otras que difunden solo aquellas que son Matrícula de Honor, y otras, como la de Informática que publica todos sus trabajos. En cuanto a dar visibilidad y valor del curriculum vitae de los investigadores, el Director de la Biblioteca de la UCM, Antonio Calderón, está liderando en representación de la Biblioteca, un Portal Bibliométrico para los investigadores en el que se difunden este tipo de datos.

21. ¿Vuestro portal del investigador esta interconectado con el repositorio institucional?

No lo está hoy por hoy, aunque la intención de la UCM es trabajar en su integración y que la biblioteca participe de forma activa.

Y con estas 20 preguntas finalizamos la entrevista, aunque José Antonio continuaba manteniendo su fuerza y entusiasmo en todo lo que nos contaba sobre la profesión y las bibliotecas. Es un hombre valiente, de fuertes convicciones y creencias profesionales, que le han ayudado a ser uno de los grandes pioneros en España de la digitalización y un adalid de las actuales bases del conocimiento bibliotecario. Como José Antonio dice los bibliotecarios trabajamos para la humanidad.

Blanca San José, José Antonio Magan y Carmen Morales

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1 Comentario

  1. Muy interesante la entrevista. Aporta una buena visión de los proyectos digitales de la UCM. Incluso me ha aclarado algunos conceptos sobre el tema.
    También me parece enriquecedor el que se dé opinión y criterio profesional desde un punto de vista personal (las críticas al proyecto de Google, la salida de Madroño, la forma en que cooperan los americanos…)
    Gracias, José Antonio.

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